Del archivo a la literatura: investigar y reimaginar a Túpac Amaru

Biografía, ficción y Juan Bautista Túpac Amaru | Juan Manuel Chávez, 2021-2022

 
Tomando como punto de partida el tema del viaje y la literatura, el escritor Juan Manuel Chávez (Lima, 1976) nos introduce en el proceso del gestación de su libro Juan Bautista Túpac Amaru. El dilatado cautiverio (Arsam, 2021), basado en el estudio y la edición de las memorias –prácticamente desconocidas– de Juan Bautista Túpac Amaru, hermano menor de José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II), quien encabezó una sublevación contra el régimen colonial español en el Perú de 1780.

Hubo un tiempo en que viajar era lo máximo. Con ese ir para regresar, porque lo fascinante eran las vivencias y lo trascendental era compartirlas a través del relato.

Entonces, asomaban las comparaciones entre el aquí y el allá. Se volvía a casa siendo un ser humano mejor: más sensible, más respetuoso, más culto; en suma, viajado.

El resultado: un efecto transformador.

Hay un tiempo para ese tipo viaje, uno que corresponde a cierta ingenuidad vital e irresponsabilidad existencial. Aquella dicha juvenil, esencialista. La madurez aplana todo esto.

Juan Manuel Chávez, 2021

Era un tiempo en que no hacía falta el confort para viajar, pues la aventura consistía en seguir, incluso, cambiando fechas y destinos. A pie, en ruedas o sobre rieles.

Hasta que, en vez de visitar, se comienza a coleccionar nuevas ciudades por tierra, mar y aire. El sentido del viaje se trastoca: ya no es para regresar y para relatarlo, basta con registrarlo. Hasta el mejor viajero se arruina cuando se convierte en el notario de sus experiencias. Y algo pasa después.

Los anhelos de permanecer en un lugar lejano fueron mutando hacia las ganas por marchar a otro sitio todavía más remoto, con la seguridad de que sería urgente partir de ahí. El modelo tan cándido como templado del viaje va quedando atrás.

Ahora es el vértigo. Pronto será el hastío, como sucede con cualquier manjar que se consume con voracidad. A la larga, cierto gusto por lo inmóvil y una adulta seguridad: no hay mejor viaje que el cancelado.
 
#1 Viajes e investigación

Sin embargo, hay viajes sin ocio ni negocio que eluden esta deriva de autorreproche e inconformidad. Los que se hacen por investigación, en los cuales impera un contraste que retribuye. Sean días o semanas, tengo la sensación de que son peregrinajes extensos con la finalidad de permanecer en espacios cerrados. Un enclaustramiento a distancia.

Si bien el pasado se observa ante la arquitectura o el paisaje, el conocimiento de este pasado es una tarea de archivo que funciona bien con sus dosis de escepticismo y juicio crítico ante los documentos. Además de sentido del humor frente a la adversidad y del amor por la tarea.

Juan Manuel Chávez, escritor

Así fui, sobre todo, a Lima y Buenos Aires en América; a Sevilla y Madrid en Europa; a Ceuta, del otro lado del Mediterráneo que glorifica mi balcón en Barcelona, en el norte del África.

Nunca le pedí a Google un reporte de mis movimientos planetarios, pero igual llegó a mi correo la información de 2019: había dado una vuelta y media a la circunferencia de la Tierra.

Idas y venidas para terminar, al cabo de una cantidad espacial de 60.361 kilómetros, en el mismo punto de partida. No me refiero a la vuelta a casa, que también, sino a que los objetivos de la investigación no siempre se consiguen.
 
#2 Juan Bautista Túpac Amaru

La investigación giraba en torno a la figura de Juan Bautista Túpac Amaru (1747-1827) y las memorias que le encargó el Gobierno de Buenos Aires. Hermano de Túpac Amaru II, líder de la gran rebelión indígena del siglo XVIII contra la administración del Virreinato del Perú, Juan Bautista no fue ajusticiado como sus familiares por las autoridades españolas. A él lo sentenciaron al exilio en la colonia penitenciaria de Ceuta.

Aunque Juan Bautista testimoniaba que se mantuvo al margen de las acciones e hizo reclamaciones contra su castigo en el norte del África, que consideraba injusto, permaneció en esas costas durante casi cuatro décadas hasta que consiguió su libertad. Regresó al continente americano, pero nunca a su Cusco natal.

El ministro Bernardino Rivadavia le ofreció en 1822 una pensión y vivienda bajo la condición de que escribiera de su puño y letra la relación de sus padecimientos. El opúsculo se publicó con el título de El dilatado cautiverio.

