Marina Garcés: “La interrogación filosófica, con su insolencia y su potencia crítica, abre sus frentes allí donde no se la espera”

Marina Garcés, filósofa y ensayista

 
Marina Garcés (Barcelona, 1973), filósofa, docente de la Universidad de Zaragoza y ensayista, charla con Pliego Suelto acerca de su nuevo libro Fuera de clase (Galaxia Gutenberg, 2016). Además, nos habla de los conceptos de “filosofía de guerrilla” y de “mancomunar, de Espai en Blanc (proyecto colectivo de pensamiento crítico y experimental) y de la necesidad de incorporar la filosofía al sistema escolar de España. Marina Garcés es también autora de Filosofía inacabada (Galaxia Gutenberg, 2015), Un mundo común (2013) y En las prisiones de lo posible (2002), ambas en Editorial Bellaterra.

Fuera de clase compila los textos que escribiste para el Diari Ara. Teniendo en cuenta que todos ellos pueden consultarse on line, ¿qué te lleva a reunirlos en un libro?

Estos textos han tenido, y siguen teniendo, lecturas distintas según cómo son recibidos: durante dos años, columna a columna, en el periódico en papel o en la subscripción digital; de forma salteada en el archivo digital del periódico y a través de las redes sociales, independientemente de su momento de publicación; y finalmente reunidos en un libro.

Galaxia Gutenberg, 2016

Esta tercera lectura da otro cuerpo a la escritura en su conjunto. No es una simple colección, hay un tejido tanto en las ideas como en el modo de aproximarme a ellas que a través del libro se hace palpable.

¿Cómo te ha afectado disponer de una extensión tan breve para escribir?

Era uno de los retos. De hecho, fui yo quien pidió la columna más pequeña de la página. Quería tener la ocasión, forzada por el espacio, de tener que ir a lo esencial. Sin añadidos, sin ornamentos, sin argumentos de más: ideas en limpio y que llegaran a ese punto en que hacen ¡clinc!

Me lo he imaginado como una labor de miniaturista medieval: en cada Fuera de clase he intentado recoger un mundo en forma de pistas a desarrollar.

Algunas publicaciones del proyecto colectivo Espai en Blanc comparten el subtítulo “materiales para la subversión de la vida”. ¿Qué tipo de materiales podemos encontrar en Fuera de clase?

En este caso, el subtítulo del libro ha añadido la expresión “textos de filosofía de guerrilla”. He querido mostrar que la filosofía no depende de un campo acotado, ya sea académico, histórico, identitario, etc., sino que la interrogación filosófica, con su insolencia y su potencia crítica, abre sus frentes allí donde no se la espera.

Espai en Blanc, nº 7-8

Este uso de la filosofía es, para mí, lo que le da un sentido igualitario y a la vez imprevisible y la recupera como una potencia de transformación de la vida.

Liberar palabras de los códigos que las colonizan y las convierten en jaulas es una apuesta muy antigua (empiezo con una referencia a un texto taoísta de hace más de veinte siglos) y a la vez tremendamente urgente.

Utilizas metáforas y otros recursos asociados a disciplinas como la literatura y la poesía. Incluso añades versos de Rimbaud, Salvador Espriu o Wislava Szymborska para pensar sobre cuestiones políticas. ¿ Crees que la acción filosófica se crea entre disciplinas?

La filosofía no es una disciplina, sino una actitud que se define por un modo de interrogación y por una relación con el concepto como herramienta para adentrarse en ella. Pero no tiene un objeto específico ni un campo de estudio propio.

Por eso, la filosofía es un lenguaje privilegiado desde el cual se puede mostrar la artificialidad de las fronteras disciplinares. Lo que tenemos son distintos lenguajes y registros que, sin confundirse, abrazan todos ellos una misma aspiración: elaborar el sentido y el valor de la experiencia humana, desde la más íntima a la más universal.

Y hasta aquí, 2009

Apelas  con frecuencia a la educación y al amor. ¿Hemos obviado que la educación es una cuestión de todos como lo es el cuidado de los afectos?

La educación ha sufrido un proceso de sectorialización que la ha convertido en el problema de un conjunto de especialistas: maestros, pedagogos y legisladores. Con esto se encierra el problema educativo en el buen o mal funcionamiento de unas determinadas instituciones (escuela, universidad, etc.) y se desconecta de los ámbitos y esferas de la vida en que nuestros aprendizajes toman sentido.

Esto nos hace clientes y dependientes del sistema educativo, en vez de hacernos protagonistas de nuestra educación en común. Como decía Ivan Illich, la educación tiene que ser una actividad “para todos por parte de todos”.

