Gabriela Wiener: «Me encuentro en las antípodas del observador pasivo»

La joven escritora de origen peruano Gabriela Wiener (Lima, 1975) se ha abierto paso en las editoriales españolas con mucho éxito y gran polémica. Periodista de formación, sus crónicas ya desataban controversias y debates por tratar de manera abierta el tema de la sexualidad. Las dos novelas publicadas hasta la fecha, Sexografías y Nueve Lunas, siguen esta línea temática. De ahí que nos haya parecido sumamente interesante indagar en el universo de esta periodista kamikaze, convertida, en palabras de Edmundo Paz Soldán, en uno de los referentes de la crónica hispanoamericana actual.

Manuel González Prada, en Discurso en el Politeama (1888) decía: «Rompamos el pacto tácito e infame de hablar a media voz», ¿te sientes identificada con esta postura? ¿Qué te surgiere su lectura?

No me ha movilizado nunca ningún ánimo de romper nada. Yo diría que pertenezco a una generación que no tuvo que ser ni anarquista, ni partidista, ni nada, que se forjó en la conchudez de poder decir lo que sea con total impunidad.

¿En qué momento quisiste convertirte en una mujer de letras y contar historias que mucha gente de la prensa y de la literatura evitan tocar, sobre todo en un área geográfica tan conservadora como es América?

Fue un proceso muy natural, no me convertí en nada, solo le di salida a lo que ya tenía. Empecé siendo una especie de cronista oral de mis experiencias más intimas, de ahí que lo que hago tenga un punto de exposición y performance. Siempre me atrajo encontrar a gente que estuviera dispuesta a contarme sus historias y a escuchar las mías. Primero escribí poesía, con un estilo muy confesional y narrativo. Creo que ahí se fue curtiendo una especie de voz que trabajaba con sus propios miedos, a la que movilizaba la idea de hacer nuevas y pequeñas revelaciones sobre las cosas, y desvelar quizá ciertos mundos que permanecían soterrados. Es probable que a veces un entorno conservador me haga parecer más liberal de lo que soy pero la verdad, lo juro, ya en estos tiempos muy pocas cosas pueden ser consideradas trasgresoras o prohibidas.

¿Consideras que tu obra forma parte de alguna corriente del nuevo periodismo literario de Iberoamérica o del periodismo gonzo de Hunter S. Thompson? ¿O te influyen otras técnicas periodísticas?

Sexografías es un libro sobre la experiencia, que tiene mucho de inmersión y de periodismo gonzo -me encuentro en las antípodas del observador pasivo- hay algo de actitud robacámaras, sexo, hasta coches y una droga beatnik, pero yo suelo ser mucho más discreta para divertirme y mucho más sentimental. Hunter Thompson me gusta por ese vitalismo salvaje y por la idea de ir rodando con gente temible y regresar para contarlo. Lo mío tiene más que ver con la empatía que surge entre los personajes que me dejan visitar sus vidas y yo. Me muevo un poco por instinto, y mi carácter es casi lo mismo que mi método: paso de la timidez al arrebato desbocado sin escalas y me entrego al azar y al deseo de que ocurran cosas, pero también por momentos estoy bastante aterrorizada. En la mayoría de historias aparece el conflicto entre mi inseguridad y las ganas de vencer esa inseguridad. Más que en una discípula del gonzo me gusta pensarme como una persona que entra a ciertos mundos de los que no vuelve a salir igual.

¿Por qué decidiste dar el salto del periodismo a la literatura? ¿En qué se asemejan y distancian? ¿Qué valor tienen ambos medios de expresión para ti?

El periodismo hizo que me enamorara de la realidad, me permitió llegar a los temas y a los personajes, me obligó a trabajar, a escribir, a crear un hábito, una necesidad, una responsabilidad. La literatura me enseñó a no ser mediocre, a buscar otras maneras de llegar a la verdad y sobre todo me enseñó que la retórica literaria y los truquitos narrativos no sirven de nada si uno no escribe con agallas, es decir, dejando la piel, la emoción, la propia biografía y la memoria en cada relato.

