Teresa López-Pellisa: “La ciencia ficción nos habla de los problemas de nuestro presente, no tiene nada de escapista» (y II)

Fotografía extraída de «América», Jean Baudrillard, 1986

 
Esta es la segunda, y última, entrega de la entrevista con Teresa López-Pellisa (Alcañiz, 1979), doctora en Humanidades, docente y ensayista. En esta ocasión, nos centramos en su ensayo Patologías de la realidad virtual. Cibercultura y ciencia ficción (FCE, 2015) y en algunos aspectos del estudio, que ha editado y dirigido, Historia de la ciencia ficción en la cultura española (Iberoamericana/Vervuert, 2018). López-Pellisa nos habla del síndrome de Don Quijote y de otros trastornos diagnosticados entre los usuarios compulsivos de ordenadores y móviles. Además, explica el concepto de “realidad virtual” antes de la revolución de las nuevas tecnologías y nos habla del desarrollo de estas como un producto de la evolución cultural de Occidente. Asimismo, también especula acerca del futuro de las narrativas de ciencia ficción y de su relación con la interactividad y la fusión de medios.

Desde el título del libro, Patologías de la realidad virtual. Cibercultura y ciencia ficción, parece que se evoca la enfermedad. ¿La realidad virtual es una patología?

El uso del término “patologías” para hacer alusión a la realidad virtual me ha servido de manera metafórica para considerarla como un paciente enfermo, aunque no he pretendido dar a entender que se encuentre en fase terminal, ni que sea una tecnología perniciosa. Mi intención ha sido, más bien, la de auscultarla para detectar ciertos síntomas que podrían llegar a distorsionar las verdaderas capacidades de los entornos digitales.

Teresa López-Pellisa, 2015

A lo largo de este ensayo me hago eco de diversas cuestiones que ya habían sido esbozadas previamente en otros trabajos, y que considero que se han convertido en una patología, ya que se trata de síntomas que he detectado en prácticamente todo el corpus analizado de obras de ciencia ficción, tanto televisivas, como literarias, cinematográficas o teatrales.

Sistematizar esas características me permitió elaborar una serie de herramientas analíticas que nos permiten detectar cualquiera de estos síntomas en aquellos textos cuya temática gire en torno al concepto de realidad virtual. Mi intención no era otra que la de construir un cuadro nosológico donde describir, diferenciar y clasificar cada una de las patologías detectadas:

La esquizofrenia nominal (para destacar la confusión terminológica y la utilización abusiva de vocablos como ‘virtual’, ‘ciberespacio’ o ‘realidad virtual’ a la hora de referirse a todo aquello que tenga que ver con la tecnología informática).

La metástasis de los simulacros (como metáfora de la proliferación, propagación, penetración e invasión de los simulacros en el tejido de lo real).

El síndrome del cuerpo fantasma (que nos permite reflexionar sobre la incidencia en el cuerpo humano de los avances en biogenética, inteligencia artificial e interacción hombre-máquina).

El misticismo agudo (referido a las cualidades metafísicas y transcendentales que le otorgamos a las nuevas tecnologías informáticas).

Y el síndrome de Pandora (para hacer alusión a las relaciones entre humanos y seres femeninos artificiales).

Ante un posible consumo excesivo de entornos virtuales, hablas también del síndrome de Don Quijote. ¿Nos podrías explicar en qué consiste?

Don Quijote por Doré

El síndrome de Don Quijote se refiere a la patología que pueden padecer ciertas personas que deciden vivir la vida a través de la comunicación mediada por computadora, como los hikikomori, que viven aislados en sus casas en Japón y no tienen contacto con nadie.

Don Quijote se sumergió en los entornos virtuales de los mundos de las caballerías y perdió de vista el horizonte de su realidad, igual que numerosas personas viven atrapadas en los entornos de simulación de la realidad virtual de los videojuegos o de las redes sociales, sin mantener contacto social real y físico fuera de sus hogares y de la interacción con sus ordenadores.

