Mò Yán: El aletargado reconocimiento de Occidente

Rosanna Moreda, colaboradora habitual de Pliego Suelto y ex profesora de lengua y culturas hispanoamericanas de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái (SISU), nos introduce en el particular universo creativo del novelista chino Mò Yán, flamante ganador del Premio Nobel de Literatura 2012. Además, habla de la trascendencia de dicho galardón en el contexto geopolítico actual.

En tiempos en que la palabra China está en muchas bocas, que el último Nobel haya sido otorgado a un nativo de la campestre y confuciana provincia de Shandong quiere decir mucho. Que este premio no haya sido destinado a alguien de Occidente es todavía más significativo. Increíblemente, parece ser que asistimos, de manera ya menos gradual, a la visibilización tan esperada de otros saberes más allá de la esmirriada Europa1. Ante este tardío hecho, alegrémonos de escuchar al unísono: ¡Por fin!

Mò Yán, cuyo verdadero nombre es Guǎn Móyè, nació en 1955. Autor de una decena de novelas y más de setenta relatos, el novelista se centra entre otros temas en la problemática del campesinado, llevando aspectos centrales y polémicos de la cultura china a escenas donde prima un humor corrosivo, ácido y muy personal.  En Grandes pechos, amplias caderas2 y Las baladas del ajo3 específicamente, dos de sus obras más emblemáticas, aparece un tema recurrente en el autor: la fuerte reprobación cultural en torno a los nacimientos de niñas.

En un país donde la plena igualdad de géneros no es una excepción mundial en cuanto a lo que la conquista de derechos a paso de caracol respecta, que un escritor (hombre) se empecine en sacar a luz, de manera reiterada, uno de los delitos más aberrantes del país no deja de ser admirable. Nos referimos a un país donde, actualmente, en una metrópolis tan fuertemente occidentalizada como es Shanghái, en el aula universitaria, debatiendo sobre la natalidad, un importante número de alumnas son capaces de afirmar sin tapujos (aunque indudablemente guiadas a ciegas por la inquebrantable ley del consenso) que en el futuro, en el momento de quedar embarazadas, preferirán un varón pues “la vida es más fácil para los varones”.

Se asocia la literatura de Mò Yán con el realismo mágico latinoamericano, género del cual se declara admirador. Un realismo reconfigurado como alucinatorio, entendible en un nido cultural alimentado por la antiquísima y fantástica herencia del filósofo Mòzǐ (470-391 AC?), también nacido en la provincia de Shandong, quien dibuja con maestría la efectividad de los espíritus de las personas muertas y de las fuerzas de la naturaleza con la misma insistencia de los chamanismos americanos.

La influencia de este tipo de animismo literario en el Nobel chino puede no ser explícita pero contiene las bases de la metonimia artística, que convierte todavía a China en un país diferente y del que tenemos muchísimo que aprender. La misma metonimia (abierta o no) que podría asociarse entre el cristianismo y la literatura occidental, por ejemplo.

Por ello no deja de extrañar (desde una mirada recalquemos distanciada como puede ser la occidental) la reacción negativa de contemporáneos de Mò Yán como Liào Yìwǔ4, conocido como el activista y poeta de la matanza de Tian’anmen, ante la entrega del Nobel a un compatriota:

…Hay muchos parámetros según los cuales se puede valorar a un escritor. Pero China es una dictadura y en una dictadura un escritor no puede dejar de lado la moral […] Mo Yan es visto por todos los que luchan contra la represión en China como un intelectual del régimen. El premio hace pensar ahora que el sistema de valores de Occidente es muy difuso…

Aunque el hecho de que desconozcamos los pormenores de las diatribas intelectuales internas en un país políticamente sometido dificulta el posicionamiento, la impasibilidad ante estas palabras no es precisamente la reacción primera, y no dejan de surgir preguntas cuyas respuestas podrían disculpar o no al aclamado escritor chino.

Preguntas como: ¿qué implica sostener una postura enormemente crítica con el sistema dentro del país y paralelamente colocarse una máscara en público, sustentando mediante este premio el establecimiento definitivo de China como potencia mundial? ¿Será que este tipo de esquizofrenia moral ha de visualizarse como algo previsible dentro del espectáculo literario? Sin duda, la sola tarea, repetimos, de un observador de la realidad china, que insiste en desmenuzar la durísima problemática del infanticidio femenino real/simbólico en su propio país, no debe ser bajo ningún concepto pasada por alto.

Sería muy deseable, no obstante, siguiendo la lógica de esta traza de denuncia, que Mò Yán transmitiera menos incongruencia en lo que respecta a la (des)afiliación a un maoísmo cuyas consecuencias en innumerables aspectos han sido desastrosas para el país, queja fundamental y justificada por otra parte de sus compatriotas oponentes.
 


1 Nótese que desde hace poco más de un siglo que se concede el nobel, más de 80 otorgamientos han sido únicamente destinados a Europa o Estados Unidos.
2 Yán Mò, grandes pechos amplias caderas, Madrid, Kailas, 2007.
3 Yán Mò, las baladas del ajo, Madrid, Kailas, 2008.
4 EFE Berlín, 12 del 10 del 2012: http://www.ara.cat/cultura/Liao-Yiwu-Mo-Yan-canalla_0_790721069.html

Nota: Rosanna Moreda ha sido Profesora de lengua y culturas hispanoamericanas en la Facultad de Filologías occidentales como parte de un proyecto de mediación idiomática y cultural en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái (SISU) China, entre Marzo del 2011 y Febrero del 2012.

 

Sobre el autor
Aunque concebida en Cataluña, fue criada en Galicia y luego adiestrada en Uruguay. Ahora tras algunos tumbos, ha rebotado nuevamente en el país de Rosalía. Posee un título añejo donde consta que es antropóloga social y cultural, profesión que la desdobla. Su actividad preferida es leer antes que escribir. --> Blog de la autora
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