Max Besora: “Sin una crítica fuerte que establezca un canon creíble, es difícil tener un ecosistema literario diverso” (I)

Fragmento cubierta «La Musa Fingida», Max Besora, Orciny Press, 2020

 
Esta es la primera parte de la entrevista realizada por el ensayista y escritor Eloy Fernández Porta (Barcelona, 1974) a Max Besora (Barcelona, 1980), quien acaba de publicar la novela La Musa Fingida (Males Herbes / Orciny Press, 2020), una historia de venganza y violencia, bajo la estética pulp y del cine de serie B. Besora es autor de otros títulos de ámbito literario catalán como: Les aventures i desventures de l’insòlit i admirable Joan Orpí, conquistador i fundador de la Nova Catalunya (Males Herbes, 2017), La tècnica meravellosa (Males Herbes, 2014) y Vulcano (Labreu, 2011). Junto a Borja Bagunyà publicó el ensayo Trapologia (Ara Llibres, 2018).

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Venganzas sangrientas, carniceras académicas y escritura caníbal

Max Besora nació en Kondal City el año del Crimen de los Marqueses de Urquijo. Al los tres años y medio ganó el concurso de redacción “¿Qué es un Führer para ti?”, convocado por les Juventudes Hitlerianas del Pallars Jussà. Cursó estudios de Trapología y Ciencias Ocultas en la Universitat de Sant Jeremies y en Miskatonic University. Escribió los crucigramas de la revista Ratos de cama, la columna sobre lógica formal en El caso y todas las cartas de las lectoras en el consultorio de Ragazza sobre la menstruación. Sí, ¿no sabíais que no eran cartas de verdad, que las hacía un redactor? ¡Es que las adolescentes son analfabetas, burros/as! Y algun@s adult@s también.

No es el caso de Max Besora, que ha sido Responsable de Tráfico de Perico en L’Alguer y Presidente del Club de Fans de Enric Millet, y ha traducido al serbocroata a Marcial Lafuente Estefanía. No es tan guaperillas como parece en las fotos y, como todos aquellos que no tienen perfil en las redes sociales, fecunda guarderías por razones que me abstendré de comentar.

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¿Cómo se te ocurrió darle a una narración tan explosiva un título como de poemario antiguo? ¿Buscabas el contraste entre el título y el diseño de cubierta?

Max Besora, escritor

En contra la tendencia habitual, yo siempre juzgo el interior de un libro por su portada. Es decir, de la misma manera que la cubierta de una obra debería resumir, evocar o sintetizar lo que el/la autor/a quiere transmitir en el texto del interior, el título también debería cumplir este propósito. Eso es lo que pienso y eso es lo que he hecho (siempre que me han dejado).

Ya con Les aventures i desventures de l’insòlit i admirable Joan Orpí, conquistador i fundador de la Nova Catalunya buscaba emular, irónicamente, no solo los títulos de las novelas del siglo XVII sino también el tipo de cubiertas de esas obras. También en el ensayo/ficción, co-escrito con Borja Bagunyà, Trapologia, quisimos jugar con esto. El título quería ser una parodia de nombres de disciplinas académicas como la antropología o la sociología. Y, al mismo tiempo, la portada era un homenaje a mi álbum favorito de Frank Zappa, Everythingis Healing Nicely, y la contracubierta simulaba ser la de un disco, con “bonus track” incluido.

En el caso de La Musa Fingida el titulo sale de un diálogo creativo que mantuve con una amiga pintora de Berlín, que hacía unas pinturas absolutamente terroríficas. De aquí que el título del libro quizás recuerde más al de un cuadro que a una novela. Quizás le hubiese pegado más un título tipo ¡Bang-Bang, Mandyjane! o algo así, pero bueno lo de “musa fingida” funciona para resumir uno de los posibles temas de la obra, esto es: la rebelión de los personajes con respecto a su Creador/a, o hasta qué punto el/la autor/a tiene control sobre su obra y sus personajes y con qué derecho.

La portada, en cambio, resume el argumento: el de una chica que busca venganza. De aquí que la portada y contraportada quería que fuesen una simulación –o, mejor dicho, una copia de las novelas “pulp” de quiosco de espías /eróticas de los años setenta.

Males Herbes, 2020

Para cada editorial ideamos portadas distintas manteniendo el mismo espíritu. A los maquetadores de Males Herbes y de Orciny Press les di instrucciones específicas de cómo debía ser la portada y la contraportada, incluyendo un texto que se alejase del aburrido resumen de novela típico.