Philippe Quéau, en Lo virtual. Virtudes y vértigos (1993), consideraba la realidad virtual como el nuevo opio del pueblo. Para el teórico francés esta tecnología ha propiciado una revolución copernicana, ya que antes girábamos en torno a las imágenes y ahora las habitamos, por lo que corremos el peligro de no poder volver al espacio real. En la línea de la era de los simulacros de la que nos habla Baudrillard, se han creado numerosos textos de ciencia ficción en los que la metástasis de los simulacros, la proliferación de los entornos de simulación, puede llegar a confundir a los personajes que los habitan.

En novelas como Simulacron-3, de Daniel F. Galouye, o Experiencias Extremas S. A., de Christopher Priest, la propagación y multiplicación de los niveles de realidad (virtual y digital) desconcierta a unos personajes que llegan a dudar de su propia existencia y del entorno que habitan, ya que la metástasis difumina las fronteras entre el espacio real textual de los personajes y los espacios digitales textuales en los que navegan.

El síndrome de Don Quijote es un síntoma que acecha constantemente a los personajes que habitan películas como Matrix (1999) u Origen (2010), en las que los protagonistas pueden dejar de recordar lo que sienten sus cuerpos y cómo comportarse en la vida real tras las experiencias vividas en los entornos de simulación.

Cuando en el ensayo aludes a la realidad virtual, te remontas a épocas muy anteriores a la era tecnológica, y la comparas con los mecanismos de la literatura de inmersión e interacción. ¿Es la simulación un principio fundamental de cualquier creación?

Cualquier creación es un tipo de representación, y el ser humano vive en y por la representación: el lenguaje, el arte, la literatura, la pintura, las matemáticas, la astrología… son diferentes maneras de representar el mundo y a nosotros mismos para intentar aprehenderlo.

Lo que han propiciado las nuevas tecnologías informáticas es la posibilidad de pasar de la representación a la simulación a través de entornos inmersivos polisensoriales como los que proporciona la realidad virtual. Creo que podemos afirmar que hemos pasado de la Caverna de Piedra a la Caverna Telemática. Roman Gubern (El simio informatizado y Del bisonte a la realidad virtual) y Andoni Alonso e Iñaki Arzoz (La nueva ciudad de Dios) desarrollan toda una genealogía de las tecnologías informáticas que abarcaría desde las primeras técnicas de representación de la prehistoria hasta la recreación tridimensional de un antropoide artificial con inteligencia artificial.

Tal y como sostienen Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, la tecnología es un factor fundamental en la historia de Occidente, y esto en tres sentidos: como realidad, como proyecto y como sueño.

El algoritmo de Ada, 2012

Y son numerosos los autores, obras literarias, aparatos tecnológicos y teorías científicas, filosóficas y sociológicas que han trabajado en el desarrollo del concepto de realidad virtual: desde el mundo icónico de Platón (semejante al entorno de comunicación postsimbólica que Jaron Lanier definió como un intercambio de imágenes y sonido para las comunicaciones del futuro a través de la Red), hasta la mímesis pictórica retratada por Plinio el Viejo, pasando por la cámara oscura, el Ars Magna de Ramón Llull o la perspectiva geométrica introducida en el Renacimiento.

También han contribuido a la generación de mundos artificiales sintéticos la linterna mágica, los robots matemáticos de Blaise Pascal y Gottfried Wilhelm Leibniz, la estereoscopia y el Ingenio Diferencial y Analítico de Ada Lovelace y Charles Babbage, así como las tarjetas perforadas de Joseph Marie Jacquard y la evolución del cinematógrafo.

Lo que proponen estos autores es que no son las nuevas tecnologías informáticas las que han propiciado la aparición de la cibercultura, sino que ha sido la cibercultura (configurada por pensadores, artistas y científicos) la que ha generado la tecnología cibernética como un producto del desarrollo de la cultura occidental.

En Historia de la ciencia ficción en la cultura española defines la ciencia ficción como “un género con conciencia social, ya que nos permite reflexionar sobre el mundo que le dejaremos a las generaciones futuras”. ¿Crees que es una de las razones que han llevado a cierta normalización del género?

