Confusion is text. Confusion is next

Ilustración: Lola Abenza

 
La desregulación de la economía viene cogida de la mano de la desregulación de los géneros literarios. Es lo que tiene, la confusión en los mercados provoca confusión mental, literaria y cultural en general. Hello, Adam! Hello, Milton! Hello, Karl!

O, quizás, las cosas sean de otro modo y la confusión de géneros sea una condición previa y necesaria para la correcta formación de brokers, especuladores y consumidores de a pie en un mercado globalizado. Es decir, una literatura desregulada que moldea y educa a los agentes implicados en la construcción de una economía que circula en tiempo real por redes de información sin fronteras delimitadas. Vaya lío.

Por suerte o por desgracia, y más allá de la economía, se acabaron los tiempos en que los géneros se caracterizaban por su solidez y consistencia. El triunvirato poesía-teatro-novela se ha desmoronado. Y si no nos damos perfecta cuenta del estruendo que ha provocado semejante derrumbe es porque ha ocurrido demasiado cerca de nosotros. De los restos del colapso emerge una nube de polvo en suspensión, un cuarto elemento en el que se hibridan partículas erráticas, volátiles, levemente marcadas y en muchos casos asignificantes.

Auge y disolución del Érase una vez en cadenas hipertextuales. Hundimiento y precipitación de la escena en la performance virtual, en el reality show y en las redes sociales. Implosión de la lírica y contaminación total de la red de figuras retóricas en forma de memes, virales y microblogging.

Decir cuarto elemento sería autoengañarnos. Como buenos humanitos postanalógicos y protodigitales mantenemos viva la ilusión de que el templo del triunvirato poesía-teatro-novela aún sigue en pie. El esfuerzo es tan vano como enternecedor. Obviamente, siguen estrenándose obras de teatro y publicándose novelas y poemarios. Sin embargo, siempre se trata de un como si: como si fuera una novela, como si fuera un poema o como si fuera una obra teatro. Un recuerdo vago e híbrido, hecho de fragmentos de lo que fueron esos géneros: ¿Poesía en un filtro vintage de Instagram? Yes, we did it.

En Estados Unidos han abierto las puertas de la universidad a este cuarto elemento. Una rama de los estudios en literatura abarca la no-ficción, el ensayo experimental, el periodismo literario, los territorios donde se fusionan realidad y ficción, las frictions, los fakes y los géneros de la memoria, entre otros. No es casual que esto suceda en Estados Unidos ya que allí se dan las condiciones ideales para que los géneros híbridos florezcan. Se ha de recordar que América, a diferencia de Europa, no vive sepultada mental y físicamente por la omnipresencia de la historia, de las tradiciones, de las esencias y de los géneros. Como decía Baudrillard, para que la conciencia infeliz y trascendente del europeo entienda América ha de partir de la base de que aquel es un continente sin historia, un lugar donde las utopías se ponen en práctica mientras que los europeos solo las conceptualizamos y en el fondo tememos su realización.

Fotografía incluida en América (1986) de Jean Baudrillard

 
En Estados Unidos toma forma y se realiza con toda naturalidad el cuarto elemento. Existe espacio para que se desarolle. Es el único ecosistema del mundo donde puede cristalizar el estadio primitivo de la posmodernidad en el que nos hallamos. En Europa no es posible, nos limitaremos a imitarlos, tarde y mal. En América no tienen los problemas que acucian a los europeos, tienen otros, claro está. Estados Unidos es el paraiso del pastiche, los clichés, el kitsch, los parques temáticos, la simulación y la retromanía. El lugar donde se refractan e hibridan aleatoriamente todos los géneros y tendencias posibles; el espacio de la seducción, no de la interpretación. El territorio de los infinitos espacios asignificantes, de los desiertos, las freeways y el cine. El país, asimismo, donde  un hombre de negocios de Hollywood reconstruye piedra por piedra un monasterio románico francés en su jardín. O el lugar donde el empresario y filántropo Jean Paul Getty construye una villa al más puro estilo pompeyano en pleno Malibú –más real que lo real, hiperreal– para llenarla de obras de arte europeo de los más diversos siglos y procedencias.

Porque no caigamos en malosentendidos. La liberación de los géneros del corsé de unas normas y la ruptura de fronteras pudo entenderse como un gesto contracultural y una crítica a la autoridad y a la ideología hegemónica solo durante los años cincuenta, sesenta y parte de los setenta. A partir de los años ochenta, con la llegada de la MTV, la irrupción de internet y los teléfonos móviles en los noventa y la consolidación de la sociedad de la información en el siglo XXI el escenario cambia completamente. Cuando la indefinición de los géneros se convierte en norma –en la norma– ya no podemos hablar de un nuevo cuarto espacio de libertad que convive con los anteriores en un feliz equilibrio de contrarios. Actualmente, digámoslo claramente, hemos de hablar de un solo espacio, de un único modo híbrido que ha desplazado y neutralizado a los anteriores. Un modo híbrido con fronteras difusas, atomizado, confuso –digámoslo también, líquido–. Un modo híbrido, fragmentario e interconectado que encaja a la perfección con las características del medio hegemónico por el que ha de ser ditribuido: Internet (el que no esté conectado ahora mismo que me tire la primera piedra).

A pesar de todo, y para terminar, me gustaría hacer una defensa del género híbrido al que Pliego Suelto dedica este número: el periodismo literario. Un género, o intergénero, que más allá de su carácter mestizo obliga al escritor o al periodista –aunque sea solo durante unas horas– a salir de Google, a realizar un trabajo de campo, a hacer entrevistas cara a cara y a tomar el pulso a una realidad palpitante. En este sentido, el periodismo literario, por su metodología, por instalarse en el hic et nunc de los acontecimientos, devendría uno de los pocos géneros que actualmente planterarían una actitud disidente a la uniformidad de métodos –mashup, copy&paste, email, etc.– que nos ofrece la red.
 


Nota: Para la confección de este editorial se han robado ideas de Jean Baudrillard, Sonic Youth, Frederic Jameson, David Foster Wallace, Jesucristo, Claire Bishop y Daniel «doubleyou» Solana, entre otros.

 

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  1. Estimado Hyperville muy buena apreciación respecto al tema. Saludos, ciao, chao.

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