Leonardo Cano: “La edad media trata de la existencia de aspiraciones desbaratadas y de cómo nos afecta esa derrota”

Leonardo cano | Fotografía: LaManoRobada

 
Leonardo Cano (Murcia, 1977) debuta en el mundo de la novela con La edad media (Candaya, 2016), cuyo universo es un viaje generacional (nada nostálgico) a los años 90 y sus conexiones con el siglo XXI. Entrevistamos a Cano –narrador, abogado y funcionario del Ministerio de Justicia—y nos responde a cerca de la complejidad de la adolescencia, con sus aspiraciones y frustraciones, del miedo al futuro y la incertidumbre, del destino y la vida adulta. Además, sobre los romances a través del chat y la huella de la música grunge.

 
Sé que es una pregunta muy genérica pero ¿podrías contarnos como surge tu interés por la literatura en general y por la escritura en particular?

Mi interés por la literatura, imagino, nació de modo natural: con la lectura, en soledad, de una buena cantidad de libros y tebeos en una habitación repleta de ellos y el consecuente interés en replicar sus peripecias más divertidas. También tuvo que ver, seguro, con la necesidad de expresarme y con lo asequible de sus mecanismos para lograrlo.

Editorial Candaya, 2016

Finalmente, escribo porque me apasiona; porque me he demostrado a lo largo del tiempo que, tras pasar por estudios, másteres, oposiciones, trabajos o doctorados, sigo haciéndolo; que, cuando no he tenido más tiempo que el de trabajar, comer e irme a dormir, siempre tenía un cuaderno, un archivo de Word o un espacio en mi memoria en donde explicarme esa situación de mierda y prefigurar otra mucho más alentadora.

Vienes del mundo del Derecho y eres funcionario en el Ministerio de Justicia. La edad media es tu primera novela. ¿Qué te llevó al género de la narrativa?

En lo que respecta a una verdadera vocación, podría decirse que fue del mundo de la literatura desde el cual pasé al apasionante del Derecho, pues, en el momento de entrar a la carrera, ya había transitado años de escritura, digamos, privada, con unos cuantos poemas y algunos relatos. Sin embargo, siempre me pareció que de los libros no se podría comer y, de todos modos, en mi casa me hubieran vetado cualquier ensayo de bohemia.

Así que esta novela se lleva escribiendo en mi cabeza desde hace mucho. Fui demorando su escritura al principio por la carrera, luego por el trabajo y después por la oposición. Sabía que en algún momento me tendría que enfrentar con el reto de escribirla o de constatar que lo mío no eran más que delirios de diletante. Pero la tenía ahí, iba siempre tomando notas, describiendo una escena o empeñado en registrar cualquier hecho de la realidad que me inquietase.

Cuando me di cuenta de que siempre iba a encontrar una excusa para no escribirla, retomé todo eso y vi que había una serie de temas que se me habían impuesto. Entonces me propuse contar su historia.

En la novela aparece una temática –por otro lado, común a otros autores de tu mismo sello editorial (Autopsia de Miguel Serrano o Campo rojo de Ángel Gracia)– que es un duro retrato, cargado de violencia, de los niños y jóvenes adolescentes de las décadas de los 80 y 90, totalmente alejado de la visión de libros como Yo fui a EGB. ¿De dónde surge esa necesidad de volver la mirada a ese pasado?

Es cierto que existe cierta relación temática entre esas dos grandes novelas y una de las partes de La edad media, pero, en mi caso, mi principal interés era tratar algo que me asombraba: la existencia, en mi vida y en la de la gente que tenía alrededor, de una serie de aspiraciones desbaratadas y la curiosidad por examinar de qué manera esa derrota nos podía haber afectado a cada uno.

De modo que esa vuelta al pasado solo era, en mi caso, una etapa más –la del inicio– de una profunda verdad: la de las pequeñas ambiciones que a lo largo de su vida tiene cualquier persona –de llegar a ser alguien o conseguir un determinado trabajo, tener una pareja o una familia de un modo ilusionante y en proyecto, por ejemplo– y cómo algunas de ellas se ven cumplidas y muchas otras, la mayoría, se malogran. Porque pienso que un escritor ha de habitar siempre el espacio de la incertidumbre y el descubrimiento, y contar aquello que le inquieta o que le conmueve.