Propones el concepto “mancomunar” para evitar imaginar la vida en común bajo figuras de unidad como pueblo, comunidad o nación. Este verbo activo que no presupone nada, excepto la voluntad de compartir, ¿es el único lugar para la vida en cooperación?

No creo en palabras únicas, ni siquiera en esta. Los infinitivos de la vida en común son tantos como podamos imaginar: convivir, consentir, abrazar, decidir, desafiar, alimentar, amar, generar, etc.

Mancomunar las vidas es una forma de decir que la vida en común no es ni fusión ni contrato, ni pura unión ni mera negociación.

Ivan Illich, 1971

Nos invitas a “Encontrar, todavía, las palabras”. ¿Debemos encarnar nuestros discursos para encontrarlas y que tomen cuerpo? Si fuera así, ¿cómo podemos hacerlo?

De entrada, aprendiendo a tratar bien las palabras. No se puede decir cualquier cosa sin que eso tenga consecuencias. La manera como maltratamos el lenguaje es parte importante de cómo nos maltratamos unos a otros. Las violencias de nuestro tiempo empiezan ahí.

Hay que prestar atención, no sólo repetir y vomitar, sino escuchar lo que decimos con el cuerpo propio y con el cuerpo colectivo. ¿Qué bien y qué mal causan las palabras que nos dirigimos? En esta pregunta se abre un campo concreto para la ética, la estética, la política que empieza en los labios de cada uno.

En uno de los textos reflexionas sobre la página en blanco y escribes que “el blanco, hoy, se conquista abriendo grietas”, forzando el problema hasta llegar a la pregunta “Y yo ¿qué querría?”. ¿Cómo abrir esas grietas en nuestra vida cotidiana?

Hay muchas preguntas que no nos hacemos, la que recoges y muchas más. ¿Me importa realmente lo que hago? ¿Me creo mis propias opiniones? ¿Por qué pienso así? ¿Por qué a todo le llamamos hoy populismo? O ¿por qué repetimos lo que sabemos que no funciona y nos hace daño? Preguntas simples que parecen abrir abismos, pero que sencillamente abren los caminos por los que podemos dar los primeros pasos para ir más allá de lo que hay y agrietar la apariencia de que sólo puede ser así. Sabemos que no es verdad, pero no nos atrevemos a aceptarla y asumir las consecuencias de que no lo sea.

Marina Garcés, 2013

Tal y como dices, la filosofía no tiene un lugar propio, sino que puede aparecer allí, donde alguien ha dejado una cosa sobre la que pensar y otro la retoma. ¿Qué herramientas tenemos para hacer de la filosofía una práctica para todos?

Hay medidas que tienen que ser defendidas y articuladas colectivamente, por ejemplo introducir la filosofía como práctica y no como historia desde los primeros años de la escolarización.

Ya hay muchos proyectos y experimentos en esa dirección y, en general, son una maravilla. Los niños viven con total naturalidad la práctica de mirar las cosas bajo otra luz, de cambiar y jugar con el sentido de las palabras y de abrirlas y utilizarlas sin miedo. Si eso se consolida en vez de cerrarlo como posibilidad, la filosofía será una práctica de vida y no una colección de rarezas del pasado.

El libro acaba con el texto “El último por ahora”. ¿Cuál es el próximo paso?

Cerré la serie Fuera de clase porque ya había hecho con ella el recorrido que sentía necesario. La escritura semanal, aunque sea tan breve, o precisamente por la dificultad de la brevedad, es un ejercicio muy duro. Necesitaba tiempo para hundirme en proyectos de más largo alcance, de estudio no inmediatamente productivo y de reflexión más íntima. Ahora estoy trabajando en dos posibles libros a la vez, que conjugan escrituras muy distintas y con las que estoy experimentando sin prisa.

Al mismo tiempo, no dejo los frentes de intervención pública, donde el encuentro con otros agita el pensamiento y la vida: las aulas, dentro y fuera de la universidad, los foros críticos y la experimentación con los compañeros de Espai en Blanc.

Y la novedad más reciente es que he vuelto al Ara Diumenge, esta vez con una serie más lenta, un domingo al mes: Brújulas, una serie de artículos con los que me propongo establecer relaciones de sentido entre los fragmentos cada vez más estallados de nuestra experiencia del mundo.
 

Sobre el autor
Estudió filosofía (UAB), gestión cultural (UOC) e investigación en arte y diseño (EINA). Trabaja en el CCCB, realiza difusión de la vida y obra de Joan Brossa y es comisaria de las exposiciones de la Fundació Guinovart. Le obsesiona la reflexión del presente a través de las artes.
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