Gomorra, una mafia posmoderna

Fotograma de Gomorra, Matteo Garrone, 2008

 
Camorra es una palabra inexistente, de policía, utilizada por los jueces,
los periodistas y los guionistas. Es una palabra que hace sonreír a los afiliados
a un clan (…), que prefieren emplear el término Sistema. Una palabra elocuente,
un mecanismo más que estructura.

Roberto Saviano

Cuando se vive en el sur de Italia uno aprende rápidamente a interpretar gestos y signos incomprensibles en otros lugares. Es así como muy pronto se sabe que la presencia cotidiana de extraños tipos en solitarias esquinas, de silentes figuras femeninas observando en las ventanas, o los iracundos ojos jóvenes en callejones y plazas, no son más que la fehaciente prueba de la existencia de un estado subterráneo llamado mafia.

Con la publicación y el éxito posterior de Gomorra (2006), Roberto Saviano consiguió, inesperadamente, que la opinión publica italiana y europea mirase de nuevo hacia esa realidad paralela y, a través del filtro de la propia experiencia, describir de manera eficiente los mecanismos sociales, económicos y políticos que permiten la existencia de la Camorra, la Cosa Nostra en su forma napolitana.

De la enorme atención suscitada por el libro provienen las razones de la amenaza mafiosa hacia Saviano: sin los millones de lectores y el eco internacional, Gomorra hubiese sido una novela más de las decenas que se publican sobre el argumento y su autor disfrutaría hoy, tranquilamente, del exquisito caffè espresso de los bares de Nápoles. ¿Qué elementos ha puesto en juego Gomorra para haberse convertido en un éxito internacional tan rotundo? ¿Cuáles son los aspectos puestos de manifiesto allí que se hacen intolerables para la Camorra?

Scarface (1983)

Una de las respuestas a esas dos cuestiones nos la ofrece la versión cinematográfica que Matteo Garrone realizó del libro. Allí, el espectador asiste estupefacto a uno de los grandes logros tanto del director como del escritor: desquebrajar el imaginario heroico de la camorra y presentarla como lo que es, un grupo de melómanos sicarios al servicio de abyectas pasiones. Es de ese modo como lo kitsch adquiere en la descripción de ambientes y personajes el carácter inquietante de la más vacua cultura de masas y el concepto de posmodernidad reconquista el sentido que lo fundó como tal. Como dice Saviano:

Los camorristas deben crearse una imagen criminal que a menudo no tienen, y que encuentran en el cine. Articulando la propia figura sobre una máscara hollywoodiense reconocible, toman una especie de atajo para hacerse reconocer como personajes a los que hay que temer. La inspiración cinematográfica llega a condicionar incluso opciones técnicas, como la empuñadura de la pistola y el modo de disparar.

Ambos artefactos artísticos, el libro y el filme, señalan el impulso mimético como uno de los ejes vertebrales de la constitución de la camorra actual. En ese proceso especular, la épica del ídolo mafioso propia de las películas hollywoodienses se convierte en relato agenciado, seña de identidad en la que la porosidad entre ficción y realidad se asume con naturalidad. Ya no se trata del ritual originario que unía, a través de un pacto de sangre, los destinos de clanes y familias. Ahora la Camorra, víctima de un remake de sí misma, se convierte en simulacro emponzoñado en el que la única lógica posible es la del capitalismo salvaje:

Ninguna otra ideología, ninguna clase de símbolo y de pasión jerárquica. Beneficio, negocio, capital. Nada más. Tendemos a considerar oscuro el poder que determina ciertas dinámicas y, en consecuencia, lo atribuimos a una entidad oscura: mafia. Una síntesis que tiende a excluir todos los términos intermedios, todos los traspasos financieros, todos los tipos de inversión, todo aquello que constituye la fuerza de un grupo económicocriminal.

La fidelidad de la versión cinematográfica hacia con el libro es total, aunque con un añadido que la hace más sugestiva: el poder que las imágenes confieren a la narración. Gracias a ellas, el espectador asiste compungido a la desesperanza y el desasosiego que late en la elección de Marco y Ciro, los adolescentes protagonistas de una de las historias que se cuentan. Serán ellos los que, movidos por las ansias de emular a los camorristas, cierren trágicamente lo que René Girard definió como triángulo mimético del deseo al tomar a los esperpénticos clanes como modelo del propio simulacro. El resultado: una espiral trágica de destrucción que llegará puntualmente con una muerte ignorada por todos.

No hay duda, además, de que las continuas referencias en el libro a las estrafalarias maneras de vestir, las variopintas referencias musicales y la apología de la ostentación propias de los camorristas –un cóctel confuso y estridente que los identifica como estirpe– no son para nada casuales:

«En Nápoles es fácil darse cuenta de que el filme El profesor (1986), de Giuseppe Tornatore (cuyo título original italiano es Il camorrista), es sin lugar a dudas la película que ha marcado, más que ninguna otra, el imaginario colectivo. Para ello basta con escuchar fragmentos de las conversaciones de la gente, que desde hace años se hacen eco constantemente de los diálogos del filme. La música de la película se ha convertido en una especie de banda sonora de la Camorra, tarareada cuando pasa un jefe de zona, o a menudo solo para inquietar a algún comerciante. Pero el filme ha llegado incluso a las discotecas, donde se bailan nada menos que tres versiones mezcladas de las frases más célebres del boss.«

En esa señalación, aun así, no hay ni un ápice de sarcasmo o moralina. Su focalización obedece en realidad a la clara intención, común tanto en el escritor como en el cineasta, de impugnar por medio de la denuncia estética la ética camorrista. Es allí donde reina soberano el goce de la simulación microscópica en la que los signos se reproducen, parafraseándose a si mismos. Esos mismos signos, además, asumen, sin saberlo, uno de los inquietantes ecos de la moral posmoderna: el hundimiento de la Historia como posible rescate de la banalidad, la fealdad y la muerte.
 

Sobre el autor
(L'Hospitalet de Llobregat, 1977) Licenciado en Filología italiana y máster en Teoría de la literatura, se dedica a la docencia y colabora con su voz y sus textos en diversos proyectos artísticos. Ha escrito un libro de poemas, Deriva Corporal, aún inédito, al que espera muy pronto encontrar editor.
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