El prólogo de Sexografías (Editorial Melusina, 2008), escrito por Javier Calvo (autor entrevistado en la edición de septiembre 2009 de Pliego Suelto), destaca «el tratamiento del yo, que al quedar expuesto en muchos niveles de intimidad se deja atrapar por toda clase de redes de identificación y deseo con sus sujetos». ¿Cómo logras plasmar este proceso de desdoblamiento en el texto?

La diferencia entre el yo y el narrador se hace en la ficción. En lo que yo hago esa diferencia se estrecha, se hace más difusa, nadie puede negar que al trasladar una experiencia al lenguaje ya estás adoptando un punto de vista y en consecuencia creándome como personaje. En el caso de mis crónicas es más sencillo porque se trata de ser lo más auténtico posible, este proceso puede resultar a veces violento, porque la tentación de construirme como personaje en una versión mejorada o más estilizada siempre está latente. Sin embargo, creo que incluso el desdoblamiento y las personalidades múltiples, en las que podría incurrir mientras me dedico a la no ficción, son parte de la realidad y de mi realidad. Supongo que siempre soy yo y mis otros yos, aunque suene a una película en la que actuaría Jim Carrey.

¿Existe alguna influencia de María Emilia Cornejo en la configuración de una temática centrada en el sexo?

Leí a María Emilia Cornejo cuando estaba en la universidad y cómo no identificarse con la muchacha mala de la historia, castradora y tierna, pero, quizá porque tuvieron la ambición y un poco más de tiempo para llevar acabo sus proyectos literarios -aunque también a un precio muy alto-, me han influido más otras poetas suicidas como Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Virginia Wolf o Anne Sexton. Y otras escritoras no suicidas como Anais Nin, Sharon Olds y Blanca Varela. Creo que hay sexualidad en todas ellas, al menos el tipo de reflexión o representaciones del sexo que me interesan. Y por eso también me gustan las artistas Tracey Emin, Ana Mendieta, Catherine Millet, Frida Kahlo, Sophie Calle, Nan Goldin, Beatriz Preciado, etc.

En Nueve lunas (Mondadori, 2009), como lo advierte el título mismo al referirse al atractivo pornográfico de la mujer cuando está embarazada, vuelves a tratar el tema de la sexualidad. ¿Qué importancia tiene para ti? ¿Qué valor crees que tiene o debería tener en la sociedad?

Nueve Lunas es como un reality en el que la protagonista no puede escapar de su condición de gestante y que empieza a ver y decodificar el mundo bajo esa nueva lente. Pasar de estar instalada en los peligrosos treinta años con el reloj biológico haciendo tictac como una bomba de tiempo, a atravesar estos nueve meses en que mi vida empieza a cambiar para siempre y todo lo que eso evoca en mí, la comparación con mi madre, la vuelta al útero como mortaja, el hecho de tener que jugar a la casita lejos de donde nací (soy peruana), mi iniciación sexual en las escaleras de mi edificio, los abortos de la adolescencia, mis impulsos criminales, el síndrome del nido, las embarazadas como fetiche sexual y todo lo que nos suele ocurrir con un bebé dentro y pocas quieren contar, el diabólico sistema hospitalario con el que te toca lidiar y las imágenes de una cursilería cruel con la que te bombardea el mundo cuando te ve con “barriguita”. Por otro lado, el sexo para mí tiene toda la importancia que se merece y creo firmemente en que es una de las cosas que mueve el mundo. Estoy obsesionada, siempre lo estuve pero mi única diferencia con la mayoría de gente es que no me corto en decirlo.

Si bien la mayor parte de la crítica señala en tus reportajes el elemento provocador, se percibe en tus textos mucho trabajo de campo. ¿Qué metodologías empleas?

