A través de la siguiente crónica, nuestra colaboradora Natalia Vázquez D. da cuenta de la reciente conversación entre Leila Guerriero y Jorge Carrión, en la Librería Finestres de Barcelona, sobre las distintas dimensiones de la escritura: ¿Cuáles son las implicaciones de un proceso de escritura? ¿Cuál es el papel de la lectura? ¿Qué métodos utiliza cada autor/a?
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Hay maneras y maneras de escribir. Enfrentarse a esa tarea que es elegida, vocacional, diría que se vive como se vive el resto de la vida: los mismos permisos, las mismas exigencias, la misma intensidad, la misma confianza.
Leila Guerriero y Jorge Carrión compartieron en una charla en Barcelona, en la librería Finestres, cómo es su relación con la escritura. Desde horarios, gatas y familias, hasta la sensación que sigue a acabar un libro.
Buenos Aires, 2004. Allí se conocieron. Él presentaba su primera antología de crónicas de viaje tras abandonar Barcelona y un trabajo como profesor de secundaria. Ella trabajaba ya para varios medios y estaba en el proceso de “reporteo” de su primer libro.
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“Cuando terminé de escribir ese libro –Los suicidas del fin del mundo, el primero de Guerriero–, pensé: ¿cómo nadie me avisó?”. “Sentí que me había dejado todo ahí, en términos de escritura, y que no iba a poder escribir nada más”. Sin embargo, “de tanto habitar ese lugar, uno aprende que, tras los periodos mesetarios, hay algo al otro lado”.
Crónicas –compiladas en Frutos extraños– , perfiles –en Plano americano–, alguna Zona de obras, columnas, incluso radiofónicas. Todo, al otro lado.
Jorge Carrión no ha sentido todavía ese vacío. Siempre tenía en mente el siguiente libro, un proyecto en espera. Salvo ahora. Afirma que de momento no hay ninguno, pero tampoco el vacío.
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¿Cómo escriben? Aislamiento y conciliación
Al principio, “mi modo de escribir era siempre desconectado”, creía que esa era la manera. Así escribían los escritores, aislados, “en sesiones maratonianas”, pero eso acabó en 2017. “Después de la paternidad empecé a escribir de acuerdo a los horarios de la guardería, la escuela… y en horario, ya no obsesivo, sino más ordenado”.
Además del horario, se adaptaron los temas, más accesibles geográficamente. Por ejemplo, Barcelona: libro de los pasajes, Librerías, un ensayo Contra Amazon o el último experimento de escritura con la inteligencia artificial, cuya autoría comparte con Taller Estampa y GPT-2 y 3.
Desde la butaca de al lado, conocemos los horarios de Guerriero. Van de 7 u 8 de la mañana a 7 u 8 de la tarde. “Escribo completamente encerrada en los meses de escritura. Esos meses no acepto hacer nada. Y no solo sucede con los libros, también con artículos largos. No cocino, no hablo…”, aunque no le cierra la puerta a sus dos gatas.
No es que recomiende el aislamiento, advierte, “pero a mí me sirve”. “No quiero que nada se interponga entre mi escritura y yo”. “Cualquier tipo de adaptación externa que deba hacer, me solivianta”.
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Cuando tengas todas las respuestas, una siesta
Afirma Guerriero: “Mi método de trabajo consiste en reportear, investigar, juntar material, y siempre escribo al final, cuando ya tengo todo el material, para evitar hacerme una idea que después la propia realidad va a rebatir”.
Un periodista, manifiesta, no va “a confirmar lo que creo” sino “a ver cada vez más nítido”. El momento en el que puedes “parar el reporteo es cuando ya tienes todas las respuestas”.
“Nunca me siento a escribir si no tengo el arranque de un texto. De esas 14 líneas va a salir todo. Para mí la claridad de un texto importa, que el lector llegue rápido a por qué debería leer esto”.
Ese respeto al lector es algo que comparten, más allá del talento y de poner su mirada al servicio de una escritura que amplía los márgenes de la nuestra.
“Intuyo que cuando tú lees un libro donde el autor ha ido hasta el fondo –en el proceso de documentación e investigación–, ese conocimiento está palpitando en el texto y el lector sabe que puede confiar en el autor”, explica Carrión.
Sin embargo, recorrerse los alrededor de 400 pasajes que hay en Barcelona, con la guía de la ciudad que usaban los taxistas antaño, para escribir un libro con una selección de 80, a la vez que se es padre dos veces, es compatible con hacer la siesta cada día.
De hecho, Carrión afirma que es lo que le permite hacer dos jornadas: la de escritor, de mañanas, y, de tardes, la de padre o profesor –también dirige un Máster en Creación Literaria en Barcelona–.
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La relatividad del tiempo creativo. Mirar es escribir, también leer
Más allá de esta técnica de recuperación, la siesta, hay algo que también afirma usar a su favor: la intuición. A lo largo del día ella te dice “ahora, esto es lo que tengo que hacer”. “Y esas dos o tres horas rinden como un mes de estarte forzando”.
Leila Guerriero explica que sus columnas, de 321 caracteres, a veces le llevan 3 días y otras las escribe en 20 minutos, “las menos”, pero “tú ya estás escribiendo antes de sentarte a escribir”.
También en esto coinciden: en la necesidad de esa escritura previa al acto mismo de plasmar palabras en un papel. “El bloqueo del escritor creo que viene cuando dejas de mirar”, apunta Carrión.
Cuando dejas de mirar y de leer, añade Guerriero. “Lo único que trae la escritura es la lectura”, afirma, y algo la enciende en ese momento. Es lo último que ha leído. “Quedé absolutamente colonizada por la novela y piensas: ¡Oh! Si yo pudiera…”.
Es el mismo brillo que aparece en otros momentos de la charla cuando habla de “la confianza” o de “la complicidad” que se establece entre ella y el autor de un texto, cuando ejerce como editora –en Tusquets o 5Ws, entre otras–, o con las personas sobre las que escribe: “Cuanto la gente más te cuente, mejor estás haciendo tu trabajo”.
“¿Pero cuál era la novela?”, reclama el público. Ella no accede a responder en un principio. Es inédita. Pero su autor está entre el público y le da permiso. Entonces ella prosigue: “Descomunal, fantástica. Leerla me produjo el mismo trance que me produce la escritura”.
Y es que “escribir es gozoso”, sobre todo si, como para Guerriero, libertad y escritura son: “sin eso, nada, con eso, todo”.










