Fiorella Moreno: “Mi prosa busca horadar el plano de lo referencial para sumergirse en otros lenguajes”

Fiorella Moreno, escritora

 
Nuestro colaborador en Perú Juan Pablo Villanueva entrevista a la escritora Fiorella Moreno (Lima, 1990) a propósito de su opera prima La vida de las marionetas (Alastor Editores, 2021). La autora habla de la recepción de su libro de cuentos y aborda temas como la complejidad de las relaciones familiares; los puntos convergentes entre la literatura y la psicología; y el surgimiento de una hornada de jóvenes escritoras peruanas con proyección internacional que trasgreden los límites de los géneros narrativos.

¿Qué sensación te genera que tu primer libro de cuentos La vida de las marionetas haya aparecido entre los trabajos más destacados del año pasado, en Perú y recibir críticas positivas de forma unánime, entre ellas la del escritor mexicano Alberto Chimal durante la FIL Guadalajara?

Asombro, perplejidad. Sin embargo, esta primera impresión fue necesaria, pues me condujo a pensarme como escritora, a ser consciente de mis propias motivaciones.

Fiorella Moreno, 2021

En ese sentido, considero que ha tenido en mí una repercusión de doble sentido: la primera es que, gracias a las diferentes lecturas de mi libro, siento que adquiere ciertas coordenadas mi trabajo de escritura, es decir, soy más consciente de lo que he realizado y de lo que pretendo seguir ofreciendo. Y, segundo, porque esta primera recepción se ha convertido en un acto determinante para seguir viendo a la escritura como una carrera insólita y ascética que, por lo mismo, requiere mucha disciplina, extraña intuición y poca condescendencia.

Y es aquí donde se me viene a la mente ese terrible vocablo que utiliza Capote para describir su propia vocación: el “látigo”. Ese látigo que no es exclusivo del arte, sino de cualquier carrera u oficio donde lo que se ostenta es la quimérica perfección.

En mi caso, ese látigo siempre estuvo, de manera instintiva, pero siempre lo estuvo. Tenía que ser exigente con lo que escribía y con el proceso mismo: tratar de que cada línea condense experiencia ─libresca y vital─ y poesía ─a través del efecto eufónico que puede adquirir una oración─, y que en ese camino o búsqueda no me desvié de lo principal: contar una historia.

Es una cuestión, en resumidas cuentas, obsesiva también, pero no encuentro otro modo de escribir. Y, sí, fue muy emocionante también darme cuenta de que estas historias pueden dialogar con otros espacios, con otras idiosincrasias, con otros modos de narrar, como es el caso de Alberto Chimal. Para mí, fue realmente hechizante descubrir que La vida de las marionetas pudo conquistar a un lector como Chimal.

La memoria de la familia es un tema cada vez más recurrente en la narrativa peruana. En tu caso, ¿cuál fue el motivo para tocar temas como las tensiones familiares, “el amor destructivo” y las acciones de los padres?

Fiorella Moreno, escritora

Para esta respuesta tengo que hallar la manera de relacionar la experiencia vital con la que me proporcionaron los libros. Espero conseguirlo.

Bueno, por un lado, está mi propia vida. Desde muy pequeña me enfrenté a la idea de ser una espectadora que observaba el devenir, los actos ciegos, a veces inexplicables, que asumían mis propios parientes, esos impulsos oscuros, llenos de lo que para mí eran solo silencio y vorágine. En ese camino comprendí que mi propia familia era una estructura compleja y el resultado de un entramado confuso de psicologías. Era como una colisión de filosofías que aun así debían permanecer en una casa, orbitando como satélites.

Y, por otra parte, está el tema de la memoria, una memoria colectiva, sin principio ni fin, donde yace anquilosada la intuición del mundo vivo, lleno de ternura y horror que aprendí de los grandes escritores como William Faulkner o Virginia Woolf. Ir hacia el pasado, hacia una experiencia remota y, de ese modo, encontrar todos los vericuetos que nos aproximen a pensar nuestra propia identidad como individuos.

Al leer tus relatos, rápidamente llamó mi atención el tratamiento psicológico de tus personajes ¿Cuánto tiempo te tomó alcanzar ese nivel quirúrgico? ¿Recurriste a lecturas especializadas, observaciones, apuntes de profesionales o algún otro método?

Por una cuestión personal siempre tuve interés por problemas relacionados a la salud mental, al comportamiento complejo de los sujetos. Es más, tuve un tío que era psicólogo clínico. Y de ahí mi familiaridad con cierta literatura médica: el DSM, Schultz con Teorías de la personalidad, el clásico de Charles Morris, Masterson sobre el borderline y narcisismo.

Charles G. Morris, 1973

También recuerdo algunas lecturas en la universidad sobre psicoanálisis y que servían como teorías para explicar, de manera parcial obviamente, el proceder de ciertos personajes clásicos de la literatura. Pienso en Antígona, por ejemplo.

En fin, creo que a eso se le puede sumar un conocimiento empírico, el haberme decidido por leer la realidad a través de la observación continua de los demás, lo que dicen y lo que omiten. Creo que esto último es, quizás, el mejor combustible para alimentar la imaginación de cualquier escritor.

¿Cómo definirías el estilo de tu prosa?

Creo que es una prosa que busca horadar, romper en primera instancia el plano de lo referencial, lo descriptivo para sumergirse brevemente en otros tipos de lenguaje, como el lírico, por ejemplo.

La cercanía o relación indiscutible entre el cuento y la poesía ─que lo convierte al primero en un formato más experimental─ es algo que me atrae muchísimo, pues me permite sugerir, crear nuevas sensaciones, nuevos planos de la realidad y de esta manera evocar el mundo onírico o surrealista de los personajes. Es una manera sensible de ver la realidad que hallé en algunas obras fundamentales del modernismo anglosajón, por mencionar una referencia clave.

