Fernanda Trías: “El temor a la exposición es un callejón sin salida. No hay por donde huir, excepto exponiéndose”

Fernanda Trías, escritora

 
Fernanda Trías (Montevideo, 1976) charla con Pliego Suelto acerca de la reedición de su ópera prima, La azotea (2018), que inaugura el catálogo de Editorial Tránsito (Madrid). Se trata de una novela sui generis sobre relaciones intrafamiliares, en una atmósfera claustrofóbica y de opresión psicológica. En la entrevista aparecen otras cuestiones: la escritura creativa, Deleuze y Guattari, la construcción introspectiva de personajes y su proyecto Mugre rosa. Entre los libros de Trías destacan, No soñarás flores (HUM, 2017), La ciudad invencible (Demipage, 2014) y Cuaderno para un solo ojo (Cauce Editorial, 2002).

Tu primera novela, La azotea, se ha publicado recientemente en España y ha tenido una muy buena acogida entre lectores y crítica. ¿Cómo vives este proceso después de los 17 años de la primera publicación en Uruguay?

Editorial Tránsito, 2018

Antes de la publicación no sabía qué esperar. Pensé que acaso se leería distinto y no sabía de qué manera podría leerlo el lector español. Lo que me maravilla es constatar cómo una historia puede atravesar fronteras y diferencias culturales, cómo el lector la recibe y la adapta a su mundo conocido.

Muchos hemos sentido lo inhóspito que puede ser “el mundo”, en contraposición a una infancia más protegida. Muchos hemos sentido miedo a la pérdida de las personas que amamos. Y a partir de ahí se genera la empatía del lector.

Esta novela es el primer título del catálogo de la editorial Tránsito, que se define por su afán por editar libros escritos por mujeres, unidos a la memoria y en primera persona. ¿Cómo has vivido este proceso de inauguración?  

Fue muy emocionante ser parte del lanzamiento de un sello editorial como Tránsito, de toda la pasión que Sol Salama puso en el proyecto y también en La azotea. Agradezco que haya apostado por mi novela para representar ese espíritu salvaje e intimista que es la marca de Tránsito. Además, en un momento en que muchos pensarían que es una locura lanzar un proyecto así, Tránsito ha demostrado que las locuras son necesarias y que aún movilizan lectores y entusiasmo.

Me identifico con ese espíritu quijotesco. Probablemente todos los escritores se sientan identificados, porque ¿qué mayor locura que escribir un libro en esta época, donde lo que se valora es la velocidad y la producción?

El símbolo de libertad que encarna la azotea se diluye muy deprisa como una metáfora más de la pérdida de cualquier escapatoria posible. ¿Uno “no puede confiar” en la presencia de azoteas para huir?

“No hay manera de salir ilesos”, era una de las frases que me repetía durante la escritura de La azotea. El temor a esa exposición al mundo exterior que tiene Clara, ese “afuera” que va a robarle lo que más quiere, es un callejón sin salida. No hay por donde huir, excepto exponiéndose.

Me acuerdo de una foto que circuló por la web después del tsunami de 2004. Una figura pequeña de un hombre que, en lugar de correr, se detiene a mirar la ola. Había algo escalofriante y a la vez digno en la actitud: mirar de frente lo inevitable, aceptarlo. Creo que hay un punto de la novela en que Clara se da cuenta de eso, pero prefiere negarlo y seguir hasta el final.

Esta idea se refuerza desde la estructura misma de la novela que responde a una circularidad, al anticipar en todo momento que estamos al final de la historia de Clara. ¿Qué te interesaba de la narración de la caída de un personaje?

Una de las elecciones clave que debe hacer un escritor es el punto de vista. ¿Quién narra esta historia y desde dónde la narra? Yo nunca dudé que estaría narrada por Clara, porque la historia nació a partir de su voz, de su manera de hablar y de su manera de mirar la realidad. Pero me llevó un poco más de tiempo entender que ella narraba desde el final, una vez concluida la historia. Creo que es una estructura clásica de la novela breve.

Hay un ensayo de Deleuze y Guattari que se llama “Tres novelas cortas o ¿qué ha pasado?” y dice algo muy interesante, que la novela breve responde a la pregunta “¿qué ha pasado?”, en oposición al cuento, que se pregunta “¿qué va a pasar?”. En la novela corta el lector se dice: “Algo ha pasado, ¿pero, qué exactamente?”. “¿Qué ha podido pasar para que se llegue a esta situación?”.