Todos estos elementos extratextuales ayudan a hacer una lectura del libro más completa y orgánica. Pienso que el autor/a debería de poder pensar su propia portada de la misma forma que escoge qué jersey ponerse ese día a juego, por ejemplo, con sus zapatos. Y también pienso que, con el inevitable auge del libro electrónico, el libro físico deberá convertirse en una pieza de arte en sí mismo si quiere sobrevivir. Pieza de coleccionista.

Leyendo las efusiones de sangre que recorren tu libro me ha recordado que Laura Borràs se refirió a Caterina Albert (Víctor Català) como “la Tarantino catalana”, a tenor de la violencia de algunos de sus escritos, sobre todo sus dramas rurales. Es una idea que, al menos en La Musa Fingida, también se te podría aplicar a ti. Para ti, ¿tu novela se inscribe en una tradición de representación de la violencia? Si es así, ¿cómo te relacionas con ella?

La comparación de Caterina Albert con Tarantino, pese a ser expresiones artísticas diferentes, es interesante pero creo que el segundo es mucho más irónico que la primera ya que reinterpreta diferentes géneros cinematográficos previos que le dan una segunda lectura más meta-divertida que Caterina Albert no tiene, pese a que es una de las mejores voces narrativas en catalán de todo el siglo XX.

De Tarantino me interesa precisamente esto, el diálogo y el juego que establece con diferentes tradiciones del celuloide previas, y un poco es lo que intento hacer con mis libros, zambullirme en tradiciones literarias diferentes y mezclar corrientes o subgéneros literarios.

Don Edmonds, 1975

Con mi primera obra, Vulcano, una nouvelle sobre la progresiva pérdida de realidad de un pobre diablo, dialogaba con Under the Volcano de Malcom Lowry. Con La tècnica meravellosa, me incorporé al género literario anglosajón de las ficciones académicas y, al mismo tiempo, quería ser una metáfora de la guerra por el poder de la educación entre los poetas (literatura) y la institución superior del saber que es la universidad, tema del cual hice una tesis doctoral. Con Aventures i desventures de l’insòlit i admirable Joan Orpí dialogo irónicamente con la tradición literaria del barroco catalán, español y americano, mientras intento cuestionar el relato de la historiografía oficial y parodiar la novela histórica como género literario.

En La Musa Fingida juego más con subgéneros literarios como el “Splatterpunk”, la “Exploitation”, o la “Bizarro fiction”, y también hay ecos de películas como Faster, Pussycat! Kill! Kill!, de Russ Meyer o Ilsa, She Wolf of the SS, de Don Edmonds, con escenarios erótico-violentos, o de terror, pero también con el humor, el absurdo y técnicas del experimentalismo. Por ejemplo, el relato de personajes como Sofia entraría dentro del eco-terror, un subgénero de la “Explotiation”, pero también contiene elementos del Bizarro. El de Jaime Joyce Araypuro sería una mezcla de “nazi-explotiation” y el “torture porn”, y está directamente influenciado por Las Diabólicas de Hitler de Karl Von Vereiter. El relato de Mandyjane se situaría dentro de la “rape-revenge”, el de Johnny en el “Splatterpunk” y el canibalismo, etc, etc.

La idea era escribirlo, no con una narrativa tradicional, sino siguiendo técnicas como la “metaficción” o la “superficción” y darle así un toque irónico. Al final no me importa tanto qué se narra sino cómo se narra. La idea, independientemente del tema o géneros que se traten, es siempre trasladar el argumento al lenguaje.

En algunos casos los temas que tratas en la novela parecen un homenaje a la antigua prensa amarilla, como El Caso o News of the World. Me planteo si con tu libro estás sacando a la luz una parte de la cultura que no había sido reconocida como tal.

Max Besora

Bueno, algunos de los relatos del libro, por imposibles que parezcan, están sacados de noticias reales. Pero mi idea de literatura no pasa por la idea aristotélica de verosimilitud, sino más bien suspender el juicio de la razón en la que se basa esa idea. De aquí que todas mis obras se sitúen en un espacio geoliterario inventado, del que dibujé un mapa ya en La tècnica meravellosa donde salen diversos lugares de mis novelas.

