Humor para salvar el mundo: sobre ‘Un sitio donde estar a salvo’, de Eduardo Quijano

Fragmento cubierta «Un sitio donde estar a salvo», de Eduardo Quijano, 2025

 
¿Dónde está ese ansiado refugio que nos protegerá y salvará de todos los peligros de la vida? Es la pregunta clave… Con un humor ácido y gamberro, Un sitio donde estar a salvo, el segundo libro de Eduardo Quijano, editado por Coleman Ediciones, viene a hablarnos precisamente de eso: de refugios. O, más bien, de todo lo contrario. De todos esos lugares donde no debimos refugiarnos nunca, porque solo nos han traído problemas. 

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“Refugios”. Un tema que aparece ya desde los primeros relatos del libro:

―El ángel de la guarda le preguntó qué le pasaba ―continúa Bob―. Raphelson le contó todos sus problemas. Su madre no le dejaba ni un segundo a solas. Desde que le tocó una teta, Elisabeth Warren no paraba de perseguirle por el instituto dándole patadas en los huevos. Henry Bullshock se pasaba el día detrás de él para que hicieran un campeonato de pajas.
―¿Y qué hizo el ángel? ―pregunta Timmy curioso.
―Le dijo a Raphelson que todo aquello era demasiado trabajo para él. Lo tiró del puente. Y se largó.
―Creo que ya me solucionaré yo mismo mis problemas ―suelta Timmy.
―Mejor ―añade Bob.

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Un sitio donde estar a salvo es un libro repleto de falsos refugios como el dinero, la fama, el amor obsesivo, el trabajo, los padres o las malas amistades. Una crítica feroz y brutal a nuestra sociedad y sus falsas promesas.

El marciano se buscó un trabajo para poder vivir en la tierra.

Trabajó de camarero, de reponedor en un supermercado, de repartidor de pizzas, de administrativo en una oficina familiar, de conserje en un barrio caro, de cajero de supermercado, de personal de limpieza, de profesor en un colegio privado, de albañil, de periodista freelance, de sherpa en el Everest, de recepcionista en un hotel, de vendedor en una tienda, haciendo llamadas en un call center, de reponedor en un almacén, de desatrancador de aguas fecales, de jardinero en una urbanización privada, de minero, asfaltando calles en verano, de enfermero en un hospital casi sin recursos, de lavaplatos en un restaurante hindú, de empleada doméstica, de guarda de seguridad nocturno, de conductor de un autobús escolar, de leñador, de becario.

A la semana, viendo que había algo mucho peor que la Muerte, cogió su maleta, dejó el hotel y corrió a buscar a la Parca para que lo sacara de allí.

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En el libro, por un lado, encontramos el humor de Quim Monzó, ese humor que critica el sinsentido del mundo del hombre moderno y los laberintos en los que se enreda hasta el absurdo.

Por otro lado, reconocemos la influencia del gran Javier Tomeo y su libro de cuentos Historias mínimas (1996), del que Quijano recoge la parte más imaginativa, los finales sorprendentes, o el uso de la frase corta, rápida y ágil, que hace que los relatos se nos pasen volando.

También, en el libro, por supuesto, hay sitio para el enredo. Las historias de Un sitio donde estar a salvo recuperan los personajes disparatados y paródicos de los mejores cuentos de Woody Allen, con vampiros, científicos locos, hipnotizadores y marcianos que harán las delicias de cualquier buen gourmet del humor absurdo.

Todo aderezado con unas gotitas de la mala leche de las fábulas de Augusto Monterroso y los ecos de Kafka y Borges.

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Un buen cóctel para todo lector que tenga ganas de divertirse y reírse de todo y de todos.

―¿Pero entonces Jack logró entrar en el prestigioso Club del oso? ―pregunta Harry.
De golpe los pájaros dejan de piar. El ciervo levanta la cabeza y los mira.
―Sí consiguió entrar ―dice Phil―. En la reunión siguiente Jack se adelantó a todos. Como era el club del oso, acudió al salón donde celebraban las reuniones disfrazado de oso. Lo admitieron al momento. Acto seguido los miembros del club agarraron sus escopetas, le dieron diez segundos para correr por todo el edificio y esconderse, e inauguraron con él la temporada de caza. Ahora su cabeza preside el salón del club.
Harry, pálido, baja su escopeta, se echa el arma al hombro y se va por donde ha venido.

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En resumen, Un sitio donde estar a salvo es humor ácido, humor absurdo, humor crítico, con fantasía y mucha ternura hacia los más desclasados, los que siempre buscan su sitio en el universo y siempre pierden.

En este sentido, cabe destacar el prólogo del libro, de la cuentista y novelista Cristina Cerrada, donde se destaca la originalidad y el placer de leer los cuentos de Quijano.

Un lugar donde se demuestra que la lectura y el humor son espacios donde todavía podemos estar a salvo:

Ella salió corriendo a buscarlo y le aseguró haber descubierto el secreto para que una pareja durase para siempre. Al día siguiente, él volvió con ella. Ella llenó de nuevo la casa de plantas de plástico. Después, tras prometerle la mejor noche de pasión de su vida, lo llevó al dormitorio. Allí lo amordazó y lo ató a la cama para que nunca más pudiera irse. La pareja duró entonces para siempre. Lo de si los dos fueron felices y comieron perdices ya es un detalle sin importancia.

¡Larga vida al humor y sus caminos!
 

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