
Lorena Camacho Manzanares (Palma de Mallorca, 1997) ha creado un universo literario a través de Luna, un personaje que vive una historia que tiene que ver con el invierno. Su primera novela, titulada Once inviernos y medio, conectó con los lectores que la vieron como una nueva referencia del género dramático juvenil. Ahora nos presenta la continuación de la saga en Un invierno nuevo, una segunda obra que muestra la vida de Luna más allá de la perdida física de su primer amor.
¿Qué te dejó Once inviernos y medio?
Once inviernos y medio, además de estrenarme como escritora, me ha demostrado que hay historias que se pueden perdonar. Me ha enseñado a asimilar y aceptar que el camino continúa, no siempre como nos gustaría, pero continúa. Y que seguir adelante no significa olvidar, sino aprender a convivir con lo vivido.
También me ha permitido honrar el amor de Ángel y, de alguna manera, escribir literalmente un nuevo libro en mi vida. Gracias a esta historia he podido experimentar y comprender mejor la vida, las personas y la forma en que cada uno de nosotros gestiona sus heridas y aprende a avanzar.
¿Relacionas el invierno con tu vida?
No necesariamente. El invierno es una estación más en mi vida. Al ser la época del año que menos me gusta, inevitablemente la asocio a una etapa menos agradable y a momentos más difíciles. Pero con el tiempo también he aprendido que incluso los inviernos más oscuros son necesarios para volver a florecer.
Por eso, más que relacionarlo con algo negativo, lo veo como una parte más del ciclo natural de la vida. Lo importante es recordar que ninguna estación es eterna. Al igual que ocurre con las emociones, todo tiene un paso por nuestra vida. Hay momentos de frío y recogimiento, pero también llegan otros de luz y crecimiento.
Has creado un personaje, Luna, que tiene mucho que ver con tus vivencias. Ahora presentas una segunda novela titulada Un invierno nuevo. ¿Hay inviernos mejores?
Hubo un momento en el que creí que me hundiría en aquel invierno. Toqué fondo de una manera en la que jamás me habría imaginado.
¿Hay inviernos mejores? Sinceramente, no tengo una respuesta para eso. Lo que sí sé es que durante mucho tiempo fui feliz junto a una persona que me enseñó que el amor no es una moneda de cambio, sino cuidado, respeto mutuo y constancia. Y fue precisamente ese amor el que me impulsó a buscar mi propia felicidad cuando ya no estaba. A seguir viviendo, a seguir soñando y a honrar todo lo bonito que compartimos.
¿Qué sigue en la vida de Luna con relación a tu anterior novela, Once inviernos y medio?
Nada. Y eso es lo mejor. Luna ha cambiado, ha evolucionado y ha crecido junto a las personas que ama. La vida continúa, pero ya no desde la tranquilidad y la paz que tanto le costó encontrar. Sigue teniendo la misma constancia por ser mejor cada día, sigue acompañada por su perrita Noah y por una familia que también ha avanzado y evolucionado con ella.
No hay una nueva batalla que ganar ni una herida que cerrar. Simplemente hay vida. Una vida imperfecta, como la de cualquiera, pero llena de amor, aprendizajes y nuevas oportunidades.
¿Luna evoluciona en paralelo a ti o hay diferencias radicales?
Luna nace desde la niña que fui, desde esa etapa en la que no entendía por qué ocurrían ciertas cosas ni cómo gestionar lo que sentía. De alguna manera, Luna es la evolución de esa Lorena niña que existió un día. Es la forma que he tenido de dar voz a emociones que, en su momento, no supe expresar.
La única diferencia real entre ambas es la experiencia vivida. Todo lo demás sigue viniendo del mismo lugar: de lo que sentimos, de lo que aprendemos y de cómo vamos creciendo con el tiempo.
¿La literatura se basa en las emociones?
Personalmente, sí. Creo que la literatura se basa en las emociones. Mis historias nacen siempre de alguna emoción: del amor, de la pérdida, de la soledad o de cualquier experiencia que me haya marcado de alguna forma.
Y como lectora me ocurre lo mismo. Cuando leo un libro, no busco solo una historia, sino sentirla. Busco conectar con los personajes, formar parte de lo que están viviendo y emocionarme con ellos.
¿Y qué le dirías a los lectores que solo conciben la literatura como algo cerebral?
Realmente, si un lector se siente cómodo leyendo un libro desde una perspectiva más cerebral o más emocional, ambas formas son igualmente válidas. Lo importante es que encuentre una motivación para leer, aprender o sentir algo a través de la historia.
No creo que exista una única manera correcta de acercarse a la literatura. Cada lector conecta con los libros de una forma distinta, según su momento vital, su sensibilidad o su forma de entender el mundo. Al final, no hay una respuesta correcta, solo un lector para cada libro.
¿La vida de Luna continuará en los libros?
De momento, la vida de Luna termina aquí. No es un final abierto, pero tampoco lo siento como un cierre absoluto. Es más bien un “hasta pronto”.
Siento que su historia en este punto ha encontrado una especie de calma, un lugar de paz donde todo lo vivido ha tenido su proceso y su sentido. Ahora le toca quedarse en un lugar donde poder respirar en silencio y disfrutar su vida.