Javier Ikaz y Jorge Díaz, 2013

Por ello, hablar de la incertidumbre de los planes de futuro y del miedo que cualquiera puede tener a que le echen del trabajo, o de la inquietud que otro albergue por no encontrar la pareja indicada, incluso el temor de muchos a no ser popular en el instituto, me parecía muy interesante y son algunas de las cuestiones que recorren el libro.

El elemento del pasado, y del recuerdo, constituye uno de los ejes de la novela, que, en parte, se articula retrospectivamente a partir de la celebración, en el presente, del 15º aniversario del colegio El Bosco. ¿Cómo valoras la presencia del recuerdo en tu novela?

La novela cuenta con tres historias cruzadas que se van alternando en el tiempo para conformar la trama y una de ellas atiende al pasado de los personajes, mientras que las otras dos remiten al presente. La narración del recuerdo en aquella sirve, más que como un ejercicio de nostalgia, para confrontar la realidad actual de esos personajes con su pasado y con esa cosmogonía de juventud de colegio privado, religioso y elitista.

Aunque mucha gente se ha sentido atraída por la visión enérgica y violenta de esas aulas, yo no trataba de pontificar sobre un pasado, y desde el principio hui de ensayar una revisión en clave freudiana de los años primeros de los personajes. Así que en mi novela no hay tesis sobre la memoria, no hay catequesis, no hay evangelio.

El mensaje es lo que escribo, son las páginas. Se trata de una historia, eso sí, atravesada por la derrota de esas ilusiones que todos tenemos cuando somos niños, o cuando el corazón se nos salía del pecho en las primeras fiestas de instituto.

L. Cano y M.A. Hernández

La cena del 15º aniversario de promoción surgió al final, como un recurso para poder dar voz a todos esos antiguos compañeros en la actualidad. Quería que se pudiera asistir al presente de aquellas ilusiones de juventud, pero también al lugar donde había recalado ese compañero que no te dejaba copiarte en el examen, tu mejor amiga de las tardes en los “salones recreativos” o el hijo de puta que se reía de ti entre clase y clase. Puede que ahora presidan la empresa en la que acabas de dejar tu currículum, que seas tú su director comercial o que alguno se pase las mañanas muertas dentro de su coche, aparcado en una calle vacía, metiéndose coca y escuchando todavía las mismas canciones de entonces.

La música también está muy presente en los recuerdos (muy presente entre los jóvenes, pero también en la relación amorosa con una playlist de Spotify). ¿Qué papel juega la música en la novela?

La novela desarrolla su discurso intentando hacerse eco de las cambios que ha sufrido nuestra sociedad, y enfrenta aquella época de gran relevancia de rock y del grunge con la actual de las redes sociales, al reflejar la importancia que tuvieron esos grupos musicales en nuestra educación frente a la que actualmente tienen los post de Facebook o las fotos de Instagram, por ejemplo. Antes te hacías amigo de alguien porque le gustaba la misma música que a ti, igual que ahora lo puedes hacer porque te identifiques con sus gustos o con sus opiniones en las redes.

Blind Melon, 1993

En el libro, a través de los términos de la época que usan los personajes del instituto, de los CD que escuchan en sus discman o de los conciertos piratas de Pearl Jam o de Blind Melon creo que se va construyendo un marco costumbrista muy reconocible de esa época y de esa clase social acomodada que ordenaba su diálogo también en referencia a las marcas de ropa que utilizaban o los coches que sus padres conducían.

Como casi todos en el periodo adolescente, los personajes están faltos de una identidad propia y su atracción común por un tipo de música, como por los coches o la ropa cara, no es más que un símbolo alrededor del cual reunirse y forjar su amistad.