Deleuze y Guattari, 1980

Ese intento por entender cuál fue la cadena de hechos, de decisiones equivocadas, de azares que llevaron a que una situación se desarrollara de determinada manera es lo que, sin duda, más me interesa al momento de escribir.

Creo que a todos nos ha pasado. De pronto estamos en una situación vital que ni nosotros mismos entendemos cómo ocurrió: ¿cómo llegué hasta aquí? E intentamos analizar el desarrollo de las cosas para entender dónde dimos el paso en falso.

Clara convierte la casa en una trinchera para luchar contra posibles amenazas procedentes de fuera, reunidas bajo el personaje de Carmen. ¿Cómo fue la construcción de este personaje femenino, en relación con su cada vez menos presencia corporal en la casa, pero su mayor peso en el desarrollo psicológico de la protagonista?

El personaje nació de una historia que me contó mi padre, sobre una vecina suya, refugiada de la guerra, que una vez se echó al suelo tapándose las orejas en un ataque de pánico porque habían pasado unos aviones militares uruguayos, que en realidad iban para un desfile de esos, “patrios”.

Pensé en el misterio que significan esas vidas, personas que tienen un pasado traumático del que nunca hablan y que de algún modo es imposible que podamos comprenderlas, entenderlas del todo, ajenos como estamos a lo que vivieron.

Ahí, de esa incomprensión, viene el miedo, que es la respuesta natural del ser humano. Tememos lo desconocido, y el extranjero, el inmigrante, representa todo eso desconocido que nos da miedo, por eso lo rechazamos. La solución contraria sería la compasión y la empatía, pero el temor, que es una estrategia de defensa natural, casi siempre prima, porque es irracional.

Fernanda Trías, 2017

Tendemos a construir al monstruo de nuestra imaginación, que siempre es peor que cualquier monstruo real, porque la imaginación no tiene límites. De ahí me agarré para empezar a construir el personaje de Carmen y lo que Carmen significa para Clara.

Este miedo a lo exterior se contrapone con lo que ocurre dentro del perímetro de la casa y con el desenlace familiar. En tu opinión, ¿no se puede superar el miedo

Sí se puede superar el miedo, lo que no se puede es resguardarse del peligro. Cuanto más te resguardas, el miedo no disminuye, sino que crece.

Por eso las fobias no hacen más que empeorar. Algo de eso estaba viviendo yo en la época en que escribí La azotea, no en vano esa es la emoción que más permea el texto. Fue una época de muchas fobias, en la que me costaba cada vez más salir de mi casa y relacionarme con otras personas. Fue a partir de mi propia emoción que comencé a explorar el personaje de Clara.

El pasado de Clara aparece y reaparece en repetidas ocasiones, dejando latente muchos elementos que van en consonancia con esta sensación de ahogo y de extrañeza del espacio, pero trasladado al plano familiar. ¿Crees que el amor es una amenaza?

Pienso que el amor puede habilitarnos a hacer las cosas más terribles. “Lo hago por tu bien”, por ejemplo, es una frase que me da terror.

En el caso de La azotea, no me interesaba retratar una mujer “mala”, como la mala de las telenovelas, eso sería simplista y plano. Justamente lo interesante era explorar cómo las circunstancias van acorralando a alguien que, aparentemente motivada por el amor, termina tomando decisiones terribles.

Fernanda Trías, escritora

Cambiando de tema, y para terminar, has sido galardonada con el primer Premio de Residencia SEGIB-EÑE-Casa de Velázquez para tu proyecto de escritura Mugre rosa. ¿Nos podrías hablar de este libro que estás escribiendo?

Es una novela que ha ido mutando bastante a lo largo de este año intenso de escritura.

El proyecto que presenté para el premio luego fue tomando otra forma, porque así es como yo escribo. Parto de una imagen o idea inicial, pero durante el proceso de escritura voy descubriendo la historia y voy dejando que se modifique.

En esta novela también hay algún tipo de triángulo familiar y una reflexión sobre las formas tóxicas del amor, y también hay un mundo claustrofóbico, aunque ya no encerrado, sino que el mundo exterior literalmente oprime a los protagonistas, a partir de una catástrofe ambiental y de una crisis alimentaria.

Acorralados, los protagonistas deben tomar ciertas decisiones que siempre terminan hablando de ellos mismos, de sus carencias, de su naturaleza.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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