Gabriel Ventura: “El autor se dedica a coleccionar historias y el lector, con todo ese material y algunas pistas, debe reconstruir el relato”

Fragmento de la cubierta de «W», Gabriel Ventura, Edicions Poncianes, 2017

 
El escritor, poeta y traductor, Gabriel Ventura (Barcelona, 1988), nos habla del proceso de gestación de su última obra W (Edicions Poncianes, 2017), una mezcla de poesía, narración, epístola y arte contemporáneo. El joven autor se refiere también al panorama de la literatura en catalán, el potencial del género epistolar en nuestros días y los hilos comunicantes entre el escritor y el lector. Ventura ha publicado el poemario Ignar y ha traducido una colección de versos de Samuel Beckett Bèsties 1. Beckett (Ediciones Poncianes, 2013).

La historia de W, el protagonista del libro, transcurre en la simultaneidad de un tejido fragmentario, fruto de la mezcla de géneros, técnicas y puntos de vista. ¿Se trata de una experimentación en busca de ese, en palabras de Valéry, “Phénomène Total” o bien de un eco-reflejo de estos tiempos?

Más lo segundo que lo primero, aunque también me interesaba mucho crear un tipo de experiencia lectora fuera de lo común. Por consiguiente, decidí incluir imágenes con el fin de crear un simulacro de la cotidianidad contemporánea, en la que el sujeto se encuentra constantemente invadido por todo tipo de discursos. Unos discursos que, casi siempre, son expulsados desde la pantalla, como cohetes llenos de mensajes que intentan colonizar nuestro cerebro, nuestro espíritu, y neutralizarlo.

Frances A. Yates, 1966

El teatro de la memoria de Giulio Camillo (1480-1544) fue una fuente de inspiración de W, así como las teorías renacentistas de la imagen, especialmente las de Ficino, Giordano Bruno y Pico Della Mirandola.

He intentado diseñar un escenario que fuera un simulacro de nuestro mundo actual. Cada página funciona como un espacio en el que tanto W como el lector pueden moverse y actuar a sus anchas. Las páginas están pensadas como habitaciones. Por eso la importancia de los números y de ciertos “juegos” internos del libro. Obedecen a esta construcción minuciosa de la atmosfera y los escenarios.

Todo esto está muy bien explicado en un par de libros que recomiendo encarecidamente: El arte de la memoria (1966) de Frances Yates, y Eros y magia en el Renacimiento (2007) de Iona Petru Culianu. Han sido dos libros que me han marcado mucho, de dos grandes sabios, desconocidos, sutilísimos.

“La literatura no existeix. Els escriptors només són una probabilitat [...] Màquines de copiar ànimes”, señalas en la “Advertencia” al bloque “Divina Cömedia”. ¿Podrías ampliar esta reflexión?

Escribir desde la inexistencia, desde la invisibilidad, desde la hipótesis. Un recurso para esquivar el hechizo de la espectacularidad que significa “ser escritor”. Lo que no existe brilla con más fuerza y lo más importante: aún no puede ser usado. Un material improbable, una semilla. Empezar a existir como escritor es, quizás, empezar a aceptar tu condición de máquina, tu función concreta dentro del sistema.

Imagen de «W»

Por esta razón he intentado ofrecerle al protagonista un cuerpo holográmico, frágil, casi intangible, como el propio libro. Tengo la esperanza de que en esta esfera de lo inconcreto surjan nuevas posibilidades para la escritura.

Por otra parte, cada vez me atraen menos los “escritores” o la “literatura”, y más la escritura, el extraño oficio de grabar signos sobre superficies. Siempre intento volver a este deseo, no sé si primordial, de abrir una libreta nueva y escribir la primera frase. Después, todo queda manchado por las palabras, los errores, las faltas de ortografía. Desaparecer en la escritura o como decía Faulkner: don’t be a writer, be writing.

Partiendo del recurso de la caja encontrada, W reúne cartas, poemas, imágenes, citas y reflexiones que van cartografiando la trayectoria del misterioso protagonista, cuya misión es transportar un sapo rojo a través de ciudades y pueblos de todo el mundo. ¿Cómo comenzó a gestarse el proyecto?