Considero que la ciencia ficción del siglo XXI en el ámbito hispánico se caracteriza por dos rasgos fundamentales: 1) por un proceso de naturalización en la recepción del género, y 2) por un aumento de la presencia de las creadoras. Hemos asistido a un cambio en la recepción de la ciencia ficción, debido a que muchas películas, obras de teatro o novelas no se presentan con esta marca de género y ello favorece un consumo sin prejuicios.

La carretera, 2006

Las series de televisión y el cine comercial han naturalizado la presencia de la ciencia ficción en la tradición cultural de Occidente, y de ahí que podamos hablar de la “naturalización” en el género. Series de ciencia ficción como Black Mirror o novelas (junto a sus versiones cinematográficas) como La carretera de Cormac McCarthy han llegado al gran público (fuera del circuito del fandom y de los aficionados al género).

Los géneros populares, como el policíaco y la ciencia ficción, han ocupado un lugar relevante tanto desde el punto de vista de la cultura de masas como de la alta cultura, ya que desde el mundo académico se trabaja con estos textos, se organizan congresos especializados y cada vez hay un mayor número de proyectos de investigación financiados por instituciones públicas dedicados al análisis de lo fantástico y la ciencia ficción.

Las nuevas generaciones han crecido rodeadas de estos referentes y cada vez es más habitual que los alumnos que finalizan sus estudios universitarios escojan temas relacionados con la ciencia ficción para sus trabajos de fin de grado y sus trabajos de fin de máster.

A esto debemos sumar, como señalaba, la presencia de las voces femeninas como otra de las características de la ciencia ficción del siglo XXI en el ámbito hispánico. Este impulso se ha logrado gracias a los proyectos editoriales y las revistas que dirigen varias mujeres, a la presencia de escritoras en la organización de festivales, en la dirección de portales sobre la ciencia ficción en la Red y en las instituciones, así como a la labor de académicas y traductoras dedicadas a la visibilización de estos trabajos tanto en Latinoamérica como en España.

Como afirmas, cada vez existen más propuestas relacionadas con la ciencia ficción en la narrativa, en el cómic o en el cine. Con todo, también existen otros géneros, especialmente la poesía, que siguen en menor medida esta tendencia. ¿A qué crees que es debido?

Teresa López-Pellisa, 2018

En la Historia de la ciencia ficción en la cultura española hemos colaborado 13 investigadores de diferentes universidades, y de los 14 capítulos que componen el libro 5 están dedicados a la narrativa, tres al teatro, dos al cine, dos a la televisión, uno al cómic y otro a la poesía. Tras el trabajo realizado con este libro creo que la poesía es el género menos transitado y estudiado en el contexto de la ciencia ficción española.

Xaime Martínez realiza un trabajo excepcional recuperando y sintetizando en un solo capítulo los momentos más relevantes de la poesía de ciencia ficción en España. Desde la publicación de El universo (1900), de Carlos Ferrer y Mitayna, como la obra pionera, iniciando una corriente de la que también participaron Ramón Gómez de la Serna y Pedro Salinas, hasta la publicación del poema épico La nave (1959), de Tomás Salvador. Pero también cultivaron el género Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, Pedro Casariego Córdoba y Luis Alberto de Cuenca.

Mientras que en Estados Unidos ya existía la fundación de la Science Fiction Poetry Association desde 1978, en España no se creó el premio literario Ignotus para la mejor obra poética hasta 1994 (concedido por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror).

Pero, sin lugar a dudas, es el siglo XXI el más prolífico en la creación de poesía de ciencia ficción, por la influencia de la cultura de masas y la cultura popular en las obras de Sofía Rhei, Ana Tapia, Gabriella Campbell, Vicente Luis Mora, Martínez Aguirre, Álvaro Tato, Alfredo Álamo, Rodrigo Olay, Alberto García-Teresa, Raúl Quinto, Pedro José Miguel, Berta García Faet, Layla Martínez, Víctor Miguel Gallardo Barragán o Santiago Eximeno, entre otros.

¿Y en el caso del teatro?