De ahí que busque que el lector se entregue a la experiencia sublime que tiene el lenguaje, ese poder inaudito que socava la realidad, la interioridad de los hombres, solo acallado por los actos.

Busco que el lector se regocije en la palabra, que se emocione con los personajes y, por qué no, que se cuestione también.

Hergé, 1907-1983

¿Cuál fue el detonante que te llevó a dedicarte a la escritura? ¿Hubo algún punto de quiebre?

Esa es una historia larguísima. Creo que se remonta a mi infancia, esta fue clave en la adquisición de ciertos motivos. Yo fui una persona ─lo sigo siendo, en realidad─ muy introvertida, a la que le costaba muchísimo comunicarse con los demás. Y debido a eso ─para amortiguar un poco la realidad que me parecía indescifrable─ leía y me inventaba historias.

Recuerdo un año clave en mi vida, 1997, y el hallazgo de un baúl con historietas y libros. Cogí un número de Las aventuras de Tintín ─me atraía mucho la imagen del perrito Milú─ y me fui a la chacra, propiedad de mi padre, allá en Andahuaylas, a leer bajo un árbol de eucalipto. Creo que, por primera vez, hallé un modo de estar sola y sentirme tan bien conmigo misma.

Desde ese día, siempre me iba a la chacra o al pampón ─este último estaba a unas cuantas casas─ a leer o inventarme historias. Ahí me imagino que empezó todo. De tal manera que a los catorce años intenté escribir algunos poemas y cuentos fallidos.

Luego vino una etapa difícil, problemática, la crisis de identidad en la adolescencia, luego en la primera juventud, donde con mucho dolor resolví hallando mi vocación. Entonces, a los veintiún años supe que quería hacer de mi vida: escribir. Y, sin embargo, cuando empecé a hacerlo con más ahínco tenía tanto pánico a hacerlo mal que terminaba escondiendo todo lo que escribía.

Tras la aparición de jóvenes narradoras como Claudia Ulloa Donoso, María José Caro o Katya Adaui, reconocidas internacionalmente, no había vuelto a aparecer otra prosista que generase tanta expectativa. ¿Cómo ves el panorama de las escritoras peruanas? ¿Se les está dando visibilidad o no?

Clorinda Matto, 1889

Creo que estamos en un momento de quiebre, de renovación para la literatura peruana. Y lo que me encanta de este fenómeno es que tiene el impacto que en su momento tuvo la aparición de la primera generación de escritoras ilustradas en el Perú. Pienso en Mercedes Cabello, en Clorinda Matto de Turner, entre otras, quienes a través de la novela realista socavan ese espacio atosigado por el romanticismo menos original.

En el presente, con la cuarta ola feminista y la recuperación de la mujer como sujeto político, las mujeres que escriben se encuentran aún con espacios cerrados, a nivel local, donde para arribar a un posicionamiento simbólico debemos demostrar más que excelencia. Es decir, creo que, a las escritoras, en general, se les exige probar su calidad literaria aún más que a los escritores.

No obstante, estas barreras mentales de la industria del libro han tenido un efecto contrario a lo esperado, es decir, ─si bien seguimos topándonos con situaciones de menosprecio, de poner en entredicho nuestras capacidades y talento─ ha generado, por otra parte, una gran resistencia y rebeldía que se observa en las mismas obras.

El mejor correlato de toda esta situación es la aparición de obras sumamente notables que trasgreden los límites de los géneros narrativos. Es el caso, con respecto al cuento, de Katya Adaui y Miluska Benavides, por citar algunos ejemplos.

¿Te sientes cómoda con los relatos cortos o aspiras, en algún momento, a escribir una novela o algún libro de mayor aliento?

No sé si sea una cuestión de comodidad. Creo que más bien tiene que ver con una formación. Desde muy pequeña me incliné al relato, leía y escribía cuentos. Puedo decir ─en aras de la honestidad─ que se trata de una relación emocional que tengo hacia este tipo de género. Por ello lo seguiré cultivando.

Katya Adaui, 2021

Sin embargo, no me ciño ni me siento cómoda con ciertas leyes rígidas del cuento. Considero que este género es un espacio que apunta a ser desbordado, donde se puede intervenir, vulnerar muchas cláusulas o convenciones literarias, hacer de esto un maravilloso terreno donde puede converger la poesía, la no ficción, la reflexión ensayística, etc. Un artefacto híbrido, “contaminado”, deliciosamente allanado tanto en el plano formal como de contenido.

Pese a todo, no me niego a escribir textos de “mayor extensión”, pues en lo personal suelo desbocarme cuando escribo.

Para finalizar, ¿podrías decirnos en qué proyectos vienes trabajando? ¿Cuáles son tus planes a lo largo del 2022?

Estoy ahora trabajando en un proyecto de nouvelle y un segundo libro de relatos. Claro, con respecto al primero, no lo pensé así en un inicio, pero conforme fui avanzando me di cuenta que el texto iba creciendo y que debía abordarlo con paciencia, con cierta rigurosidad.

Espero que al menos uno de los dos proyectos vea la luz este año. La idea es que sea, antes de que pueda salir al mercado, un producto que me convenza, por sobre todas las cosas, a mí, como lectora.
 

Sobre el autor
(Lima, 1991). Kamikaze, lector, periodista, ácrata, amante de la música, los tatuajes y los gatos. Es editor del fanzine «Kill The Zine» y guitarrista de Fukuyama.
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