Originalmente W tenía que ser una trilogía de poemarios. En la época en la que empecé a escribir los primeros textos y poemas, a principios de 2013, leía mucho cómic y ciencia ficción: Garth Ennis, Alan Moore, Philip K Dick… También mucha filosofía contemporánea y novela. Surgió la idea de crear una serie de poemarios protagonizados por un personaje con algún tipo de superpoder. Se me ocurrió, entonces, que el personaje podía viajar en el tiempo… un clásico. Al fin y al cabo, no me importaba tanto la trama como todo aquello que se podía contar, proponer o esconder detrás de esta estructura.

«W», Gabriel Ventura

Empecé a escribir los primeros poemas protagonizados por W, pero rápidamente la ficción empezó a crecer y el relato se me fue de las manos. Sentí que con la poesía no era suficiente, que debía contar la historia de otra forma, desde una nueva perspectiva.

Y pensé que W se comunicaría también mediante cartas. Me gusta el género epistolar, quizás por lo que tiene de antiguo, de inútil, de casi utópico, ya, en estos tiempos. Aunque, en realidad, hoy en día, el género epistolar quizás sigue siendo el más vivo de la literatura, puesto que nos pasamos el día enviando mensajes con el móvil. Werther (1774) no nos queda tan lejos.

En cualquier caso, la carta es el género de la primera persona por excelencia. Esto me ofrecía la oportunidad de meterme de lleno en la mente del protagonista, de contar la historia con su propia voz. Finalmente, me dije: ya que W envía cartas, también podría enviar postales. Y así empecé, junto a la artista y diseñadora Rosa Tharrats, a trabajar las imágenes del libro.

La carta inicial, escrita por el personaje que encuentra la caja con los documentos de W, no es una mera descripción, sino que llama la atención sobre aquellos elementos que cifran la historia, como las postales, el número 23, el eclipse o el sapo rojo. ¿Qué te llevó a crear esas zonas veladas? ¿Una voluntad lúdica o un mover al lector de cierta zona de confort?

Marcel Duchamp, 1941

W es un libro-caja, primo lejano de la Boîte-en-valise (1941) de Marcel Duchamp, aquella obra tan hermosa y lasciva. Por consiguiente, el papel del lector es muy importante. Reclama una lectura activa, interpretativa, crítica. Me interesaba que el lector tuviera que enfrentarse a un entresijo de historias y significantes, y con todo ello fabricar sus propios sentidos, portátiles y maleables.  ¡Lector, trabaja!

Durante la escritura del libro, siempre tuve cerca las Investigaciones Filosóficas (1953) de Wittgenstein. De vez en cuando abría el volumen al azar y leía algún párrafo. Ahí está todo: el lenguaje como juego. Un juego suave, áspero, contradictorio, extraño, ridículo, trivial, esencial… Lleno de matices.

La carta inicial era necesaria para dar algunas pistas, dado que todo juego requiere unas reglas. Se puede leer W siguiendo el orden de los poemas (que casi nunca tienen título), o poniendo más atención en las cartas, o en las postales… O en una combinación de ambas. También hay un recorrido secreto, indicado mediante números en algunas páginas.

Era divertido para mí, mientras escribía, y pensé que sería divertido también para los lectores.  Nada en el libro es gratuito. Hay un porqué, pero cada lector debe encontrar sus propias razones. Son mucho más importantes que las mías.

Derek Jarman, 1993

En este sentido, quería transmitir la idea de que, en el fondo, el autor es alguien que, por encima de todo, se dedica a coleccionar historias, y es el lector quien, con todo este material y algunas pistas, debe reconstruir el relato.

La parte visual es un componente esencial en el libro. ¿Cuál es la procedencia de las imágenes? ¿La selección se realizó siempre en función del texto o algunas imágenes fueron punto de partida e inspiración?