Karel Čapek, 1920

En el caso del teatro sucede lo mismo. El teatro de ciencia ficción, tanto en España, como en el extranjero, ha existido siempre y se ha representado de manera ininterrumpida desde los orígenes del género. En esta ocasión los investigadores que hemos trabajado la producción teatral española de ciencia ficción hemos sido Mariano Martín, Miguel Carrera y yo misma, mostrando un panorama que abarcaría desde finales del siglo XIX hasta el 2015.

La primera máquina del tiempo, antes de que la popularizara H. G. Wells, apareció en una zarzuela española creada por Enrique Gaspar, que posteriormente transformó en la novela El Anacronópete (1887). No hay que olvidar que la palabra “robot” se acuña en una obra de teatro, R.U.R. de Karel Capek, y que en España cultivaron el teatro de ciencia ficción autores como Ramón Pérez de Ayala, Enrique Jardiel Poncela, Arniches, Jacinto Grau, Francisco Nieva, Buero Vallejo o Sanchis Sinisterra.

Además de una amplia lista de dramaturgas entre las que podemos citar a Angélica Lidell, Beatriz Cabur, Antonia Bueno, Carmen Viñolo, Ana Diosdado o Pilar G. Almansa, con obras críticas frente a la gestión política del gobierno español del siglo XXI, las consecuencias de la crisis económica, los problemas derivados de las cesiones de las hipotecas o el reflejo de los conflictos generados por la llegada de inmigrantes y refugiados a nuestras costas.

Tras los datos aportados, creo que podemos afirmar que no hay ni una falta de referentes, ni una falta de interés por parte de los creadores. Creo que lo que nos tendríamos que preguntar es por qué no conocemos las obras de ciencia ficción de algunos de estos autores consagrados, o por qué no nos llegan estas obras fantásticas o de ciencia ficción.

Teresa López-Pellisa, escritora

El canon español se ha constituido a partir de una imagen de la cultura española realista, que no ha contemplado gran parte de las obras no miméticas de los autores que conforman ese canon, ni de los autores que han cultivado los géneros de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso, y que no aparecen en los manuales e historias de la literatura, el teatro o el cine español.

Historia de la ciencia ficción en la cultura española es un libro importante porque demuestra que en España se ha cultivado siempre y de manera ininterrumpida la ciencia ficción desde diferentes sectores del sistema literario.

Quizás, el desconocimiento de las claves narrativas y semióticas del género ha generado ciertos prejuicios estéticos que lo han alejado de la consideración académica que se merece, ya que la ciencia ficción nos habla de los problemas de nuestro presente a través de la especulación, y por lo tanto, no tiene nada de escapista.

Para terminar, antes has citado la serie Black Mirror. La nueva entrega, Bandersnatch, donde la narrativa del videojuego se funde con el formato cinematográfico, se ha convertido en un fenómeno en Netflix. ¿Qué te parece este experimento?

Me parece muy interesante que haya sido la serie Black Mirror la que haya puesto en práctica la narrativa de “elige tu propia aventura”, la cual posee una larga tradición en la novela de aventuras del libro impreso. Llevar el formato hipertextual al desarrollo cinematográfico, y en una plataforma digital como Netflix, creo que supone un punto de inflexión en el futuro de las narrativas cinematográficas.

Janet Murray, hace 20 años, en su libro de ensayo Hamlet en la holocubierta (1999), ya nos hablaba de que el futuro de las narrativas sería interactivo y fusionaría medios como el de la narración y el cine a partir de lo que ella denominaba el “ciberdrama”, y en este caso, vemos un claro ejemplo de esta idea del “ciberdrama”, aunque un tanto rudimentario.

Se trata de un hipertexto cinematográfico explorativo con posibilidades limitadas, ya que las elecciones son un tanto tramposas, pues siempre terminas en el punto de la historia que el director ha marcado, por lo que hay poca libertad.

Con todo, me parece una propuesta muy interesante y pionera que dará pie a otro tipo de experimentaciones desde las plataformas de las series televisivas, y que supondrá un cambio en la recepción de las series de televisión y el cine en el futuro.

Muchas gracias, Teresa…

A vosotros.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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