Óscar Gual: “El ser humano necesita sistemas de creencias, sobre todo si ya no cuenta con que lo haga Dios”

Fragmento de la cubierta de «El hombre de la mirada de piedra», Óscar Gual, 2018

 
A través de El hombre de la mirada de piedra (Aristas Martínez, 2018), el escritor e ingeniero informático Óscar Gual (Alzamora, 1976) disecciona con lucidez y sentido del humor el complejo mundo de la macroeconomía y del big data y sus conexiones con el discurso de la autoayuda y la subcultura de la motivación laboral. Conversamos con Gual y a lo largo de la entrevista reflexiona sobre las creencias religiosas, la percepción de la realidad y el concepto de “Sistema”. Óscar Gual ha publicado las novelas Los últimos días de Roger Lobus (Aristas Martínez, 2015), Fabulosos Monos Marinos (DVD Ediciones, 2010) y Cut and Roll (DVD Ediciones, 2008).

Acabas de publicar El hombre de la mirada de piedra, una novela que parte de una investigación periodística para reconstruir el pasado huidizo de un personaje de la city de Londres. ¿Cómo nació el argumento de la novela?

Documental, 2016

El argumento surge cuando me encuentro, por motivos que no vienen al caso, con explicaciones muy detalladas y sesudas de cómo funcionan dos sistemas de creencias en apariencia totalmente distintos: el de la autoayuda y el del naturismo. Y me doy cuenta de que el proceso es muy similar.

Se elaboran sofisticadísimos argumentarios y categorizaciones para dotar de robustez a una serie de teorías que no guardan relación alguna con la realidad empírica. Son explicaciones lógicas y coherentes solo dentro de su propia burbuja pero que, lástima, no concuerdan con la realidad en la que vivimos. El problema está en que, a diferencia de otros sistemas de creencias igualmente robustos e igualmente falsos, como por ejemplo el Universo Trekkie, estos intentan explicar el sentido de la vida. El ser humano necesita de sistemas de creencias que le expliquen la vida, sobre todo si ya no cuenta con que lo haga Dios.

El cerebro humano, por la propia fisiología de la red neuronal que conforma su cerebro, no puede soportar el caos. Por eso si Dios no le explica el sentido de la vida, buscará a otro que lo haga. Cuando añadí al cóctel la macroeconomía y el Big Data, entonces todo hizo clic.

Si bien, como acostumbras en tus libros, el humor está muy presente, me da la sensación de que en esta novela te acercas a cuestiones muy peliagudas de nuestra sociedad a través de interrogantes y reflexiones interesantes, pero de difícil respuesta…

El cisne negro, 2007

Como bien afirmas, es una novela de preguntas, en ningún caso de respuestas. En algún momento durante su escritura la llegué a considerar algo así como una oda a la ignorancia. Por eso tiene bastante peso la teoría del Cisne Negro, de Nassim Taleb, que habla de cómo el ser humano tiende a despreciar la magnitud de aquello que desconoce, a confiarse en que tiene las herramientas suficientes para comprenderlo todo.

Al principio de la novela, unos personajes están mirando Apocalypto (2006), de Mel Gibson, una escena reveladora. Tras una sangrienta persecución por la selva centroamericana, unos indios mayas alcanzan agotados la costa, donde ven llegar las carabelas de Colón. Sus cerebros no son capaces de procesar las imágenes que les mandan sus ojos, no tienen herramientas intelectuales para decodificar semejante visión. Su mundo se rompe por completo. Esa es la idea, llevada al extremo.

El Cisne Negro señala, por otra parte, nuestra tendencia a racionalizar cualquier suceso inesperado en retrospectiva, autoengañándonos de este modo, como si en realidad lo pudiéramos haber previsto. Ocurre todo el tiempo: así explicamos los conflictos bélicos, las crisis económicas. Nadie las prevé, pero todos las explicamos fácilmente.

Sierpe sigue apareciendo como escenario de El hombre de la mirada de piedra, pero esta vez de manera menos protagonista, pues la novela transcurre también en Londres y Valencia. ¿Te has cansado de ese escenario ficticio?

David Viñas, 2012

Cansado no, pero tanto el mundo de la autoayuda y la motivación laboral como el de las altas finanzas son lo suficientemente dementes por sí mismos. No es necesario, por así decirlo, literaturizarlos demasiado. En este caso, la City de Londres es el escenario ideal para la macroeconomía y Valencia ejerce de metáfora de ese individualismo grotesco que proponen los coaches y gurús de superación personal.

Sierpe, en esta ocasión, alberga la parte más lisérgica de la novela, donde habitan un par de vagabundos que no existen para el mundo, que viven al margen, que no son contemplados por las ecuaciones que rigen la realidad. Y que, precisamente, para que esas ecuaciones funcionen deben dejarlos fuera. También por la Villa del Millonario, una mansión abandonada en Sierpe, pasó Drákos cuando todavía no era Drákos, y entre sus paredes por tanto se superponen todas esas historias de distintas épocas.

Este cambio también se puede interpretar como una apertura hacia un tipo de representación, diríamos, más realista. ¿Crees que esta novela se nutre más de la realidad que las anteriores?

Es muy probable. Quería hablar de algunas cuestiones que son más sociológicas que individuales, y por eso me pareció buena opción situar parte de la acción en escenarios que me ayudasen a generar la atmósfera necesaria, más que tener que reconstruirla en un lugar totalmente ficticio como hubiera sido Sierpe, por ejemplo.

Documental, 2018

He investigado bastante sobre el mundillo de los empleados de los fondos de inversión y sobre la subcultura de la motivación laboral y lo único que puedo decir es que son carne de ficción a tope.