Casi todas las imágenes proceden de un enorme archivo que el abuelo de Rosa Tharrats, el artista, editor, diseñador y escritor Joan-Josep Tharrats, miembro de Dau al Set y personaje polifacético y muy curioso, se dedicó a recopilar a lo largo de su vida. Son imágenes que proceden de recortes de revistas y panfletos de viajes, y Tharrats los organizó meticulosamente en carpetas ordenadas por países y regiones. ¡Era como un Google Imágenes de la época, un compendio minucioso y vastísimo de fotografías, mapas e ilustraciones!

Hacía mucho que queríamos hacer algo con todo aquello y el libro fue la excusa idónea. Además, encaja perfectamente con la historia de W. Era también una declaración de intenciones y un homenaje: todas las historias, todas las imágenes, están ya inventadas. De nuevo: el escritor y el artista como coleccionistas de historias. Un método muy borgiano de trabajo. Escaneamos las imágenes y las intervinimos, creando nuestras propias estampas a partir de todo aquel material de archivo.

Rainer Maria Rilke, 1923

En todos los casos el texto precedió las imágenes menos en uno: la última estampa, que consiste, precisamente, en el desguace visual de una postal que compré en una vieja tienda de libros en Trieste y en la que aparece el castillo de Duino donde Rilke escribió sus Elegías… (1923). Es la única imagen del libro que no procede de archivo y que creé como una especie de emblema o coordenada simbólica final.

Es, quizás, una de las salidas del laberinto e intenta ofrecer una clave interpretativa del libro: hay muchas ventanas por las que entrar en este relato. Elige la que más te guste. Creo que esto es lo que intenta comunicar la imagen final.

W, así como tu primer poemario Ignar, ha aparecido de la mano de Edicions Poncianes, una editorial que, recogiendo el espíritu del pintor Joan Ponç, transita por los terrenos en los que literatura y arte se conjugan. ¿Cómo ha sido tu experiencia con la editorial y qué papel crees que ha ido desempeñando en el panorama actual?

Con Edicions Poncianes encontré una editorial que comparte mi visión de la literatura como proceso y que vive la publicación de cada uno de sus títulos como un acontecimiento único e irrepetible.

Tienen una colección de poesía y otra de ensayo, pero cada nuevo título se trabaja de acuerdo a las necesidades propias del proyecto. No se trata de encajar la obra en una colección, es decir, en un espacio preconcebido (como suele ocurrir en casi todas las editoriales literarias), sino de estudiar sus necesidades y ofrecerle el cuerpo que necesita. Desde el primer momento se abre un debate entre autor, diseñador y editor, y es a partir del diálogo que nace la forma final del libro.

Gabriel Ventura por Ester Roig

En el caso de W, tenía algunas ideas muy claras sobre cómo debía ser. Tenía que ser un libro maleable, portátil, pulp, interactivo: una caja de sorpresas. Edicions Poncianes y Rosa Tharrats entendieron a la perfección el proyecto y nos pusimos manos a la obra. Debatimos cada aspecto material del libro: tipo de papel, impresión, tipografía, maquetación…

Como escritor es una experiencia gratificante, porque normalmente no suele ser así. La editorial recibe el manuscrito, luego se realizan las correcciones, etc., se envía a imprimir y el autor recibe los primeros ejemplares como por arte de magia.

Me fascina el proceso de creación del libro como objeto, especialmente hoy en día, en nuestra era de reproductibilidad técnica masiva. Por ello, quería vivirlo desde dentro y experimentar todas las fases de producción de la obra. Ha sido como estar en la sala de montaje, supervisando cada momento de la maquetación.

En este sentido, Edicions Poncianes es una editorial que hace posible que existan libros diferentes en la literatura catalana y propone una manera de estar y trabajar en el mundo editorial muy sui generis, intuitiva y colaborativa.

Además de autores como Rilke, Borges, Bolaño, Ripley, Gombrowicz o Wittgenstein, en el libro resuenan ecos de Joan Miró y Ramon Llull. ¿Qué otros escritores o artistas catalanes te han ido acompañando hasta ahora?

