La literatura posturística y el laboratorio canario: Entrevista a Samir Delgado (II)

Martin Parr. Playa de Niza, en el sur de Francia (2015)

 
Esta es la segunda entrega de la entrevista realizada por Julio Hardisson al escritor, periodista cultural y poeta Samir Delgado (Las Palmas de Gran Canaria, 1978) a propósito de su ensayo Turisferia (Clavijo y Fajardo, 2023). El libro recoge una miríada de voces del arte y la literatura que iluminan las múltiples facetas del fenómeno de la ciudad turística global, con una fuerte atención al imaginario canario. Turisferia obtuvo recientemente el Premio Clavijo y Fajardo de Ensayo.

[Leer la primera entrega de Turisferia]

El libro invita a pensar cómo podría ser la literatura en un contexto de turismo globalizado. Sin ánimo de simplificar, según tu punto de vista, ¿qué rasgos estéticos, formales o incluso éticos podrían caracterizar lo que tú denominas “literatura posturística”?

La clave está en romper el hechizo. Lo posturístico está en el relumbre del aura de una farola del jardín o de la terraza de hotel a mediodía, en la historia de la toalla olvidada sobre una hamaca de piscina, en el momento de las olas entrevistas en soledad a pie de playa.

Hay un conglomerado de eclipses que apresuran la contemplación posible de un después a lo turístico.

David Hockney, 1972

Durante mi juventud en el sur de la isla de Gran Canaria convivía a diario, sin saberlo, con una ciudadanía internacional cuya presencia era la supuración de la herida de la turboconstrucción y del monocultivo. Ahí están los millones de habitantes de la turisferia, en esas memorias intangibles de un espacio bioluminiscente que se manifiesta en la fotografía de artistas como Thomas Struth o Martin Parr. Hay muchos artistas, escritores y pensadores con los que se dialoga en la turisferia.

Precisamente, acaba de fallecer el pintor David Hockney. Sus cuadros “A bigger splash” de 1967 y “Pool with two figures” de 1972 ya anticipaban la atmósfera posturística, una continuidad para el final, esa suspensión del arco de posibilidades que la creatividad es capaz de dar a luz. Y el componente ético sobresale como detonador de la otra realidad, la textura y lo cromático –lo literario y artístico– aquilatan los dispositivos autorreferenciales, geolocalizan la deriva, se atrincheran en lo imaginal frente a lo prefabricado del sistema.

Realmente, a partir de la cata de novelas y poemas surge el buceo interpretativo en torno a esos fragmentos que evidencian el testimonio latente, la prueba de fuego, el quid de la cuestión sobre una temporalidad ulterior a la ecuación playa-hotel-discoteca.

Tomé, de algún modo, las pistas de interpretación que dejaron las obras de autores como el cubano Antonio Benítez Rojo y de franceses como Marc Augé. Se trataba de pensar sobre el terreno y continuar la apasionante tarea de la indagación.

Thomas Struth:, 2007

En la literatura canaria existen vasos comunicantes en textos de autores como Manuel Padorno, el nómada atlántico del otro lado. Aunque falleció en 2002 supo discernir la ficción ambivalente de la insularidad, la probeta vacacional que irradia una antigüedad originaria y lo paradisíaco estrangulado. También la pintura de César Manrique contiene el caldo nutricio de la seducción volcánica frente al colapso del overbooking y la surréservation.

La lista de lo posturístico es plural y diversa, el ensayo Turisferia ya requiere de una continuación.

¿Crees que la “literatura posturística” es un hecho consolidado o tan solo una tendencia emergente en la actualidad?

Como en todas las vanguardias, se requiere de un aparato crítico para visibilizar un episodio de la creación humana, lo “posturístico” tiene sus raíces en muchos referentes de la literatura contemporánea.

Por ejemplo, en las islas existen pasajes de novelas que pueden ser un preludio. Luis Alemany fue quien escribió el idilio amoroso entre un joven nativo y una turista en el Puerto de la Cruz, lugar de la ebullición hotelera en el norte de Tenerife. Así también libros ya clásicos como Catalina Park (1975) de Orlando Hernández, donde se concretiza el boom turístico de la ciudad atlántica.

Hoy, ya existe materia narrativa consolidada, en libros de autores canarios que hilvanan el transcurrir de vida entre los hoteles del sur turístico, muy lejos de los folclores sobre lo canario. La pregnancia estética de estos documentos amplifica el margen de lo inédito viable.

En la continuación de mi ensayo Turisferia estará la hora exacta para un desvelamiento de autorías. Lo que me preocupa más para la profundidad del diagnóstico es lograr descubrir las similitudes y los parentescos entre islas, en el Caribe francófono o en lugares paradigmáticos como Hawái.

Canarias, en este sentido, es un referente universal, el medio siglo de industria turística ha generado una irreversibilidad similar a la sucedida en el período de la conquista. En términos de impacto ecológico, y como pasó hace quinientos años, también la literatura y el arte han brindado un reflejo testimonial: lo terrible sería el imperio de la mudez y un silencio lapidario.

Hay que estar alerta, porque la banalidad comercial y publicitaria van de la mano. Un panorama creativo donde el marketing sea lo que sobresale evidencia el deterioro social. Las secuelas del monocultivo turístico y la ceguera institucional han lastimado muchísimo la cultura canaria.

