Politeísmo pop y muerte por revival

La tendencia supersticiosa a considerar que los acontecimientos del mundo vienen designados por una voluntad suprema ha sido una de las preocupaciones fundamentales de la religión: el karma, por ejemplo, pero también la culpa y la expiación —si sufro es porque algo habré hecho—, etc. Los tiempos de politeísmo pop buscan en estas estructuras una respuesta que se aleje de las explicaciones metafísicas.

Los surrealistas llamaban a esto hasard objectif (azar objetivo). La práctica, recuperada después por las vanguardias pre-68, consistía en hallar un orden a los acontecimientos que iban encadenándose y que forzosamente tenían que significar algo. El qué, eso estaba por descubrir, aunque era la intuición y los prejuicios del artista los que lo explicaba en última instancia.

Jung define la «sincronicidad» como un acontecimiento simultáneo entre dos fenómenos acausales, es decir, que no guardan relación causal entre sí. La ecuación no despeja una de las incógnitas. Por ejemplo, si se nace el 14 de abril y se es del signo Aries, todas las características del zodiaco le pertenecen sustancialmente al individuo, pero debido a que la hipotética causa que hace que todos los aries sean de tal o cual modo —ya se sabe: vitales, enérgicos, irascibles, etc.— está relacionado con el mismo hecho que hace que la configuración astral coincida con nacimientos que derivan en tales caracteres particulares. En definitiva, la causa primera sigue sin explicarse —afortunadamente—, aunque se añade el argumento consolador de que lo inexplicable puede formularse de todos modos.

Basquiat (1960-1988)

El «club de los 27» se ha convertido en una de las sagradas incógnitas del santoral pop.  Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Basquiat,  Kurt Cobain o Amy Winehouse, —y se podría añadir a Masaccio al principio si no fuera demasiado pedante— murieron a los 27 años, todos ellos en circunstancias más o menos turbias relacionadas con la droga y la depresión. La explicación flojea, por supuesto, y deja tan insatisfecho que se llega a creer que algo habrían hecho para morir en condiciones parecidas. La proclama  «live fast, die young», no parece suficiente.

En el artículo Disneyworld Company, Baudrillard considera a Walt Disney tanto un precursor de la «realidad virtual de la vida» por haber instituido el reino de la simulación en sus parques temáticos, como de la «realidad virtual de la muerte», por reposar criogenizado y no morir nunca del todo. Como análisis, y más incluso como profecía, es lo que explica mejor el porqué del club de los 27 y podría aceptarse como la única causa plausible de todas las coincidencias, que tienen que significar algo, especialmente en las últimas, donde una indecente consciencia histórica parece amenazar a las estrellas del pop. Existe la imitación del género al estilo del soul recuperado por las discográficas y por los iconos mercantiles; existe también la imitación de la muerte, sobre todo cuando esta cae dentro de lo humanamente voluntario o lo trágicamente simbólico. Todos murieron de revival.
 

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