Del naturismo y de toda esa clase de sectas o cultos relacionados con la pureza espiritual, ahí quizá haya fabulado mucho más, pero últimamente estamos viendo, en documentales como Wild Wild Country o Holly Hell, que la realidad suele superar a la ficción en estos caso, por lo que no me habré quedado corto.

En la novela se perciben dos voces protagonistas: por un lado, el periodista (un investigador de la realidad) y, por otro, Drákos Vasiliás (un investigador de las necesidades ajenas y de los mercados). ¿Cómo nacen estas dos voces en tu narración?

En el primer borrador, el narrador era el propio Drákos. Y en el segundo su asistente. Pero en ambos casos no me convencía. Drákos es a veces demasiado frío, y además situarlo como narrador le despojaba de su misterio. Y lo mismo con Tony, que lo conoce demasiado. Por eso, que entrase a contar su historia alguien que no la conocía me permitió elaborar una estructura narrativa más compleja, con muchas más capas.

El periodista nos va contando los pormenores de su investigación “hacia adelante”, mientras visita los sitios donde ha estado Drákos y revisa su vida “hacia atrás”. Así se genera la intriga necesaria y da lugar a una obra más abierta y poliédrica. Estas dos historias se irán entrelazando poco a poco conforme avanza la investigación. Además, este personaje protagonista le da al texto un grado de humanidad que no podía transmitir con Drákos como narrador.

Óscar Gual, escritor

Drákos Vasiliás no es solo Drákos Vasiliás, sino diferentes personajes que van aprovechando las grietas de la sociedad para conseguir beneficios, al tiempo que esta va evolucionando. Así, pasamos de la autoayuda, a la vuelta a la naturaleza y al enriquecimiento de la macroeconomía en unas pocas páginas. ¿Necesitamos a todos esos sistemas de creencias y gurús para encarrilar nuestras vidas?

Esto tiene que ver con nuestra necesidad de que nos expliquen el mundo, o de que exista esa explicación. Nuestra alergia al caos.

Las religiones clásicas nos ofrecían tarifa plana en ese sentido: explicaciones totales. Pero ahora necesitamos respuestas de otro tipo. Que haya algo de orden tras las bambalinas de la realidad. Creértelo tiene un efecto narcótico. Creerme que si hago esto o aquello entonces me irá bien en la vida, eso me tranquiliza mucho.

En cambio el caos, la suspensión del fenómeno causa-consecuencia, o nuestra incapacidad para comprenderlo, nos generan un pavor primordial. Porque nos está diciendo que cualquier cosa puede ocurrir. Que no lo tenemos todo bajo control.

En un pasaje del libro se lee: “Porque el Sistema no es nadie, ni hay nadie que lo controle, el Sistema es una entidad teórica cuyo crecimiento ha excedido la capacidad de control de las criaturas que lo crearon. Y estas han llegado a creer que es el Sistema es el que las creó a ellas”…

Aristas Martínez, 2018

A lo que se refiere ese pasaje es a que el Sistema, al que tantas veces tratamos de antagonista, porque decimos precisamente que nos aliena o nos aprisiona o cosas así, tal vez no exista como tal. Que no hay nadie al volante, ni siquiera un piloto automático, ni siquiera una mano negra o blanca, simplemente hay una infinita colección de pequeños objetivos individuales y contradictorios entre sí. Pero como ya no somos capaces de mensurar su tamaño, tenemos la sensación de que algún orden ulterior debe de haber, que algún objetivo debe de buscar ese Sistema, y que como es mucho más complejo que nosotros mismos, pues tiene que tener algún sentido. Pero en realidad estamos alienados por algo sin sentido, caótico. Y que quizá lo más coherente que podamos hacer no sea, entonces, luchar contra él, pues él no es nada ni nadie. Quizá lo coherente sea simplemente renunciar. Eso es lo que dice Tella.

En otro fragmento leemos: “Son las bases de datos las que dicen quiénes somos y las cuentas corrientes las que dicen qué tenemos, no importan lo que creamos. Son los flujos numéricos los que narran qué hacemos, aunque no lo sepamos. Son los clics los que describen nuestros deseos mejor que nuestra lengua, los que definen qué nos emociona o qué nos indigna”. ¿Cómo se puede hablar de identidad ese contexto?

Dicen que la huella digital humana diaria, que todos los datos que generamos cada día, si los imprimiésemos a tamaño de fuente 12 y a doble cara, sería una pila de folios que ocuparía la distancia de la Tierra al Sol… ¡tres veces!

Byung-Chul Han, 2014

Y ahí vamos encaminados, a rastrearlo todo, monitorizar cada acción, con el propósito de predecir o condicionar el futuro en base a nuestro comportamiento pasado.

Esos números fríos nos definen y pueden predecir nuestro comportamiento mejor que lo haríamos nosotros mismos. Todo esto incluye, evidentemente, el comercio, pero también conflictos bélicos, prevención criminal, etc. Y todavía falta agregar al cóctel nuestros datos biológicos, nuestras pulsaciones, nuestra sudoración, nuestra excitación cerebral, nuestras respuestas fisiológicas reales ante cualquier situación. Será como tener una simulación real de un mundo ficticio, solo que ese mundo existirá también de forma paralela.

Esos números nos convierten en robots. En realidad yo no sé qué pensar, me asusta y me entristece un poco.

El poder de los datos siempre ha estado ahí, la diferencia es que ahora hay métodos mucho más eficientes para recopilarlos y sobre todo ocurre algo que no había ocurrido nunca en la historia: hay tres o cuatro grandes corporaciones globales que son más grandes que cualquier Estado. Corporaciones jóvenes, de imagen amable y amistosa.

Pero ya nadie le puede poner el cascabel al gato porque el gato ha crecido y ha resultado ser un tigre.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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