Quizá la del body paint -una escritura sobre el cuerpo- y la técnica de la sonrisa de Kapuscinski –conseguir primicias gracias a mi enorme simpatía. Hago un poco de periodismo de inmersión y sobre todo periodismo de empatía, que no es más que ponerse en el lugar del otro, involucrarme en sus historias más allá de lo aceptado y lo bien visto. Y a diferencia de las putas, yo sí creo que los periodistas debemos dar besos. Mi método consiste en cruzar la anécdota, la historia, la reflexión, la confesión, el poema, con la información, en un tono intimista y de seudoinocencia. El humor y la ironía son otras forma de entrarle a los temas y también lo es buscar incansablemente otros puntos de vista para contar lo mil veces contado, de manera que estos breves flashes sobre el mundo confronten siempre al lector con su propia realidad y le hagan preguntarse por sus límites. Yo creo también en el factor de la emoción y en hacer del trabajo de campo una puesta en escena en sí misma. Porque sé que a partir de ese momento ya estoy escribiendo la crónica, en al aire, la estoy imaginando como una película. A veces soy una espectadora, a veces soy la directora y otras veces soy la protagonista. Ojo que no soy ninguna provocadora, soy solo atrevida, me gusta jugar a vencer mi timidez. La mar de las veces hago las cosas por inconsciencia pura, siguiendo mi instinto. La vulnerabilidad, el azar y el juego serían otras claves de mi trabajo.

A su vez, recurres a una prosa con una concepción estilística sumamente concisa que no cae en la vulgaridad ni tampoco deja de lado la presencia de una descripción depurada de los ambientes y personajes.

El trabajo de escritura que hago es eminentemente literario. Con sus diferencias esenciales, hacer una buena crónica exige el mismo talento narrativo y conocimiento del lenguaje que el que se necesita para escribir un buen ensayo o un buen cuento.

También se advierte, en capítulos como “Amores puercos”, “En la cárcel de tu piel”, “Un tajo” o “El planeta de los swingers”, un arduo proceso de relecturas literarias (La rebelión en la granja de George Orwell, El sexto de José María Arguedas, la generación beat, etc.). ¿En qué medida estas alusiones literarias constituyen una fuente de inspiración, unos referentes en tu manera de escribir?

Cuando los cito lo hago porque son libros que he estado leyendo durante el proceso de escritura. Son links. En muchos casos hay un diálogo con esas lecturas o simplemente son referencias a tener en cuenta para profundizar o ampliar el sentido del texto. A veces son libros o autores entrañables que siempre me acompañan, por cábala, porque me sirven para dar ejemplos, para hacer chistes o dármelas de culta, o no sé.

¿Qué lecciones sacaste de los diálogos con Ricardo Badani, personaje principal de Gurú & familia, el polígamo más celebre de América Latina?

Nunca nadie había convivido con Badani y el mérito de esa crónica fue haber pasado dos noches durmiendo con ellos y siendo una especie de séptima mujer. Más que él, que también es fascinante, me interesaron para esa historia sus mujeres. Cuando escribo de cómo entienden el sexo las mujeres de un polígamo siento la urgencia de compararlo con mi propia experiencia y de repensar mi experiencia e incluso de cuestionarla. Yo veo a estas tías que se pasan el día entregándose como esclavas sexuales, diseñando lencería, cuidaditas en sus casas mientras el hombre se va a trabajar, preparando comida para su hombre y me de pronto siento que me apetece mucho vivir así. Harta de mi vida de mujer moderna que no folla o que se masturba con prisas porque tiene que escribir un artículo, criar un hijo y hacer arte me digo: coño, qué bien se lo pasan estas tías, ¿y si me convirtiera en esclava, si me dedicara a bailarle todo el día danza del vientre a J? Por eso escribí que estas tías entendían la libertad como la posibilidad de elegir a qué atarse. Y me metí con una de ellas a la ducha y me enseñó a bañar a mi hombre. Muy a la antigua.

