Adriano Bertollini: “Elaborar una teoría de la amistad significa intentar indagar a fondo en nuestra forma de convivir”


 
Nuestro colaborador Raúl Olivencia del Pino conversa con el ensayista e investigador de la Universidad de Palermo, Adriano Bertollini (Roma, 1990), acerca de Filosofía de la amistad. Lenguaje, individuación y placer (Tercero Incluido, 2026), su primera obra traducida al castellano. En el dialogo también se habla del pensamiento de Aristóteles, la individualidad de Crusoe, de Marx, Breaking Bad y de la “amistad” entre Trump y Netanyahu.

Los estudios de Bertollini se centran en las intersecciones entre el lenguaje y la antropología, con un interés particular en las formas de vida contemporáneas. Actualmente, se ocupa de cuestiones de filosofía de la traducción y del pensamiento de Paolo Virno.

La amistad ha tenido un protagonismo secundario a lo largo de la historia de la filosofia, a pesar de que «philos» [amigo] forma parte del termino «philosophia» [amistad por el saber]. Es decir, se ha abordado de pasada al analizar cuestiones, sobre todo, de orden ético-político. ¿El libro pretende rellenar esa laguna? ¿Cuál ha sido la motivación para dedicar a la amistad un libro de filosofia?

Es cierto, la amistad es una figura secundaria en la historia de la filosofía, aunque forme parte de su nombre. Creo que el motivo de este descuido es doble. Por un lado, ha sido —por así decir— neutralizada por el amor, concebida a la luz del amor. Se ha optado por traducir «philia», un término más amplio que nuestra «amistad», como «amor», y así se la ha relegado al olvido.

Adriano Bertollini, escritor

En el libro no me he ocupado de una reconstrucción histórica, pero supongo que parte de esta neutralización se debe al papel desempeñado en la cultura occidental por el cristianismo, que ha descuidado la amistad en favor de la caridad.

Por otro lado, la amistad —al igual que el lenguaje— es un fenómeno tan presente en la vida cotidiana de cada uno de nosotros que tendemos a darlo por sentado, a no cuestionarlo. Lo que está más cerca se nos escapa a la vista. He decidido ocuparme de este tema descuidado porque es un rasgo decisivo de la naturaleza humana que no puede dejar de tener algo que ver con nuestra politicidad. Comprender la forma en que los seres humanos «comparten la vida» (Aristóteles) significa comprender cómo se forjan y se deshacen las amistades.

Es decir, elaborar una teoría de la amistad significa intentar indagar más a fondo en nuestra forma de convivir. Una cuestión de no poca importancia.

La mayoría de aproximaciones a la noción de «amistad» que se han hecho desde la filosofia remiten a los afectos, las emociones o la moral. La originalidad de tu libro reside, justamente, en situar la cuestión en la perspectiva de las facultades, y la del lenguaje, en primer lugar. ¿Qué relación tiene la amistad con las facultades humanas? ¿Por qué el lenguaje es tan importante en los vínculos de amistad? ¿Qué significa establecer mediante la frecuentación amistosa una gramática común?

Unas preguntas muy difíciles. Intentaré ser conciso, pero podríamos decir que el libro es una respuesta detallada a estas cuestiones. En cuanto a las emociones, diría lo siguiente: quien se empeña en concebir la amistad únicamente como una emoción se enfrenta a dos obstáculos insuperables.

Edición italiana del libro

En primer lugar, no se entiende qué tipo de emoción sería y, de hecho, la mayoría de las veces se reduce al amor, perdiendo así su especificidad. En segundo lugar, se pierde de vista que en las relaciones de amistad experimentamos una amplia gama de tonalidades emotivas.

¿Cuántas veces nos enfadan o nos decepcionan los amigos, sin dejar de ser amigos? Muchas otras veces, en cambio, nos inspiran compasión, pero no es raro que sintamos envidia o celos hacia ellos. La literatura y el cine narran muy bien estas dificultades inherentes a la amistad, ¿por qué fingir que no existen en una investigación teórica?

La cuestión de la moral es más sencilla: considero que la filosofía debe describir la realidad y no prescribir comportamientos que poner en práctica. El enfoque moralista de la amistad suele resolverse en una serie de preceptos de conducta y no me interesa dar indicaciones a nadie sobre cómo debe vivir. Además, seamos sinceros, el enfoque moralista es aburrido.