El libro se estructura en tres partes diferenciadas que convergen constantemente sin apenas transiciones: la vida de los niños que se expresan a través de la primera persona del plural; la historia de M narrada en tercera persona; y la relación amorosa a través de la aplicación de mensajería Hangouts de Ignacio y Julia. ¿Qué valor otorgas a esa estructura y a cada una de las historias interconectadas?

Desde el principio, quise que esa estructura, la forma en la que se contaban las tres historias, sus diferentes narradores y tonos, intervinieran en la narración, la dotaran de un sentido y constituyeran, por sí mismas, un personaje. Busqué mucho esas voces hasta encontrarlas y, en cuanto estuvieron en mi cabeza, ya fue fácil saber cuándo lo que iba escribiendo estaba bien y cuándo descarrilaba. Era como estar actuando.

Hangouts, aplicación

De ahí que el valor de esas historias sea tanto el de esos tres narradores como el de una visión sobre su fatum: la mirada sobre el destino de esos muchachos de instituto que lo quieren todo y lo quieren ya –de ahí que me preocupara mucho por encontrar ese tono ansioso y desasosegante, de exigencia pero de merecimiento–; que luego, a sus treinta y pico o a sus cuarenta, siguen queriéndolo, aunque de una manera más amarga –con otro tono más trágico, de un narrador resentido con el lugar que la vida le ha guardado–. Y, finalmente, esa misma insatisfacción contemplada en una pareja que vive su relación a distancia a través del chat –con sus erratas, faltas de ortografía y también sus elipsis y silencios narrativos–.

Cada uno va a luchar contra su destino a su manera para encontrar un espacio de calma –aunque sea delictivo– desde donde poder ostentar lo que creen merecer.    

El título de tu novela, La edad media, remite a la edad que tienen estos adultos en el presente, una edad llena de desengaños y desilusiones. ¿Cómo se plantea el futuro desde la desilusión?

Pues no lo sé muy bien, y eso que para intentar entenderlo he escrito todas estas páginas. En lo personal, y no obstante el tono del libro, soy bastante positivo. Aunque dependerá del caso y, por mucho que queramos, no siempre la respuesta va estar en nuestra mano, a pesar de lo que prescriben los apóstoles de la autoayuda.

Pinturas Plastidecor, BIC

En la vida de algunos de los personajes de la novela, sus deseos se ven defraudados y los amplios esfuerzos con los que intentan prosperar fracasan siempre, mientras pueden contemplar cómo el compañero al que la profesora tenía que sacarle los plastidecores de la nariz sale de su despacho de ejecutivo en Endesa. Puedes analizar las causas de que eso suceda, pero a veces no hay mucho más que tú puedas hacer. Si lo piensas, tiene su gracia, de ahí el tono paródico y la ironía que atraviesa también toda la novela.

Puedo sumarme a los defensores de la disciplina del esfuerzo, y la tesis de que todos estamos destinados para hacer algo podría no estar descaminada. Pero muchas veces todo va a depender de la suerte. Trabajar mucho, prepararse sin descanso, aumenta enormemente sus probabilidades de aparición. Una madre en el consejo de administración de Bankia o un padre en la Generalitat también lo hace todo más llevadero.

Por otro lado, estudiaste un máster en Teoría de la Literatura y ahora estás escribiendo la tesis doctoral, ¿cuál es la línea de investigación que te interesa?

Hace tiempo que terminé el máster de Teoría de la Literatura y defendí la tesina, y ahora llevo un par de años con una tesis que pone en relación las llamadas “literaturas del yo” con Internet en la literatura contemporánea.

Leonardo Cano

Y hablando de tu futuro, ¿cómo será el próximo libro de Leonardo Cano?

Espero que portentoso, colmado de gran literatura y de gran éxito, claro. Esas casas de El Viso no se van a comprar solas. Aunque, teniendo en cuenta cómo va el mercado literario en España últimamente, no parece que vaya a ser yo el que las habite. Pero, como decía, yo confío en mi suerte.

En cuanto al tema del que tratará, no me gusta demasiado hablar de lo que tengo entre manos. Una novela sobre el futuro bastante incorrecta, digo siempre. Ahora diré que lo importante es que venga sano.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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