Teniendo en cuenta que tus trabajos están inmersos en la no-ficción, ¿tienes programado introducirte en los terrenos de la ficción literaria?

Mi próximo libro es una novela.

En “Viaje a través de la ayahuasca” dices lo siguiente: «Por eso, después de beber ayahuasca no quise contárselo a nadie. Solo ahora puedo decirlo: es cierto. Lo más increíble es la convicción, que nadie podrá arrebatarme, de haber sido testigo del absoluto, del misterio perdido de la naturaleza, quizás del misterio de nuestro origen.” Te introduces en otro nivel de realidad. Incluso lo relacionas con El Aleph y dices que «Borges tuvo que probarla» ¿De qué manera esta experiencia ha influido en tu vida y obra?

Sólo de la manera en que se explica en el libro (parte de la gracia de todo esto es que el making of está incluido en la película). No he vuelto a participar en ninguna sesión de ayahuasca pero lo recuerdo como uno de los momentos de mayor comprensión, amor y rapto espiritual de mi vida que recuerde.

En Nueve lunas, te acercas al tema de la maternidad. De hecho, llevas a cabo una reflexión acerca de su importancia en el desarrollo femenino: “Las mujeres jugamos todo el tiempo con el gran poder que nos ha sido conferido: nos divierte la idea de reproducirnos. O de no hacerlo. O de llevar bajo un vestidito lindo un vientre redondo que luego se convertirá en un bebé para abrazar y mimar. Cuando tienes quince la posibilidad es fascinante, te atrae como un pastel de chocolate. Cuando tienes treinta, la posibilidad te atrae como abismo.” ¿Qué significa para ti esta concepción?

Me interesaba profundizar en cuestiones que no son habituales al hablar de maternidad, y es curioso que no lo sean, yo creo que son hasta temas un poco tabú. Cómo el odio, la muerte, el miedo, la pornografía no van a tener que ver con ser madre.

En los foros que hablan de tus reportajes, existe una reducida presencia de comentarios acerca de tu obra literaria. En cambio, aparece de manera masiva ataques racistas y misóginos contra tu figura. ¿Les ofende que seas mestiza-mujer-escritora? ¿O tiene que ver con los temas que tratas y la manera con la que los enfocas?

Tiene que ver con todo a la vez. Estoy acostumbrada a que la gente me subestime casi en todos los planos de mi vida, es mi destino. Ya hasta le encuentro el gusto a verles la cara de imbéciles que se les pone cuando descubren quién soy en realidad.

En Nueve lunas, escribes: “ser de un país pero vivir en otro es como tener un amante sin renunciar del todo al viejo y dedicado esposo.” ¿Qué significan estas palabras para ti, inmigrante residente en Barcelona? ¿Crees que hay mayores dificultades por publicar al ser mujer y “extranjera”?

Significa que vivo en un limbo intelectual y emocional, que no soy de aquí ni soy de allá, que todo esto es jodido, ezquiso pero a la vez enriquecedor. Bueno, soy un caso exitoso por lo menos de mujer peruana editada en España. Ahora hay muchos más factores que juegan tanto a favor o en contra de los autores pero sigue mandando el mercado.

¿Cuáles son los proyectos que te ocupan ahora?

Mi nuevo libro, Complejos Físicos; siempre el periodismo para vivir y mi familia.

Sobre el autor
Textólogo. Lic. en Filología Hispánica (Universitat de Barcelona) y en Periodismo (U. de San Martín, Lima). Trabajó en Expreso y Frecuencia Latina TV (Perú) y colaboró con El Universal y W Radio (Colombia). Reside en Barcelona y ha sido articulista de Mundo Hispano y Tribuna Latina. Sus temas: política internacional, inmigración, literatura, rock y culturas juveniles. Desde 2009 es editor-coordinador de PS. Actualmente realiza el Máster de Experto en ELE.
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