Más que sacar a la luz una parte oculta de mi cultura, me interesa más importar géneros literarios, maneras de escribir y temas de otras culturas y poco tratados en la nuestra con la higiénica intención de renovar un poco la tradición literaria de aquí, donde siempre se destacan los mismos referentes locales y un tipo de ficción realista, estructurada de manera clásica y muchas veces costumbrista, que pocas veces tiene en cuenta, no solo la experimentación y las aportaciones del modernismo y postmodernismo europeo y americano, sino muchos subgéneros literarios considerados “menores” o poco “literarios” como el terror, la ciencia-ficción, etc.

En realidad creo que este realismo costumbrista que impregna la literatura hoy, con su lenguaje utilitario y cero creativo, no es otra cosa que una posición ideológica bastante reaccionaria y conservadora, frente a la eterna sospecha de la realidad típica de las vanguardias, tanto a nivel literario como filosófico o ideológico, y que está relacionado también con un anacrónico ideal de pureza tanto lingüístico como político y cultural, mientras este mismo sistema literario sigue indiferente a los experimentos, las transgresiones o a la mezcla de lenguas y géneros literarios.

Pues bien, La Musa Fingida y editoriales como Males Herbes u Orciny Press son la demostración empírica de que es posible pensar otro tipo de literatura más creativa o imaginativa en los márgenes de la cultura dominante. 

Tu novela tiene antecedentes más recientes, como el uso de la prensa sensacionalista que hicieron Mike Ibáñez en ultraBrutal o los experimentos con la literatura pulp que han hecho escritores valencianos como Robert Juan-Cantavella y Óscar Gual. ¿Te parece que La Musa Fingida puede formar parte de una cierta línea, o la ves como un proyecto aparte?  

Manifiesto Antropófago, 1928

Sí que forma parte de una línea de la cual hay una tradición, como tú dices, pero más intentando emular, y homenajear todas aquellas novelas “pulp” de quiosco de escritores como Curtis Garland, Ralph Barby o Vic Logan (seudónimo de Maria Victoria Rodoreda y pariente de la mismísima Mercè Rodoreda), y otros por el estilo. Pero también quería establecer una “estética caníbal” de la literatura que viene de más lejos, en concreto del Manifiesto Antropófago (1928) de los modernistas brasileños, con Oswald de Andrade al frente que, mediante el acto metafórico del canibalismo, pretendían deglutir la literatura europea del momento y fusionarla con la indigenista brasilera, como acto de renovación de la propia literatura nacional.

De aquí que, el año pasado, escribiese el Manifest Caníbal, publicado primero en la revista de la Escola Bloom, Carn de Cap 1, y revisado y reeditado luego en la Revista de Teoria de la Literatura i Literatura Comparada 250ºF . El ensayo, escrito con proposiciones a la manera del Tractatus de Wittgenstein en plan broma, es un homenaje al Manifiesto Antropófago de los brasileños de los años 20, y persigue el mismo propósito de renovación de la prosa, cada uno en su espacio/tiempo. La Musa Fingida sería su aplicación práctica.

Hoy en día los escritores están más preocupados de que todo el mundo sepa que son escritores que de escribir cosas mínimamente arriesgadas desde el punto de vista estético. Estamos en una época donde el artista deviene más importante que el arte que produce, potenciado por las redes sociales y la sobreexposición egocéntrica de uno mismo. El Manifest Caníbal y La Musa Fingida funcionan al revés: el autor es lo de menos, la obra es lo que importa.

Al final de la novela un personaje describe el libro como si fuera una compilación de relatos editada en una revista. Esto hace pensar en publicaciones y antologías de tema fantástico o pulp como las que han hecho, desde hace algunos años, editoriales como Aristas Martínez o Males Herbes. En un proyecto tan singular como el tuyo, ¿hasta qué punto es importante el contexto donde se publica, ya sea la casa editora o la colección?

Males Herbes / Cryptshow

Algunos de los relatos de La Musa Fingida ya los habíamos publicado, en una versión primitiva, en la revista de terror y ciencia-ficción de Males Herbes antes que empezasen la editorial. Esta revista es lo más parecido a los magazines “pulp” norteamericanos.

También uno de los relatos, el del hámster mutante Manuel, había sido publicado en la antología 10 relats Ecofuturistes, hecha por Males Herbes y el Festival de cine fantástico y de terror Cryptshow. También antes de salir La Musa Fingida, se publicó en la revista Carn de Cap 2, de la Escola Bloom, un pequeño texto titulado The Fake Muse (la portada de la cual es una parodia de las ediciones clásicas de Penguin Books) que se puede leer como un “avant-propos” de la novela.

