Sabina Berman: «Aceptar que llevamos milenios encerrados en relatos muy distantes de lo real, da terror»

Sabina Berman (Ciudad de México, 1955) es una mujer polifacética: escritora, periodista, dramaturga, guionista de películas de Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón, entrevistadora del programa Sha la lá (Televisión Azteca) y defensora de los derechos civiles. Tras el éxito de La mujer que buceó dentro del corazón del mundo (Destino, 2010) vuelve con El dios de Darwin (Destino, 2014). En la siguiente entrevista nos cuenta detalles de su nueva novela y nos habla de su visión sobre la ficción, la ciencia, la religión, el lenguaje o el papel de la mujer en una sociedad como la mexicana, entre otras cosas.

Tu trayectoria como periodista, escritora de cine, teatro, poesía y novela es muy reveladora, pues demuestra un gran compromiso no solo con la sociedad, sino también con la propia escritura y, por extensión, con el lenguaje. ¿Cómo definirías tu oficio?

Uso el lenguaje. Lo investigo. Investigo sus usos. Sus usos prodigiosos. Pruebo sus límites. En el periodismo me importa la verdad. La verdad: la coincidencia entre el relato y los hechos, aunque últimamente estoy escribiendo periodismo ficción. En ficción, no me importa la verdad, pero alimento el relato ficticio de lo real, porque lo real es interminable. Y hay más asombros en lo real que en ninguna ficción, incluida la religión. Así que jugar con el lenguaje y sus efectos ha sido mi vida.

La literatura mexicana goza desde hace años de muy buena salud con autores internacionalmente conocidos como Jorge Volpi o Juan Villoro, entre los más activos. ¿Dónde te enmarcarías en este panorama literario contemporáneo?

Soy de la generación de Villoro. Soy amiga de Volpi. Comparto con ellos el rechazo al provincialismo y la certeza de que el español es la segunda lengua más usada del planeta. Eso implica mucho. Implica asumirnos como occidentales, a la par que los europeos o los anglosajones. Saber que participamos en la misma cultura amplia. Pero igual sabernos excéntricos. Externos al centro de Occidente. Y aprovechar eso como un destino. Sí, estamos en Occidente, pero por estar en su periferia lo vemos distinto que quien está en el centro.

Supongo que, además, por estar en un país que padece una guerra civil, los tres autores hemos vuelto a los temas fundacionales de Occidente. A preguntarnos esos temas sin darlos por sentado. En mi caso: ¿cuál es el mega relato que tenemos de la vida? ¿es nuestra moral una invención o tiene raíces en algo mayor que el lenguaje (en la Naturaleza)?

¿Cómo se vive en México hoy en día el hecho de ser mujer y escritora?

Uf. Es difícil. En México la misoginia es una realidad con algunos huequitos. ¿Qué le digo? Las dos revistas principales de literatura tendrán unas cuatro escritoras de planta. Resulta que yo soy una de ellas, pero no lo tomo como un privilegio, sino como una opresión. Es ser una negra en un club de güeros (‘rubios’).

¿Qué más? El Colegio Nacional tiene como dos mujeres miembros. Los premios son el 98% para señores de corbata. Los periódicos, salvo uno, están dirigidos por hombres. Pero bueno, hablo de ello cuando puedo y así por lo menos le pongo nombre a lo que es y está terriblemente mal.

¿Es casual que Karen Nieto –la protagonista de tu última novela, El dios de Darwin, y también de la anterior, La mujer que buceó dentro del corazón del mundo– sea una mujer?

No, no es casual. Es natural. Karen es mi hermana imaginaria. Un lugar especial de empatía y conocimiento nos une por ser hembras de la especie. Aunque en el caso de Karen, los temas que la movilizan no tienen que ver para nada con el género.

Mira, Karen es una postfeminista absoluta. Se ha rasurado el pelo para no tener que peinarse. Hace el amor con quien le gusta y ni se le ocurre enamorarse.

El formato de thriller de la novela es, sin duda, muy acertado. La trama parte de una búsqueda: el descubrimiento del secreto de Darwin. Un descubrimiento no solo para los lectores, sino para los propios personajes de la novela. ¿En qué se fundamenta esta búsqueda?

