Lemmy Caution y Alphaville: la verdad periodística a través de la violencia

Música: «Chantaje contra una mujer», Henri Mancini, 1962
Imagen: Alphaville, Jean-Luc Godard, 1965
Edición de vídeo: D.

 
En 1933 André Gide (1869-1951) fue invitado a la Unión Soviética para que admirara las bondades del modelo bolchevique. Tres años después, sospechando que aquella primera visita había sido una ilusión producto de una coordinada maniobra propagandística, decidió volver. La publicación en 1936 de Regreso de la URSS constituye un irreparable terremoto en el seno de la izquierda antifascista: Gide denuncia un sistema exhausto que es incapaz de garantizar la supervivencia de sus trabajadores y que ha propagado eficazmente un discurso monolítico que no admite discusión.

Si hasta ese momento el comunismo soviético era la alternativa esgrimida frente al auge de los fascismos, a partir de entonces, las críticas —que tienen en Archipiélago Gulag, de Solzhenitsyn, su más popular denuncia— contra la matanza organizada, la centralización burocrática, la gestión de la miseria y la ideología coactiva, en diferentes niveles, serán aspectos que ominosamente compartirán ambos bandos.

La crónica de Gide responde a su compromiso intelectual, a un cierto tipo de insobornable —no del todo rara— honestidad. En parte, y muy idealmente, la labor del periodismo presupone esta adhesión a la verdad, aunque también se sabe que tal pretensión ha quedado desmentida por el devenir del mundo. Pero en los campos de batalla la pluma no es suficiente, y es aquí donde el periodismo gonzo, que plantea la incursión del periodista en los acontecimientos, aplica sus propiedades corrosivas: suicidarse profesionalmente es menos creíble que hacerlo personalmente. La honestidad solo puede funcionar como principio de muerte.

Lemmy Caution (Eddie Constantine), protagonista de Alphaville (1965), dirigida por Jean-Luc Godard, es un agente secreto que se hace pasar por periodista. Su misión es la de dar cuenta de las características del sistema organizado alrededor de α60, la computadora que gestiona, como si fuera su médula espinal, la vida de la ciudad. El responsable del mantenimiento del sistema es el profesor Von Braun, referencia obvia al ingeniero nazi que asistió al III Reich en la ofensiva armamentística final con los misiles balísticos V2 y cuya tecnología sería reciclada posteriormente por la NASA.

Bajo el pretexto de estar recabando información para su periódico, el Figaro-Pravda —nombre que alude a una cierta esquizofrenia, entre la derecha y la izquierda—, Caution trata de llegar a Von Braun. Si el propósito del periodista es el de hacer públicas las iniquidades de los totalitarismos, de acuerdo con la necesidad de exigir justicia, la actitud del agente secreto es la de argumentar a través de la violencia, de acuerdo con la necesidad de impartirla. Alphaville está más cerca del hardboiled, subgénero negro en el que el protagonista sacude antes de preguntar, que de la ciencia-ficción; de ahí que en el vídeo incrustado se hayan mezclado imágenes de la película de Godard con el tema principal de Chantaje contra una mujer (Blake Edwards, 1962), escrita por Henry Mancini, partitura clásica del film noir.

La alarma de Gide consentía con unos tiempos en los que la clase intelectual pugnaba por ser incorruptible y evitar ceñirse a las disciplinas ideológicas. Sin embargo, el diálogo corría el riesgo de volverse inoperante en la medida que las potencias totalitarias se estaban armando y tomando posiciones. El aparentemente disparatado método expeditivo de Caution tiene algo de precavido, pero sobre todo condensa la verdad de los puños, que rehúye la corrupta disciplina moral.
 

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