Sobre la cuestión del lenguaje y las facultades. Yo diría esto: somos animales potenciales, plásticos, podemos hacer y pensar muchas cosas. Esta plasticidad, sin embargo, debe organizarse. Pensemos precisamente en la facultad del lenguaje: nacemos sin el habla (in-fans significa «que no habla») pero con la potencialidad abstracta de hablar. Para transformar esta potencialidad abstracta en una capacidad concreta, aprendemos una (o más) lenguas histórico-naturales.

Un recién nacido puede, en teoría, aprender cualquier lengua, pero debe limitarse a una o a unas pocas. Es decir, es necesario delimitar las potencialidades propias de la naturaleza humana, darles forma. La amistad contribuye a dar esa forma. En otros términos, gracias a las amistades modelamos nuestra vida. Los amigos nos muestran posibilidades de ser que no habríamos imaginado, y nosotros a ellos.

En esto, el lenguaje es indispensable. La mayor parte del tiempo que pasamos con los amigos lo dedicamos a hablar y, a través de las palabras, ponemos de relieve nuestras experiencias, nuestros deseos y los de los demás. A menudo, incluso entrando en conflicto con ellos.

La cuestión de la gramática, en cambio, tiene que ver con lo que decíamos antes sobre los afectos. Si la amistad no es una emoción, ¿entonces qué es? También aquí Aristóteles dice algo útil: podemos considerarla como una especie de costumbre común, una forma habitual de compartir la vida con alguien. Cualquier forma de compartir implica unas reglas, aunque no se expresen explícitamente.

Pensemos en compartir un espacio doméstico como la casa: dependiendo de las personas con las que vivimos, cambian las reglas, las costumbres de ese espacio. Algo así ocurre con la amistad, solo que con el amigo no compartimos el espacio doméstico, sino la vida como tal.

Por las relaciones de amistad, también por aquellas que han acabado mal o han resultado nocivas, llegamos a ser quienes somos. ¿En qué sentido la amistad es un dispositivo de individuación?

Esta cuestión está estrechamente relacionada con lo que acabamos de decir sobre el poder y las facultades. El libro parte de un supuesto —por así decir— antiliberal: los seres humanos no son individuos aislados y completos en sí mismos que, posteriormente, entran en relación. No somos como Robinson Crusoe en una isla desierta.

Al contrario, como sostiene Marx, las relaciones sociales son constitutivas de nuestra individualidad. Es una obviedad, pero nos convertimos en lo que somos a partir de los acontecimientos que nos suceden y de las personas con las que establecemos vínculos. Por eso hablo de «proceso de individuación», que es el camino infinito en el que cada uno de nosotros se convierte en lo que es.

Los amigos son una pieza fundamental en la individuación de cada uno de nosotros porque, al compartir la vida con ellos, damos forma juntos a nuestras respectivas vidas. Algo bonito, pero también difícil. En el libro he intentado evitar los elogios desmesurados de la amistad, esforzándome por poner de relieve también sus lados oscuros y problemáticos.

De hecho, no es seguro que compartir la vida con alguien nos convierta a ambos en mejores personas; puede ocurrir exactamente lo contrario. Es el tema de las amistades peligrosas; el hecho de que no siempre con quienes pasamos nuestro tiempo sacan a relucir lo mejor de nosotros.

Daniel Defoe, 1719

En el libro planteas que el amigo [philos] es una especie de voz interior externalizada. ¿Qué importancia tiene el otro sí mismo [heteros autos] para la formación de la autoconcienca? ¿Qué quiere decir que el amigo sea una autoconciencia externa?

Me parece muy bonita la expresión griega según la cual el amigo es otro yo mismo. Es algo muy distinto del alter ego latino. El alter ego es otro yo, una copia de mí fuera de mí. En cambio, «yo mismo» es un reflexivo e indica el acto de repliegue de la conciencia sobre sí misma, lo que la filosofía ha denominado autoconciencia. El hecho de que no solo pensamos, sino que pensamos que pensamos. Esto es posible gracias al lenguaje. Un ejemplo: percibo el cielo azul fuera de la ventana y puedo ser consciente de esta percepción mientras se produce porque, en mi cabeza, a través de las palabras, formalizo esa misma percepción diciéndome «qué bonito está el cielo esta mañana».

Es un hecho trivial, pero lleno de consecuencias porque, continuamente, mediante el lenguaje verbal, procesamos lo que nos sucede.