Albert Camus, 1978

Conocía aquella edición príncipe de 38 páginas, que digitalicé en la Biblioteca Nacional del Perú, lo que perseguía era el manuscrito. Pasé tres meses en Buenos Aires, entre el Archivo General de la Nación (frente al monumento a Juana Azurduy), el Instituto de Literatura Hispanoamericana (que está a la vuelta) y la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (donde además frecuentaba la muestra dedicada a Camus. “Recorrida por la ciudad ­–de una fealdad rara–. Por la tarde, mucha gente”, figura en sus Diarios de viaje).

Buscaba el manuscrito de Juan Bautista. También buscaba a Juan Bautista, el lugar donde fue enterrado en el Cementerio de la Recoleta, que ha sido ampliado y remodelado un par de veces en sus doscientos años.

Volvía a Buenos Aires y permanecía en la ciudad con diversos objetivos secundarios, como entender el contexto reformista al que llegó Juan Bautista en 1822 o analizar su escritura en diálogo con el memorialismo de su época. Sin embargo, los objetivos centrales eran solo dos, asentados en el afán investigador, una curiosidad e interés histórico y la imaginación literaria: dar con las páginas que debió emprender de su puño y letra aquel Túpac Amaru por el decreto rivadaviano, lo cual nunca encontré, y desentrañar la ubicación exacta de sus restos bajo los mausoleos del cementerio, que jamás conseguí.

No hay forma de dulcificar la derrota. O sí.
 
#3 Archivo y memoria histórica

Repartía los días del último trimestre de 2019 en Buenos Aires: las mañanas en un archivo y las tardes en otros, además de los repositorios bibliográficos con publicaciones recientes que analizan las transformaciones del virreinato a la república.

Omar Aramayo, 2019

A mi alrededor estaban los investigadores curtidos que se ponían los guantes de látex y las mascarillas higiénicas ante las cajas con documentos bicentenarios. Era su protocolo para manipular páginas del pasado con una seguridad sanitaria que, por entonces, era una opción minoritaria e inaudita… pronto las practicaría el mundo entero. A fin de cuentas, la gente experta en formular hipótesis está en posición de anticiparse al futuro.

Procedía en función de pistas como hacen los detectives: algunas, traídas desde mi base de operaciones en Barcelona tal si fuera una bitácora de navegante y varias más que fui encontrando en los documentos que consultaba, como eslabones de una cadena que siempre termina extendiéndose y tiende a ramificarse, en torno a la obra y en torno al hombre que la escribió.

Sobre él, conocía un dato concreto por historiadores e investigadores literarios que me precedieron: Juan Bautista fue trasladado del hospital donde murió en Buenos Aires al Recoleta, en el cual fue enterrado.

Fui al cementerio tres veces, por lo menos, estuve ante el cuaderno de ingresos de difuntos, que exhibe hacia el final de una página de 1827 el nombre del Túpac Amaru, y recorría sus pasillos por horas, antes de que cayera la noche. Del Recoleta conservo un puñado de imágenes (es un patrimonio arquitectónico muy fotogénico) y un selecto recuerdo ceremonial.

Un mediodía de 2019, en la primavera porteña, antes de que viajara al norte del África para buscar el callejón donde Juan Bautista sobrellevó sus décadas de exilio en Ceuta y antes todavía de que el mundo se cerrara por la pandemia, vi a un grupo de compatriotas con prendas oriundas de los Andes y una bandera que remite al Tahuantinsuyu haciendo un pago a la tierra en el Cementerio de la Recoleta.

Túpac Amaru II, recreación de Álvaro Portales

Estaban reunidas para conmemorar el 4 de noviembre de 1780 en el lugar donde yace el hermano del líder rebelde, en cierto perímetro de aquella monumentalidad fúnebre. Un Túpac Amaru que siempre repitió que no había participado de forma activa en el levantamiento indígena, a diferencia de sus parientes.

Siglos después de aquellos acontecimientos, estas personas tendían un arco entre el Cusco y Buenos Aires como metáfora de la América de fondo prehispánico y de proyección republicana. Tenía ante mí una lógica tan literaria como documental, bajo la fusión de una historia de resistencia virreinal con las coordenadas territoriales de una defunción que legó a la posteridad su valor testimonial.

Hay derrotas que igual permiten el aura de triunfo. Ir e ir al Recoleta, en consonancia con mi consagración a los archivos y repositorios donde siempre hubo personal que se implicó en mi investigación, me ayudó a distinguir el enfoque que adoptaría en mi estudio: esto iba de resistencia, la máxima heroicidad sobre la que debía escribir era la sobrevivencia.
 