Al final de la novela aparece una lista de HECHOS. El fundamento de la novela está ceñido a lo real. Mi intención fue reproducir mi propia inmersión en la obra de Darwin. Mis propias sorpresas y terrores. Porque ver el mundo como lo vio Darwin es aterrador. Él mismo como escritor nubló ese terror para ser más light. Pero renunciar a la idea de un control en el universo, o un destino o un aumento de eficacia, aceptar la realidad como algo azaroso, sin rumbo, da terror. Aceptar además que los humanos llevamos milenios encerrados en relatos muy distantes de lo real, da terror. Aceptar que somos apenas lo suficientemente imperfectos para no morirnos de golpe hoy, da terror. Aceptar que la realidad es interminable, da terror. Y claro, del otro lado del terror están los asombros. Y luego, la sobriedad que da conectarse por fin a lo real.

La figura de Darwin aparece de manera abundante en la novela, tomando incluso la palabra como un personaje más. ¿Cómo nace esta idea de abarcar estos periodos temporales entre el siglo XIX y el XXI? ¿Por qué dar voz propia al Darwin de los últimos años de su vida?

Darwin vivió en carne propia el tránsito de la fe en el Relato Religioso a la sobriedad del Relato de la Vida de la Ciencia, que él fue el primero en trazar de forma convincente en su Origen de las especies. Antes de Darwin ningún científico había logrado un relato que pretendiera explicar el origen de las formas vivas del planeta entero. Y en ese tránsito perdió la confianza en la bondad última de la vida.

Sin embargo, a raíz de que vio surgir las primeras teorías “darwinistas” sociales, con su extremo cinismo, en los últimos años de su vida, buscó una moral natural. Y la encontró. Una Ciencia del Bien y el Mal. O su esbozo. Es decir, Darwin vivió lo que nuestra cultura está terminando de vivir (el tránsito a la percepción real de lo real) y luego algo que nuestra cultura todavía ni siquiera empieza a vivir: la reconexión con la Naturaleza como única fuente de certezas. Por eso, la biografía de Darwin evoca nuestros conflictos actuales y predice nuestras soluciones. Leer la autobiografía de Darwin es leer una metáfora de lo que somos los occidentales y del por qué lo somos, y a menudo no lo sabemos.

¿Cómo ha sido el proceso de investigación para la escritura de la novela? ¿Dónde acaba la realidad y empieza la ficción?

Digamos, brevemente, que las afirmaciones científicas no son inventadas. No podrían serlo. Y que los hechos cruciales de la historia tampoco lo son. Al final del libro hay un recuento de estos hechos cruciales. Aunque no de todos, porque enlistar todos los momentos de no ficción sería transcribir gran parte de la novela.

Con el personaje de Karen, el lector descubre la realidad a través de unos ojos que transmiten una percepción totalmente distinta a la nuestra y que permiten poner sobre la mesa grandes interrogantes de nuestra existencia. Según tu opinión, ¿qué aporta esta mirada objetiva, propia del procedimiento científico, sobre los acontecimientos narrados?

A mí Karen me parece la materialista pura. Percibe lo que es y no imagina lo que no es o lo que sólo existe en la esfera del lenguaje. Existe y solo a veces piensa. Interpreta poquísimo. Imagina poquísimo. Recuerda poquísimo. Y su único modelo teórico de lo real es el darwinismo. Para mí Karen es un esbozo de una nueva forma de estar en la vida. Me intriga y me hace reír, porque a cada párrafo ve al emperador desnudo.

El dios de Darwin parte de esta mirada científica darwinista de Karen para ir desviando el relato hacia la religión, o mejor dicho las religiones, motivada por el descubrimiento de la autobiografía teológica de Darwin. ¿Consideras que la religión y la ciencia son categorías compatibles?

No, no me parecen compatibles. Son dos formas distintas y opuestas de relatar lo real. Darwin lo explica casi al final del libro.

En la novela escribes “las palabras son algo más que palabras. Arman el Relato que tenemos de la vida. Un relato siempre imperfecto e insuficiente, pero es lo mejor que tenemos”. A la hora de escribir, ¿partes de esta premisa? ¿Cuál es tu concepción del relato?

Ah sí, qué imperfecto es el relato. Nunca captura el todo. Nunca lo captura milimétricamente tampoco. Pero es lo único que tenemos para capturar lo real y luego hacer ejercicios mentales prodigiosos. Reinventarlo. Darle significado. Transmitirlo. Acumularlo.

¿Qué papel desarrollan las ilustraciones que aparecen a lo largo de la novela?

Las ilustraciones y las onomatopeyas son un vaso comunicante con un lenguaje más cercano a lo real que el lenguaje hecho de sonidos arbitrariamente asignado a las cosas.

Para terminar, ¿nos podrías adelantar en qué proyectos te encuentras involucrada?

Estoy de vacaciones de la máquina de escribir, ensayando una obra de teatro: Testosterona. Estrenamos en la Ciudad de México el 27 de marzo.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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