En esto, los amigos desempeñan un papel de vital importancia ya que con ellos hablamos de lo que nos pasa a ambos, ponemos en perspectiva los acontecimientos, reflexionamos sobre lo que sentimos, sobre lo que podríamos hacer, etc. En la práctica, lo que hacemos en primera persona lo hacemos también en segunda persona, con otro (uno mismo). Es algo valioso, poderoso. Una voz externa que puedo usar para pensar en mi vida. Y al revés.

A pesar de que la perspectiva desde la que abordas la amistad elude la afectividad y la moral, sería difícil pensar una relación de amistad sin algun tipo de compensación afectiva. ¿Qué papel otorgas al placer y al displacer en la amistad?

En parte ya he respondido antes al decir que en la amistad hay una gran variedad de emociones. Es más, podríamos decir que las relaciones de amistad son una especie de laboratorio emocional en el que también aprendemos a experimentar los sentimientos más dispares. En cuanto al placer, por el contrario, diría, en pocas palabras, que el proceso de individuación es un proceso acompañado de placer.

Es una experiencia que todos hemos vivido: cuando expresamos nuestras facultades dando forma a la vida, obtenemos alegría, placer. La idea es que el despliegue de las posibilidades del ser es algo íntimamente placentero y que, por lo tanto, cuando algo así ocurre en las relaciones de amistad, lo disfrutamos.

Aristóteles decía que sin amigos no se puede ser feliz. También en esto tenía razón, pero también en este caso hay que tener cuidado: contrariamente a lo que pensaba Aristóteles, según el cual la amistad está ligada a la virtud y si se es amigo se es necesariamente bueno, en realidad también se puede obtener placer de un proceso de individuación en el que se hacen cosas censurables.

Las amistades criminales son un excelente ejemplo, pero no por eso dejan de ser amistades. Pongo un ejemplo tomado de la cultura contemporánea. La serie de televisión Breaking Bad es, en cierto modo, la historia de una amistad criminal que transforma al protagonista, Walter White, en una persona terrible. Y, sin embargo, es evidente que le gusta la vida que lleva junto a su amigo Jessie Pinkman, de la que obtiene algún tipo de placer.

Recientemente se han publicado en España otros dos libros de filosofia sobre la amistad: La pasión de los extraños. Una filosofia de la amistad, de Marina Garcés, y Filosofía de la amistad. Experiencia, sentido y valor de nuestro vínculo más libre, de Laura F. Belli y Danila Suárez Tomé. ¿A qué crees que se debe este nuevo interés por la amistad? En una época en la que las redes sociales solo nos proporcionan seguidores y cuentas a las que seguir, ¿la amistad tiene algo de subversivo?

Tercero incluido, 2026

Sinceramente, no me he formado una idea clara. Me parece —aunque puedo estar equivocado— que, en la actualidad, España es uno de los lugares culturalmente más dinámicos de Europa y también uno de los más sensibles, desde el punto de vista político, a las reivindicaciones de los más desfavorecidos; por eso no me sorprende que haya interés por un tema como este.

No sabría decir si la amistad tiene algo de subversivo, pero es cierto que en una época como la nuestra, en la que el proyecto del individualismo neoliberal muestra todas sus fallas y sus callejones sin salida, reafirmar la matriz común, pública, intersubjetiva —en una palabra, amistosa— de la vida es de máxima actualidad. Pero hay que tener cuidado de no cometer un error que se comete a menudo cuando se habla de la amistad en el mundo contemporáneo, y es ver en el desarrollo tecnológico el mal y en la amistad la salvación, como si esta tuviera un poder mesiánico o emancipador.

La amistad es un recurso imprescindible para la buena vida, pero no es en sí misma salvadora. Y aunque nos pueda proporcionar placer, no necesariamente hace del mundo un lugar mejor —pensemos en los daños causados por la amistad criminal entre Trump y Netanyahu.

En resumen, diría que el potencial transformador inherente a la amistad es fundamental para cambiar el mundo. Pero depende de las acciones de los amigos convertirlo en un lugar mejor. El partido está abierto.
 

Sobre el autor
Editor en Tercero incluido, autor de «Clase turista» (2018) y «La vida nocturna de M. Rajoy» (2022), autónomo en lo político, es decir, comunista, autónomo en lo laboral, es decir, vivo en la «intimidad» la contradicción capital-trabajo. Instagram: @olivenciaraul. Twitter: @raul_olivencia
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