#4 Un nombre mal escrito

Remití el original a mi editor durante los meses recios del confinamiento por el coronavirus, y si bien hubo que esperar un año pandémico para que el libro saliera impreso, a mí me acuciaba una cuestión pendiente sobre este hombre cuyo mérito fue el aguante transcontinental hasta la ancianidad.

Y es que, tal como de Buenos Aires regresé sin haber cumplido los dos objetivos principales, del viaje a Ceuta volví con una tentación para mi olfato literario.

La Corona española le asignó a Juan Bautista Túpac Amaru una pensión de 6 reales diarios por su exilio. No vivía tras las rejas ni encadenado en aquella ciudad amurallada, pero debía cumplir con una serie de requisitos como los sacramentos de la Iglesia para recibir estas monedas.

Chevrolet Camaro

Entonces, existía un padrón en el cual las autoridades consignaban su nombre según asistía a la misa y participaba en la eucaristía. Observé, de un año a otro, que lo escribían así: Juan Tupa Camaro. El traslado de la letra final de una palabra a la otra, además de una cuestión fonética.

El cusqueño se daría a llamar con la particularidad que tiene en idioma quechua la pronunciación de la “u” y la “o”: ambas suenan casi como la segunda vocal), lo cual diluye la amplitud semántica de Túpac (que remite a una forma de nobleza incaica) y de Amaru (que alude a la serpiente de las mitologías prehispánicas).

Aquel registro me llevó a una imagen distinta, de mi niñez: un automóvil deportivo de la Chevrolet, con su capó larguísimo y dos puertas. Mi madrina tenía un Camaro blanco, que estacionaba frente a nuestra casa.
 
#5 Tupa Camaro: de la biografía a la literatura

Había entregado al editor mi estudio Juan Bautista Túpac Amaru. El dilatado cautiverio, cuyo primer y más extenso capítulo es un perfil biográfico. Sin embargo, no había terminado con el personaje.

Tenía vacíos por llenar, muchos de los cuales jamás alcancé a resolver frente a los documentos históricos y las referencias de archivo. Por tanto, podía ensayar una alternativa con las estrategias de la literatura.

¿Por qué no hacer de Juan Bautista un personaje? Mejor, crear a partir de él a Tupa Camaro. Que no se quede como un nombre mal escrito en un legajo decimonónico.

Si había sido un confinado a la fuerza que intentó múltiples formas de sobrevivir, bien podía hacerlo en 2020, transfigurado hasta aquí desde las bisagras del siglo XVIII al XIX.

Juan Manuel Chávez, 2022

En la segunda mitad del año pasado me aboqué a planear la historia de un cusqueño que deja su tierra después del asesinato de su hermano, un activista. Busca la condición de refugiado en España, pero todo se complica a una escala global.

En esta ficción también está el paso por Montevideo y el tiempo en Buenos Aires, donde recibe ayuda. Y se despliega una escritura que se apropia de fragmentos de El dilatado cautiverio y discurre en espejo con esa memoria bicentenaria. Incluso emula su cantidad de páginas.

Por supuesto, el título es Tupa Camaro, pues hay un Chevrolet coupé en la herencia familiar.
 
#6 Investigación y literatura

Desde entonces me repito una mentira que doy por cierta: emprendí mi “nouvelle” porque no conseguí lo que buscaba y encontré lo que nunca imaginé.

Puesto en términos contables, desde el debe y el haber del campo de la investigación crecí en lo literario. Uno y otro son ámbitos interconectados, que se nutren entre sí.

Que no llegué al manuscrito de Juan Bautista ni conocí el sitio de sus restos en el Cementerio de la Recoleta, pero me obsesioné con la imagen de Tupa Camaro por el Túpac Amaru cuyas pistas seguí durante años por tres continentes.

Concibo el trabajo de archivo como algo signado por la tenacidad y la paciencia. La lucidez necesita de resistencia. Asimismo, solo puedo entenderlo como un péndulo que oscila entre la incertidumbre que determina y el azar que incita.
 

Sobre el autor
(Lima, 1976) Escritor e investigador. Entre lo más reciente de su obra están la novela «Cassi, el verano» y la investigación «Juan Bautista Túpac Amaru. El dilatado cautiverio». Mención especial del Premio Nacional de Literatura (categoría LIJ) en el Perú y el Premio de Ensayo de Radio UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), es docente e investigador de la Universidad del Atlántico Medio (España), facultad de Comunicación.
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