María Cabrera: “Televisión es un canto a la dignidad del trabajador, a los que lucharon y perdieron”


 
Entrevistamos a María Cabrera (Madrid, 1985) a propósito de su primera novela, Televisión (Caballo de Troya, 2017), en la que retrata el despido masivo de novecientos trabajadores de una televisión autonómica. La escritora ha publicado el poemario La habitación del agua  (Baile del Sol, 2014) y el libro de viajes Dos islas  (Séxtasis Ediciones, 2015), escrito a cuatro manos con el poeta Sesi García (Madrid, 1992). Además, es autora de la obra de teatro Despertamos, así como de una versión del clásico La dama de las camelias, ambas producidas por el centro TNT de Sevilla.

Televisión se ancla en un tiempo determinado, año 2013, y en una situación concreta, el ERE de Telemadrid, que tú misma sufriste en primera persona. ¿Qué te llevó a plasmar este episodio de tu vida y la de los trabajadores que fueron despedidos?

María Cabrera, 2017

El libro parte de un hecho real, el ERE de Telemadrid, que en enero de 2013 dejó a 925 trabajadores en la calle. Es el relato de las vidas en quiebra de las personas que trabajan en una televisión en quiebra. Un recorrido por las causas y consecuencias del final que aconteció transitan la realidad de los últimos años de la cadena.

Pensaba que había que guardar la memoria, no hacer como si no hubiera pasado. Me preguntaba dónde estaban esas personas cinco años después. Yo viví el periodo final de la televisión, presencié una situación tremendamente injusta, gravísima, y asistí al dolor de muchísimas personas, pero al mismo tiempo vi cómo se unían y luchaban, demostrando una fuerza magistral.

El libro es un canto a la dignidad del trabajador, un tributo a aquellos que lucharon y perdieron. Se inscribe en nuestra historia más reciente, un episodio que da cuenta de las consecuencias de la reforma laboral del Partido Popular a partir de la crisis económica, por la cual se han recortado nuestros derechos. La lucha que llevaron a cabo aquellos trabajadores la perdimos todos.

Conviene recordar que hoy somos más débiles, que nos han incapacitado para hacer frente a una situación como esta, que nos despiden y ni siquiera lo vemos venir. Hoy, el maltrato laboral es mayor que hace cinco años. Por eso, pasado el tiempo, la importancia de esta historia aumenta.   

María Cabrera, escritora

La novela gira en torno a tres personajes, dos individuales (Henar y Daniel) y otro colectivo (nosotros), que se entrecruzan constantemente. ¿Qué te llevó a narrar la historia desde estas perspectivas?

Ese entrecruzarse de los personajes lleva al lector a verlos como están: desorientados, perdidos.

La estructura surgió a medida que la novela iba creciendo. En un momento entendí que un solo narrador era insuficiente para abordar la memoria colectiva de esta Televisión. Era necesaria una mirada a través de distintos personajes, recoger sus puntos de vista y, sobre todo, las circunstancias personales y la manera en la que cada una de las personas que perdieron algo en esta historia enfrentó el conflicto.

Era preciso que la propia Televisión (“ese ente que habita nuestras casas”, el título del libro), cuyo corpus son sus trabajadores, a través de sus voces y del propio lenguaje televisivo hablara por sí misma.

Tenía claro el personaje de Henar, que llega, desde un pasado por el que divaga al comienzo de la novela, a este mundo extraño que es para ella –y creo que para el lector también– la televisión. Este personaje llena de grises un terreno de buenos y malos, humaniza la historia. Como contrapunto de Henar está Daniel, su pareja y uno de los novecientos trabajadores que se queda en la calle.

Trabajadores de TeleMadrid, huelga de 2013

Por último, ese narrador en primera persona del plural, Nosotros, que hace referencia al grueso de los trabajadores afectados desde el momento en el que se constituyen como grupo para luchar contra el despido, se alza un grito común.

Me interesaba narrar la experiencia colectiva que surgió a raíz del conflicto, desde una posición distinta a la habitual al retrasmitir la noticia en los medios.

¿Qué hubo detrás de la pantalla en negro en nuestros televisores cuando se produjo la huelga indefinida? No se podía quedar en una masa anónima de damnificados, por eso hablan también desde el Nosotros personas concretas con nombres y apellidos, para poder atravesar la pantalla y entrar en las vidas de los que sufrieron en primera persona esa situación dolorosa.

Esta situación abre el debate sobre los usos políticos que se llevan a cabo desde las televisiones públicas que los contribuyentes pagamos. En varias ocasiones se han denunciado la parcialidad de las informaciones difundidas enTVE y TV3, por ejemplo. ¿Cómo ves el panorama de las televisiones públicas actualmente?