Jesús Moncada, 1988

Siempre me han interesado más las obras, o ciertas obras, que los escritores. A veces incluso ni las obras enteras, quizás solo fragmentos, capítulos, ideas o posiciones. No obstante, podría citar a autores como Joan Brossa, J.V Foix, Josep Palàcios, Palau i Fabre, Francesc Pujols, Dalí (¡un escritor magnífico!), Pere Gimferrer… Me impresionó mucho Camí de sirga, de Jesús Moncada, así como sus cuentos. Podría decir que Moncada es uno de mis escritores catalanes preferidos.

También están Carles Hac Mor, Vicenç Altaió, Enric Casasses, así como el artista Joan Vilacasas, cuya novela Nnoba fygurassió -un thriller muy divertido sobre el mundo del arte- es una de mis preferidas. He dicho todos estos nombres, pero podría citar muchísimos más: Montserrat Roig, Joan Sales, Andreu Vidal, Mercè Rodoreda, Biel Mesquida

La literatura catalana es de una exuberancia selvática. La lástima es que algunos de los autores no están traducidos, o no lo suficiente. Es algo que debería solucionarse pronto, pues la riqueza y la variedad de la literatura catalana son enormes.

Por otro lado, en el marco actual, ¿qué autores o propuestas te resultan de mayor interés?

Muchas, es difícil escoger. Hay un nivel altísimo de narradores, con nombres como Joan Daniel Bezsonoff, Joan Lluís-Lluís, Francesc Serés o Jordi Puntí, por poner ejemplos ya conocidos. También de poesía y ensayo.

Perejaume, 2015

Sin embargo, hay tres autores contemporáneos que sigo con interés. Lucia Pietrelli, poeta y narradora de origen italiano, cuyos poemas son sutiles, frágiles y poderosos, una maravilla. Víctor Sunyol, un escritor extraordinario, con un estilo muy particular, delicado, y con un gran sentido del humor.  Y por último, un clásico: Perejaume. Me encantan sus ensayos, lúcidos, llenos de caminos y propuestas. Me gustó mucho Paraules locals, exquisitamente editado por Tushita Edicions.

Has realizado la traducción del inglés al catalán de catorce poemas de Samuel Beckett recogidos en el póster literario Bèsties1. Samuel Beckett (Edicions Poncianes, 2013). ¿Continúas compaginando la traducción con la escritura?

Sí, recientemente traduje un excelente libro de la poeta australiana Sarah Holland-Batt y en estos momentos estoy revisando una traducción de James Merrill. Por otro lado, hace poco traduje un texto maravilloso de la periodista Judith Thurman, First Impressions, en el que se inspiró Werner Herzog para su documental Cave of Forgotten Dreams.

Trabajo esporádicamente como traductor (tanto como puedo) y me gustaría seguir haciéndolo en el futuro, pero con calma, pues requiere tiempo y dedicación. Es un arte muy complejo. Sí que tengo una lista ideal de autores y libros que algún día me gustaría traducir.

Imagen de «W»

Y para finalizar, ¿en qué proyectos te encuentras trabajando actualmente?

A corto plazo estoy con varias historias. Estos días escribo el texto de una performance que llevaré a cabo próximamente: 32 narracions extraordinàries d’una espardenya a una papallona malalta.  También estoy trabajando en el guion de un proyecto audiovisual para el artista Francesc Ruiz Abad.

Por otra parte, hace un par de semanas presentamos El nèctar en la Fundació Arranz-Bravo, una película que rodé con Artur Tort, Marc Roca y Marc Cuscó. Y ya estamos maquinando la siguiente… A largo plazo, mi objetivo es la novela. De momento ya tengo el tema y el formato. Pero prefiero no hablar mucho de ello. Es un relato basado en hechos casi reales al que llevo tiempo dando vueltas. Tengo que acabar de recopilar algunos datos, pero en breve me pondré manos a la obra.

A ver adónde me lleva la historia esta vez.
 

Sobre el autor
(Buenos Aires, 1988) Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Aún sin haber resuelto la incógnita de lo que vendría a ser su profesión, transita por oficios de bibliotecaria o profesora de español, lee, se obsesiona por el arte y la música, e intenta ocuparse junto con Ángela Pujol del excelso menester Hálito Ediciones
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