Una verdad que duele es el hecho de que las islas queden vulneradas en sus derechos esenciales de por vida y que la imagen de lugares emblemáticos como Canarias siga siendo de puro turismo especulativo, cuando realmente hay que visibilizar el extraordinario patrimonio cultural, literario y artístico que dota a nuestras islas de un papel universal.

Las islas, y en concreto las islas Canarias, aparecen precisamente en tu libro como una suerte de “tubo de ensayo”, incluso como un “epicentro”, del avance del tardocapitalismo por todo el planeta. ¿Cuáles son las consecuencias para el frágil territorio insular de este fenómeno?

La crisis insostenible de la vivienda y la sobrepoblación provocada por el estrés de la acumulación de beneficios que persiguen las cadenas de los turoperadores hacen que la gravedad de la situación sea sangrante y perturbadora.

Massimo Vitali, fotógrafo

En lugares de una biodiversidad singular, con unas huellas identitarias que perviven a pesar de la hecatombe del cemento, surgen incertidumbres que traumatizan, lo irreversible del monocultivo alcanza cuotas de deterioro que no tienen marcha atrás.

Y es un desafío para los exponentes de la cultura, volver a tomar posición, como sucedió en 1976 tras el final de la dictadura franquista y la eclosión democrática que tuvo sus archivos, como el “Manifiesto de El Hierro” (1976), cuya efeméride del medio siglo se cumple justo el próximo mes de septiembre.

Lo que se desprende de una obra ensayística como Turisferia es que hay razones para la esperanza. Las sociedades insulares contienen en su devenir la savia de los renacimientos, la ceniza del volcán constituye su esencia protohistórica. No es extraño que un artista como Tony Gallardo tuviera a la lava como materia prima de sus creaciones escultóricas.

Hay toda una poética de lo atlántico que nos pertenece. Más allá de la dolorosa fatiga que atraviesa la ciudadanía canaria, la balear o la caribeña en su diversidad, los archipiélagos están dotados de un potencial emancipatorio. De hecho, muchas vanguardias internacionales contaron en su desarrollo con artistas y escritores insulares.

En mi libro Alonso Quesada. La irremediable temperatura universal (Gobierno de Canarias, 2025) documenté algunos atisbos, señales, lumbres de referencia que merecen también una prolongación, por eso el gabinete de escritura no tiene margen de aplazamiento.

Como autor, siento la urgencia del vínculo. Esa es otra cara del componente ético, del ejercicio de ciudadanía que representa el pensamiento crítico, el ensayismo, las poéticas íntimas que nos conectan desde lo humano. Nos va la vida en ello, y en este caso, por suerte la Inteligencia Artificial es totalmente inútil, nada puede sustituir a la imaginación liberadora de la escritura: somos memoria y latido.

Edouard Glissant, 1990

En el libro afirmas que “las islas Canarias fueron el primer territorio de ultramar en la expansión europea del XV, y ahora vuelven a ser el archipiélago protagónico de la experiencia global de la turistificación del planeta Tierra”. ¿Cómo describirías esta nueva fase del colonialismo a nivel global?

Si la extorsión de la naturaleza fue un capítulo originario de la civilización (como se cuenta en el libro Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer, con esa referencia ejemplar de la astucia racional de Ulises que se ata al mástil para no sucumbir a los cantos de las sirenas), tal vez la eclosión de lo turisférico muestre que la reconciliación es posible gracias a los imaginarios visitados de las insularidades por medio del arte y la literatura.

La clase turista es hegemónica, depredadora, colonizante. Incluso, la propia ciudadanía occidental ya padece a gran escala los males del desarraigo y de la polución, de la desmemoria y de la pérdida.

La turificación es un proceso alienador que proviene de lo mercantil espectacular, de la televidencia y del hiperconsumo. No tiene retroceso. De ahí que lo importante ahora sea su desenlace en sociedades más conscientes de su diversidad.

Los hoteles podrían acabar siendo poblaciones flotantes de comunidades refundadas en un cosmopolitismo democrático que tiene su horizonte inmediato en el siglo XXII.

Lo que viene después, lo que está por llegar en la turisferia, forma parte de su lógica histórica: el colapso irreversible o el resurgir de alternativas. Lo que se puede vaticinar de lo posturístico es que la creatividad vuelve a ser decisiva, para superar la estandarización de subjetividades mutantes, al igual que en niveles colectivos  se tratará de cosechar convivencias que transformen mentalidades caducadas.

Me gusta mucho el concepto de “l´opacité” del autor caribeño Edouard Glissant, donde la profundidad de una vida no puede reducirse a etiquetas superfluas de una sola pertenencia. Los nativos de ciudades turísticas tenemos ese ingrediente cosmopolita, universal, y en Islas Canarias se ha visto claramente con el importante valor de lo ancestral y aborigen.

Los tiempos del mundo en las islas son más verdaderos que en el continente.

 

[Leer la tercera y última parte de la entrevista]
 

Sobre el autor
Trabaja en proyectos de arte electrónico desde finales de los 90. Ha sido profesor del grado en diseño de las escuelas Eina y Elisava de Barcelona. Es licenciado en Filología hispánica, máster en Teoría de la literatura y doctor por la Universidad de Barcelona. Codirige Pliego Suelto desde 2012. Actualmente es profesor en la UB. Ha publicado las novelas «Costa del Silencio» y «Apartamentos Géminis» con la editorial catalana Tercero Incluido, ambas son parte inicial de su Trilogía del Turismo.
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