Miguel Ángel Hernández: “El arte es un modo de pensar el mundo, una plataforma para mirar y actuar sobre las cosas”

Fotografía: La mano robada

 
Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977), escritor, crítico y profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, nos habla de su primera novela Intento de escapada (Anagrama, 2013), que está siendo traducida al alemán (Wagenbach), francés (Seuil), italiano (E/O Edizioni), inglés (Hispabooks) y portugués (Bertrand Brasil). La novela desvela las inquietudes, decepciones y los debates sobre el arte contemporáneo en un campus universitario de provincias. Hernández también es autor de los libros de relatos Cuaderno […] duelo (2011) e Infraleve: lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte (2004), así como de los ensayos: Materializar el pasado. El artista como historiador (benjaminiano) (2012) y  La so(m)bra de lo Real: el arte como vomitorio (2006).

Más allá de la escritura académica, ¿cómo has afrontado la escritura y publicación de tu primera novela?

Ha sido todo un reto. No es fácil escapar de un modo de escritura encorsetado y lleno de fórmulas hechas e inamovibles, como el de la crítica y la historia del arte, y adentrarse en un espacio de absoluta libertad como el de la novela. Creo que, en el fondo, ha sido una liberación. Algo que necesitaba. La literatura era desde bien temprano mi pasión oculta, y con la escritura de esta novela la he dejado salir a la superficie.

¿Qué hay de autobiográfico y de alter egos en los personajes de la novela: Marcos, Helena y en el propio Jacobo Montes?

En toda escritura hay siempre algo de autobiográfico, por mucho que uno se esfuerce en ocultarlo. A mí es algo que me interesa poner en juego. En todos los personajes de mi novela hay algo de mí, aunque quizá sea más evidente en Marcos, con quien comparto un modo de ser, al menos durante mi adolescencia. Quien me conoce no deja de identificarme con él, aunque las diferencias sean abismales. También, claro, está Helena. Sus clases son como las mías, y su biblioteca es la mía. O incluso Montes: hay ideas y pensamientos artísticos que son comunes. Uno no puede escapar a su experiencia.

La trama de Intento de escapada se desarrolla principalmente en una facultad de Bellas Artes de una ciudad de provincias. Como profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, ¿qué te interesa transmitir fundamentalmente a tus alumnos?

Aquí volvemos a lo autobiográfico. Me identifico bastante con las ideas de Helena sobre la docencia. Ella intentaba mostrar el arte como herramienta de acción y pensamiento. Y yo también. Me interesa hacer ver a mis estudiantes que el arte es un modo de pensar el mundo, una plataforma para mirar y también para actuar sobre las cosas.

A menudo mis clases son más sobre el mundo que sobre el arte. Quizá sea porque el arte trata más sobre el mundo que sobre el propio arte. Hablar de arte es hablar de mil cosas. Es hablar de amor, de muerte, de poder, de justicia, de ética. Es, como digo, una plataforma para pensar y para hacer. Porque el arte también hace el mundo, lo cambia, lo transforma, actúa sobre él. Por eso es tan importante.

En la novela se plantean debates acerca de los límites del arte contemporáneo y se hacen alusiones a algunos creadores actuales reales, como Abel Azcona, que se encierra 60 días en una habitación “en busca de sí mismo”, o Santiago Sierra, que desgarra las espaldas de una fila de personas, ¿por qué debe considerarse arte este tipo de acciones?

Es un debate complejo. Son arte porque pertenecen a una tradición artística. Ambos artistas se insertan en una historia. Sus obras están llenas de referencias a esa tradición. No se podrían entender, ni haber tenido lugar, sin sus precedentes. Y esa tradición, la que se comienza a establecer en la modernidad y se desarrolla hasta nuestros días, observa el arte como una experiencia de intensificación del mundo, es decir, como una toma de conciencia –habitualmente crítica– de aquello que nos rodea.

My Body My Rules, 2013

Arte es todo lo que la institución arte entiende como tal –esa es la definición institucional–, pero para estar ahí suele haber una historia compartida, y un modo de entender la práctica. A mí, como digo, me interesa el arte que propone experiencias de intensidad que cuestionan nuestro modo cotidiano de experimentar la vida. Las prácticas que nos hacen ver y sentir las cosas de modo diferente.

Hay muchas dudas sobre el arte contemporáneo que rondan a Marcos, tu joven protagonista. ¿Crees que el arte contemporáneo es apto para todos los públicos o solo para aquellos “educados” al respecto?

El arte contemporáneo se ha convertido en un espacio para minorías, para élites culturales. Pero no todo. Hay un arte que sigue siendo para las masas, un arte kitsch y fácil de consumir. También hay otro excesivamente hermético, casi para críticos y especialistas. Entre esos dos extremos está la virtud.

En cualquier caso, lo que hay que tener claro es que el arte contemporáneo –como el arte del pasado– solo se entiende si uno pone algo de su parte, si lee, si intenta comprender aquello que está viendo. Las obras no se abren como por arte de magia ante nosotros y nos muestran sus significados.

