¡Atención, vigilen sus ideas y pertenencias, hay ladrones en esta web!

Lector en el metro de Nueva York | Ilustración: Lola Abenza

 
Pliego Suelto informa: Para la redacción del siguiente texto se han robado ideas de Michel de Montaigne, Bob Dylan, Agustín Fdez. Mallo (como precursor de Borges) y Gilles Deleuze, entre otros que ahora mismo he olvidado.

Por Pliego Suelto pululan ladrones de ideas, bandas de cuatreros intelectuales, golfos apandadores, Reservoir Dogs del pensamiento, navajeros universitarios, cacos de biblioteca y carteristas de lectores de metro. Todos muy buena gente, no lo duden, pero les recomendamos que palpen de vez en cuando su cartera y vigilen las ideas que acuden a su mente cuando visitan esta web, pueden ser substraídas al mínimo despiste.

Sí, en Pliego Suelto robamos. Robamos, pero ojo, no copiamos. No hacemos calco, ni doble, ni clon del pensamiento encontrado: Pensée trouvée, porque robar es encontar y encontrar pensar y pensar es robar y así.

Sí, soy un ladrón de pensamientos,
 / un ladrón de almas no, se los juro; 
/ he construido y reconstruido
 /
 sobre lo que está esperando
 / porque la arena de las playas
/ esculpe muchos castillos 
/
 sobre lo que ya estuvo abierto 
/
 antes de mi llegada 
/ 
una palabra, una musiquilla, una historia, una línea, / 
llaves en el viento para que mi mente huya 
/
 y proporcionar a mis cerrados pensamientos una
 corriente de aire fresco. (Bob Dylan, Escritos y dibujos)

Robamos porque no poseemos ni sabemos casi nada, porque no somos apenas nada. Olvidamos más que acumulamos. Habitamos en el límite de una suerte de amnesia lúcida, vívida. Y, así, con esa ligereza que nos caracteriza, recogemos pedazos de cosas, los transformamos y los volvemos a olvidar. Vamos a la deriva y en nuestro devenir topamos con ideas, emociones, joyas, perros atropellados y cascadas.

Encontrar es hallar, capturar, robar, pero no hay método, tan solo una larga preparación. Robar es lo contrario de plagiar, de copiar, de imitar y de hacer como. (Gilles Deleuze, Diálogos)

Sorteamos las cosas o las hacemos nuestras, las digerimos. Y una vez fagocitadas, eso que era propiedad de otro ya no es de nadie, ni siquiera nuestro. Pensamiento encontrado, engullido y genéticamente modificado por nuestro metabolismo.

SE BUSCAN: Bob Dylan y Gilles Deleuze (con Claire Parnet)

 
Puede que el mayor acto de amor a un concepto sea la fagocitación. El canibalismo intelectual como la mayor aspiración del filósofo. El que ama la sabiduría y el conocimiento, se los come. Como decía Oscar Ladoire a su prima y amante vegetariana en una película de los primeros ochenta (cámbiese a continuación “vaca” por “idea ajena” y se entenderá mejor de qué estoy hablando) :

Para mí, comerme una vaca es como mostrarle mi amor. Es el poema de amor que le hago a la vaca, es el acto de amor supremo, fagocitar, ser uno con la vaca. (Fernando Trueba, Ópera Prima)

Como no entendemos la diferencia entre suyo y nuestro, mezclamos las ideas dispersas que vamos acumulando desordenadamente con otras que recogemos por el camino, multiplicándolas hasta el infinito, abandonándolas otras veces en una cuneta y recuperándolas, en otras ocasiones, al cabo de muchos kilómetros sin razón alguna.

Transitamos por caminos no previstos, digresivos, dando rodeos, tomando bifurcaciones, atravesando atajos. Haciendo metástasis de las ideas encontradas, parasitando, recombinando.

Pues si (el joven estudiante) abraza las opiniones de Jenofonte y de Platón por propio razonamiento ya no serán de ellos, sino suyas. […] Ha de imbuirse de sus actitudes, no aprender sus preceptos. Y que tenga la osadía de olvidar si quiere, de dónde le vienen, mas sabiendo apropiárselas. La verdad y la razón son patrimonio de cada uno y no pertenecen más a quien las ha dicho primero que a quien las dice después. […] Las abejas picotean en esta y en aquella flor; mas después hacen con ello la miel que es de todas; ya no es ni tomillo ni mejorana; así transformará él las piezas tomadas de otro, fundiéndolas para hacer con ellas una obra totalmente suya […] (Montaigne, Ensayos, “De la educación de los hijos”)

Hacemos rizoma con el conocimiento encontrado, conectamos nuestras ideas y emociones a un libro, a una canción, a una conversación, y dejamos que fluyan intensidades en ambos sentidos; que se produzcan cortocircuitos. No se trata de “comprender” sino de “multiplicar”, con los otros y con sus ideas.

Y como no somos de una sola pieza sino multiplicidades entrópicas y nómadas, hibridamos literatura con cine, política, televisión, tecnología y todo aquello que aparezca, grande o pequeño, señal, artefacto, roca o insecto.

Nada de ser un sabio, saber o conocer tal dominio, sino aprender esto o aquello en dominios muy diferentes. (Gilles Deleuze, Diálogos)

Líneas de fuga activas y creadoras. Y así va la cosa. Circular, serpentear, estar, somatizar y canalizar en fusión perpetua con el mundo; sin sistemas ni a prioris, en la ráfaga de las circunstancias, sin buscar esencias.

SE BUSCAN: Michel de Montaigne y Agustín Fernández Mallo

 
De todo ese mejunje de hibridaciones a veces nos fijamos especialmente en una idea impetuosa que sobresale y pugna por copular con otra y tratamos, entonces, de darles forma escrita. Nada más lejos de nuestra intención que neutralizarlas con un lenguaje académico y fosilizante. Buscamos la voz propia que las articule, aunque esta voz sea tan solo un quejido, un tartamudeo, un hilo vocálico trémulo. Si conseguimos que esa voz por precaria que sea conecte con la mutiplicidad que también es el lector nos habremos dado por satisfechos.

Trazamos y conectamos múltiples líneas. Tejemos textos que mutan constantamente, que no interpretamos ni domesticamos sino más bien torcemos y sobrevoltamos. Textos que nos llevamos con urgencia hacia territorios desconocidos de un mapa infinito, como si del botín recién robado de un banco se tratara.

Ser una «banda»: las bandas corren los mayores peligros […] pero lo bueno de una banda es que, en principio, cada uno es responsable de sus propios asuntos, cada uno lleva su botín, sin que por ello deje de juntarse con los demás; así es como se esboza un devenir, como se pone en movimiento un bloque, que ya no es de nadie, sino que está «entre» todo el mundo, como un barquito que unos niños sueltan y pierden, y que otros roban. (Gilles Deleuze, Diálogos)

 

Sobre el autor
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  1. Interesantísimo! Bs porteños 😉

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