Males Herbes es una de las editoriales que ha hecho cosas más interesantes y arriesgadas en los últimos diez años en el panorama de la literatura catalana. Su tarea de recuperación de autores subterráneos de aquí y de afuera, que no entran en el “canon comercial”, es necesaria para el ecosistema literario catalán. Y en castellano, la editorial Orciny Press, embajadores del Bizarro, tres cuartos de lo mismo. Tienen un catálogo espectacular.

Hay que añadir que la traducción al catalán, que hice yo mismo, no es solo una traducción literal sino creativa, de ahí que hayan quedado dos libros originales en vez de una mera traducción. Y por eso la idea también de sacarlos al mismo tiempo, con portadas similares, como un álbum doble.

Estas dos editoriales, y otras, ya llevan tiempo demostrando que es posible hacer una literatura que explore nuevos caminos. La sociología de este sistema al margen permite el circuito de una literatura, editoriales, librerías y un público lector más combativos, que inventa nuevos mapas y espacios, una red colaborativa al margen de la industria dominante de los grandes grupos.

En un libro anterior, la novela de campus La técnica meravellosa describes el colapso teórico y material del sistema académico, representado por la Universitat de Sant Jeremies, que termina sus días devorada por una Inmensa Bola de Mierda (IBM). Me pregunto si el tratamiento que haces de los pecios, restos y residuos subculturales es una consecuencia de este hundimiento del saber universitario: si ya no hay canon, lo que queda son los residuos.

Orciny Press, 2020

La tècnica meravellosa pretendía ser una metáfora de la cantidad inservible de saber acumulado en las instituciones del saber; o, en todo caso, ese saber solo sirve para legitimar el poder simbólico de los académicos, que al final resulta ser un saber vacío, en tanto que no mantiene correlación o diálogo más allá de sus muros.

La universidad siempre ha vivido atrapada en una contradicción: preservar el saber tradicional y al mismo tiempo introducir pensamiento nuevo, lo cual significa cuestionar el saber tradicional. Esta paradoja, junto con la progresiva especialización del saber, acabó por hacer tambalear su papel como centro poseedor del saber y la verdad últimos.

Con un sistema académico poco cohesionado y su nula proyección social, más el auge de las minorías, habría hecho que el canon literario de la academia fuese ya poco creíble. El problema es que, desde entonces, este canon pasaría a dictarse desde el mercado mismo, haciendo prevalecer la cantidad antes que la calidad y uniformizando la literatura de una manera terrible. Y de aquí que las obras más vendidas o premiadas (por ese mismo mercado) sean, la mayoría de las veces, de calidad discutible, listas para ser hiperconsumidas y, si es posible, sin que tengas que estrujarte demasiado la sesera. Como eso es lo que buscan las editoriales, muchos creadores se pliegan a esta realidad, haciendo una literatura utilitaria que beneficia a la industria, y toda esta rueda comercial se ve favorecida con absurdas listas de los más vendidos y supeditadas al personaje de turno que escribe el bestseller de la temporada.

Si no existe una crítica fuerte que establezca un canon creíble es muy difícil tener un ecosistema literario diverso e interesante. Lo mejor sería no mezclar las cosas, pero hoy nos encontramos un sistema literario donde el que escribe libros también es periodista o crítico en un periódico o en la radio, y al mismo tiempo es jurado de premios y luego pasa lo que pasa, que se acaba convirtiendo todo en un micromundo endogámico, provocando que sea el personaje de turno quien vende y no el libro en sí mismo.

Esto, además de injusto, no dice nada bueno del tipo de literatura y cultura que se promociona de un país. Pero en fin, siempre nos quedaran los márgenes del sistema donde, normalmente, se encuentran las cosas más interesantes.

 
Leer la 2ª parte de la entrevista
 

Sobre el autor
(Barcelona, 1974) Doctor en Humanidades por la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Teorías de la Cultura y Arte Contemporáneo. Ha publicado, entre otros ensayos, Afterpop, Homo Sampler, €RO$ (Premio Anagrama), Emociónese así (Premio Ciudad de Barcelona) y En la confidencia. En colaboración ha realizado la antología Golpes (con Vicente Muñoz), los dúos de spoken word Afterpop Fernández & Fernández (con Agustín Fdez. Mallo) y Mainstream (con Jose Roselló) y el guión de videoarte Wonders de Carles Congost. Escribe en Jot Down, Rockdelux, A*Desk y Núvol.
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