NO, Global Tour | S. Serra

El arte se lee, se interpreta, y solo así se experimenta. Es como un libro. Uno tiene que abrirlo y leerlo; no puede juzgarlo por el lomo, o simplemente después de hojearlo. Con el arte sucede lo mismo: hay que intentar leerlo. Y claro, para eso es necesario un proceso de alfabetización artística. No es tan difícil. Es cuestión de dedicar algo de tiempo a mirar con la mente. A través de vistazos uno no entiende nada.

Aparte de profesor, también eres crítico, ¿el arte contemporáneo, en España, depende de quién lo firme o de la obra en sí misma?

Como en todos los contextos, el arte depende de muchos factores. Es un mundo, una institución, con sus reglas y modos de articulación. Por supuesto, lo primero es la obra, que sea buena, pertinente, coherente, significativa, arriesgada. Pero junto a la obra también están las plataformas de exhibición y legitimación. Está el museo, la galería o la exposición temporal. Y está el crítico, la revista y el suplemento cultural. Están también los coleccionistas y el mercado.

El valor de una obra depende del modo en que todo eso se articule. En ocasiones interviene el azar. Y no siempre las mejores obras son las más visibles, las más expuestas o las más vendidas. Pero eso también ocurre en literatura. Lo primero es tener un buen libro. Luego, la editorial, la repercusión crítica y las ventas. Y todo no siempre va de la mano.

Hernández por Lola Salinas

Intentando responder a una pregunta que plantea tu novela, ¿consideras que, de alguna manera, el artista no está sometido a cierto tipo de límites éticos?

Creo que el artista, como cualquier otro sujeto social, tiene límites. Sobre todo legales. No todo vale, ni mucho menos. La idea de un espacio artístico en el que todo está permitido es peligrosa. Peligrosa no por lo que se pudiera pensar a priori –que allí se podría hacer cualquier cosa–, sino todo lo contrario, porque si todo vale, en el fondo nada vale. El arte del todo vale es un arte políticamente inactivo.

El artista debería estar sujeto a las mismas normas que el resto. Y si decide traspasarlas, romperlas o cuestionarlas debe asumir los riesgos y atenerse a las consecuencias. Solo hay arte arriesgado cuando hay normas que se rompen o se cuestionan. Pero un artista no puede tener más derechos que un panadero. Es un ciudadano más, no un privilegiado. La figura del artista como un ser por encima de la ley es la herencia de un tiempo que sería necesario dejar atrás.

Otra cosa es la ética. El arte siempre ha puesto contra las cuerdas a la moral establecida. La ética es precisamente el cuestionamiento de un sistema moral. Por otro lado, arte, ética y moral no son la misma cosa. Algo puede ser una gran obra de arte y al mismo tiempo plantearnos problemas éticos, romper con nuestros códigos morales.

Eros, 2008 | Javier Pérez

¿Podrías elegir tres artistas españoles contemporáneos que, según tu opinión, merezca la pena seguir?

Difícil pregunta. Intentaré elegir tres que sean diferentes.

Me interesa mucho Santiago Sierra. Si la obra de Jacobo Montes tiene que ver tanto con la suya es porque lo considero uno de los artistas más interesantes y cuyo trabajo más me incomoda. Nadie como él sabe visualizar y hacer carne el espíritu de nuestra época. Nunca tengo una opinión clara sobre su obra; quizá por eso me interesa tanto.

También me interesa Javier Pérez, cuya obra multidisciplinar (vídeo, escultura, instalación, dibujo) está en las antípodas de la de Sierra. Se trata de un arte que habla sobre cuestiones más intemporales: lo sublime, la muerte, el deseo, la belleza. Me gusta por otros motivos que los de Sierra. Me toca directamente y me emociona.

Y, por último, creo que merece la pena seguir el trabajo de la joven Tatiana Abellán. Su obra sobre la memoria de las imágenes y el recuerdo de aquello que hemos sido es sutil, inteligente y emotiva. Se hablará de ella en el futuro.

Tatiana Abellán, 2005

Actualmente, ¿en qué proyectos estás trabajando?

Estoy dando los últimos retoques a mi segunda novela. También está centrada en el mundo del arte, pero en este caso más intimista y emocional. Se trata de una historia sobre el amor, las imágenes del pasado y la fragilidad de la memoria. En cierto modo viene a ser el reverso de Intento de escapada. Una novela en la que el protagonista vuelve a creer en el arte –y en la vida– después de haber perdido toda esperanza.
 

Sobre el autor
(Madrid, 1992) Graduada en Periodismo y Máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid. Su proyecto final consistió en un acercamiento a la teoría de los géneros literarios a través de la obra narrativa de Ray Bradbury. Ganadora del XV Certamen de Relato Corto de la Universidad de Navarra y del Concurso de Microteatro de Foro de Creadores. Con una novela entre manos. Autora del blog cultural www.litarco.blogspot.com y colaboradora de la revista Qué Leer
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