«Putas asesinas» de Bolaño: [Diálogos en] el no-tiempo y el no-espacio

«Todo Map», Cynthia St Charles, 2011

 
Hace unos meses me encontraba en una clase de Filología Hispánica en la que analizamos la obra de Bolaño, y en concreto Putas asesinas, cuando algunos de mis compañeros mostraron su desencanto e incluso su rechazo hacia el autor. Las razones eran dos: estéticamente no les atraía —algo comprensible dentro de lo que cabe— y, por otro lado, no lo entendían. En ese momento pensé que qué podíamos esperar, acostumbrados como estamos a un tipo de literatura lineal que es fabricada en lugar de ser creada, y que se basa en un argumento con principio y fin. El relato en el que nos centrábamos era el que da nombre el libro, puede que uno de los trabajos más singulares de Bolaño por el juego que plantea al lector a través de una estructura que sigue el esquema de un diálogo.

—Te vi en la televisión, Max, y me dije éste es mi tipo.
—(El tipo mueve la cabeza obstinadamente, intenta resoplar, no lo consigue.)
—Te vi con tu grupo. ¿Lo llamas así? Tal vez digas banda, pandilla, pero no, yo creo que lo llamas grupo, es una palabra sencilla y tú eres un hombre sencillo. Os habíais quitado las camisetas y todos exhibíais el torso desnudo, pechos jóvenes, bíceps fuertes aunque no tan musculados como quisierais…

Desde pequeños se nos remarca una y otra vez que en todo diálogo literario es necesario especificar quién habla en cada momento y qué acción está desarrollando. La finalidad de todo ello es establecer un tiempo y un espacio para guiar al lector y, en cierto modo, dejar poco espacio para su imaginación. Es decir, las explicaciones dialogísticas en la narrativa sirven para que el escritor lo deje todo bien atado.

Ahora bien, lo que sucede cuando no lo explicas todo tan minuciosamente es que el lector, acostumbrado a que se lo den todo mascado, tiende a sentir que le falta una información que no le están proporcionando y se pierde por completo. De esta manera creó Bolaño su relato “Putas asesinas”, que consiste en un diálogo prácticamente monopolizado por una mujer que tortura a un hombre, el cual no llega a intervenir. De hecho, sabemos de su estado por el discurso de la asesina y por las intervenciones del narrador acotadas entre paréntesis: “(El tipo mueve la cabeza de izquierda a derecha. Insiste con los resoplidos, suda.)”, “(El tipo asiente repetidas veces. Lo que antes eran gestos de negación o desesperación se convierten en gestos de afirmación…)”.

A lo largo de 16 páginas, Bolaño crea una situación perturbadora y violenta donde el lector sabe que algo terrible está a punto de ocurrir porque el escritor ha eliminado todo signo espacial y temporal. Esto favorece el juego y la intervención activa del receptor ya que quien lo lee, por un lado, puede imaginar la escena en cualquier lugar y, por otro, sentirse, hasta cierto punto, maniatado como el personaje.

Cynthia St Charles, 2011

Esta práctica de Bolaño, en parte provocadora, se puede deber a que el escritor tenía cierta fijación con el espacio, con el hecho de sentirse fuera del lugar donde se encontraba y no poder estar en el sitio donde debería. Puede que ese sentimiento de “dislocación” se debiera a su huida de América, o no, o puede que este hecho sólo acrecentara aún más su no-espacio. En todo caso, los personajes de Bolaño siempre están fuera de su lugar. Por ejemplo, en El Ojo Silva dos antiguos amigos chilenos se encuentran en París por casualidad, mientras que 2666 los archimboldianos nunca se reúnen en el mismo punto, sino que vagan por Europa de congreso en congreso. Incluso cuando Bolaño no habla de ningún exiliado, juega a descolocar a los lectores como hace con “Putas asesinas”.

Andrés Neuman dejó constancia de este sentimiento en su blog contando que Bolaño lo llamó un día en el que su foto salía en un periódico de Buenos Aires y, antes de que él dijese nada, le expuso:

(…) ¿ves?, ahora estoy aquí y no estoy allá, ahora no estoy aquí y estoy allá, ahora no estoy aquí ni tampoco allá, esto es una grabación, adiós, me largo, este mensaje se autodestruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno… (Roberto Bolaño)

Ese no estar en ningún sitio y estar en todos perseguía a Bolaño en la realidad y en la ficción, y le llevó a ejecutar en “Putas asesinas” una de las prácticas más perturbadoras para el lector: la eliminación total de cualquier signo de espacialidad. Su no-tiempo y sobre todo su no-espacio fueron el hilo conductor de gran parte de su producción y, según parece, también de su vida.
 

Sobre el autor
(Alicante, 1991) Licenciada en Filología Hispánica. En 2004 publicó su primer libro y desde entonces se ha dedicado al cultivo de la precaria vida del escritor. Las interrelaciones artísticas llenan de artículos su rizo(as)mático blog. Sueña con romper bajos al más puro estilo Simonon. ---> Rizo(as)mática
1 comment on this postSubmit yours
  1. Muy buen texto! En la segunda parte de Los detectives salvajes también vemos esa desubicación que mencionas. Creo que es uno de los temas fundamentales del autor.

    Saludos.

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