Lo que ocurre con lo público es que le salen dueños por todas partes. Es un problema de conciencia y de educación que no es solo de los políticos, parece que todo el que puede se suma al carro para hacer lo propio. Es lo que ha pasado en Telemadrid y en otras cadenas como la gallega, la valenciana, TVE… y lo que continúa pasando.

Raymond Williams, 1974

Un servicio que se supone que es para los ciudadanos lo utilizan los políticos para sus intereses, lo que deriva en una mala gestión que lleva a la ruina económica y una mala práctica periodística que los propios periodistas denuncian y que sufrimos los ciudadanos a diario, que acaba con las audiencias y, lo que es peor, con la confianza perdida en nuestros medios de comunicación.

Todo ello nos deja sin una herramienta muy valiosa y además se la entrega a quienes la utilizan para ejercer control sobre nosotros, ofreciéndonos una información sesgada, creando opinión, manipulándonos y, en último término, gastando el dinero de nuestros impuestos en ponerse sueldos desorbitados y pagar desproporcionadamente por programas que no llegan a buen término a productoras amigas y colaboradores. Estas son dos de las principales causas por las que se llega a producir, en este caso, un ERE como el de Telemadrid.

En este sentido, el libro apela a un Nosotros que supera la ficción porque lo que se defendió en todo el proceso del despido fue que aquella era la televisión de todos los madrileños, de quienes la hacíamos y de quienes hacíamos uso de ella como espectadores. Lo cual me lleva a preguntarme si esto es así, porque la historia acaba demostrando que no, que la televisión es de unos pocos, de esas élites que son los políticos que nos gobiernan y su gente de confianza.

Y no deja de resultarme curioso que uno de los efectos que produce la televisión en quien la ve es precisamente ese: nos hacer sentir protagonistas, nos mantiene soñando y fabrica una realidad conveniente para que la sintamos nuestra. Sin embargo, esa no es o no puede ser la realidad.

Sobre la televisón, 1996

En la novela se habla también de un sentido de la pertenencia distinto, el que tenían los trabajadores con su empresa, su televisión. Eran una gran familia y la televisión era su casa, y una se pregunta si no es este un sentido de la pertenencia erróneo, ya que implica el hecho de que por trabajar en ella se crean que realmente es suya (lo que se traduce en el cierre de puertas a otros empleados en ella), lo que acaba por convertirlos en una élite más. La novela habla de clases en este contexto.

Televisión se inserta en la tradición de las novelas de la crisis económica que ha padecido, entre otros países, España. ¿Crees que uno de los papeles del escritor es hilar una memoria de los acontecimientos que surgen a su alrededor?

Creo que el libro no deja indiferente porque trata un tema universal, el trabajo, en un momento en el que nos hemos sensibilizado con esta problemática por el brutal desempleo que ha sufrido España en la última década. Todos conocemos a alguien que ha vivido una situación de pérdida del trabajo o la hemos vivido personalmente, y nos sentimos identificados. Refleja una realidad que nos resulta muy cercana, con la que además hemos convivido como nación, precisamente y en buena parte a través de la televisión, en la que hemos presenciado las desoladoras colas del paro en las calles y los testimonios más cruentos a diario en los medios.

Del mismo modo que una superviviente como el personaje de Henar mantiene durante toda la novela la responsabilidad de contar lo que ha sucedido, en el escritor está implícito el hecho de que, de una manera u otra, va a dejar constancia a través de las palabras de algo del mundo en el que le ha tocado vivir.

¿Hasta qué punto piensas que mantiene ciertas conexiones con el periodismo?

La novela no está tratada desde un punto de vista periodístico ni se centra en la labor del periodista, aunque evidentemente tiene un papel subyacente esencial. Lo que sí hace es motivar una reflexión en torno al papel de la televisión, los servicios informativos, el bombardeo de información, el tratamiento y el uso que se hace de ella, el poder de los medios, internet, la sociedad de la imagen, etc.

No obstante, hay en el libro un momento en el que la historia se hace eco en los medios, y ahí aparece el lenguaje periodístico para reproducir dichas noticias, o también en esas otras partes de la novela más pegadas a la realidad como la crónica de las manifestaciones y huelgas. En otro momento parecemos asistir, casi en forma de teletipos, a los destinos de cada uno de los trabajadores que han sido despedidos.

En cambio, sí que considero que se puede hablar de un lenguaje televisivo en la novela. Puesto que el hilo argumental se desarrolla dentro de la televisión y abarca todas las profesiones que confluyen dentro de esa gran fábrica de sueños o de imágenes, el libro pretende dar cuenta de ese cosmos en el que los personajes generan, con su trabajo, una cantidad de contenido audiovisual que me resultaba muy enriquecedor.

Don DeLillo, 1985

Quería acercarme a ese material de manera más cuidadosa, o más pausada; como me había acercado a la intimidad ajena de los personajes, desde un ángulo diferente al impreso por la velocidad del medio y su acostumbrado vómito de contenido sin límites, acercando el plano hasta colocarnos en el paso mismo del cursor, encima de la imagen física, adelante y atrás por la línea de tiempo del programa de edición dentro del ordenador, en la que se van superponiendo los cortes de imagen con los que un montador, en una sala oscura de ese edificio gigante va construyendo, sin prisa, una realidad diferente.

Uno de los personajes de la novela afirma que la televisión es el mayor generador de opinión pública del mundo, ¿crees que esto es aún así en un contexto en el que el medio rey parece que es ahora internet?

Antes hablaba de las causas por las que se había llegado a una situación que deja a 925 personas en la calle. Pienso que el futuro de la televisión pasa por internet, y esa estructura sólida que ha sido hasta ahora se está transformando en otra cosa.

El avance de la tecnología está sustituyendo mano de obra por máquinas, y con ello se van perdiendo muchos puestos de trabajo en cantidad de sectores.  Hoy se hace televisión en internet con dos personas, se retransmite en streaming, se ha reducido el coste y el equipo, pero, es más: ¿quién está viendo la televisión hoy si la mayoría de la gente está mirando sus teléfonos móviles, es decir, internet?

Metro en Corea del sur

La televisión pasa a ser algo del ámbito privado, de las personas mayores encerradas en sus casas, del tercer mundo en el que la televisión sí que está mucho más instalada, y hay una tendencia a que todo esto desaparezca (la privacidad, las personas que son mayores hoy en día, el tercer mundo ni siquiera existe para nosotros, vivimos completamente de espaldas a él).

La televisión no está democratizada como internet, en donde todo el mundo puede emitir juicios, opiniones y comunicar del mismo modo que hace la televisión, pero con la diferencia de que en la red son millones de personas emitiendo mensajes, la mayoría de los cuales no llegan a casi nadie.

La televisión, sin embargo, está totalmente centralizada, cuenta con unos pocos canales emisores para el mismo público que es toda la población. Si se piensa realmente, el poder que ha ejercido la televisión desde que nació es inmenso, por lo que yo observo sí que coincido en que la televisión es a día de hoy el mayor generador de opinión del mundo.

Pero internet está desarrollando sus propias técnicas y para las nuevas generaciones la televisión ya no producirá el mismo efecto que ha venido teniendo hasta ahora. Así que la tendencia está cambiando. Y, quizás por ello también, como ocurre en el libro, las televisiones están desapareciendo.

Franco “Bifo” Berardi, 2014

En la novela, escribes: “La cantidad exultante de información provoca un efecto de realidad aumentada”…

Y añadiría: Vivimos en una realidad aumentada cada vez más desorientados.

En buena parte por la cantidad desmedida de información que tenemos que manejar todo el rato, que infla la realidad y nos vulnera. Los medios en sí mismos provocan ese efecto de amplitud, las redes sociales… Es desquiciante.

¿Qué interés tienen las horas y horas de debate televisivo vacío en el que unos tertulianos hablan, lo mismo de un tema que de otro –violaciones, atentados, enfermedades, desgracias que pueblan nuestro imaginario– sin tener una opinión sólida ni estudiada al respecto?

Es una imagen bastante recurrente en ciertas cadenas de televisión que no nos ayuda en nada a vivir mejor. Y no nos cuestionamos esto, esa batalla ya la ganó el capitalismo.

Televisión la escribes después de publicar un libro de poesía, y realizar dos incursiones en el mundo teatral para el centro TNT de Sevilla. ¿Cómo se dio el paso de un género a otro?

No he tenido la sensación de saltar de un género a otro, sino de ir avanzando en la propia obra. Escribo cuando algo me conmueve o me sacude, no importa de dónde provenga. Una obra de teatro, un libro de poemas o una experiencia vivida son motores para la creación.

María Cabrera, escritora

Escribir es experimentar. Incluso en el caso de Televisión, que tiene claro afán por contar, lo primero que encontré fue un tono en la narración.

Después repensé el relato que había comenzado a escribir y que se había agotado a las pocas páginas: una historia de dos amantes. Me di cuenta de que transcurría en unos años en los que (me) habían pasado muchas cosas y apareció de manera muy clara la historia de la tele, que es una historia inmensa, y que tenía la novela.

Después de esta primera novela, ¿vas a seguir en este género? ¿Ahora estás trabajando en algún otro proyecto?

Sí, me gustaría escribir otra novela; me he sentido muy cómoda en ese género. Pero todavía le estoy dando vueltas.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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