Metáforas visuales (I): «Submarino», de Thomas Vinterberg

Fragmento cartel «Submarino», Thomas Vinterberg, 2010

 
Luis Mancha explora las metáforas visuales más deslumbrantes, ingeniosas y sugerentes del cine, en este caso Submarino (2010), un film de Thomas Vinterberg, que dejó al autor literalmente paralizado con películas como Celebración (1999) o La caza (2013), y quien recientemente ha estrenado Otra ronda (2020), Oscar a mejor película internacional 2021.

[Submarino se puede ver en Filmin.es]

Nick y su hermano son dos adolescentes que cuidan de su recién nacido hermano en ausencia de una madre alcoholizada. Tras una noche de borrachera, se encuentran al niño muerto en su cuna. Nick, el hermano mayor, se culpa de la muerte del infante. Dicha herida marcará su existencia.

Ahí va la metáfora visual:

 
Vinterberg utiliza esta brillante metáfora con la que nos muestra visualmente la herida interior de Nick y cómo él se enfrenta a este dolor. Esta metáfora es su mano desgarrada y la venda que la cubre, cuya imagen condensa su manera de enfrentarse a sus tormentos interiores. No por casualidad descarga su frustración en una cabina telefónica, pues sus problemas de comunicación son la causa de que su herida se necrose en su interior.

A lo largo de la cinta, su relación con la venda será la forma con la que lidiará con su llaga. Así, en un momento de la película observamos un pequeño cambio. Nick comienza tímidamente a abrirse al mundo.

Después de demandárselo repetidas veces, duerme toda la noche con la chica con la que mantiene una relación, digamos, asimétrica. Ella, entregada (su presentación es una felación a Nick para que este se relaje, según sus palabras). Nick, distante, mohíno y, en ocasiones, desagradable.

Ese atisbo de transformación también se observa al telefonear al hermano y dejarle un mensaje en el buzón de voz. Y, por supuesto, este pequeño pasito se refleja en la metáfora visual:

 
Como vemos, comienza a desenrollar la venda mugrienta, caparazón hediondo con el que se protege del mundo, pero a la mitad decide taparse la herida de nuevo, mostrándonos que no está todavía preparado para enfrentarse a sus traumas. A cambio, lo único que hace es engañarse poniendo la vendada mano en el chorro de la ducha como ablución fraudulenta.

En el fondo nada ha cambiado. No por casualidad el excuñado es quien llama a la puerta cuando Nick está “lavando” su dañada mano. Este le hace una especie de encerrona para que vea a su hermana, antigua novia. En ese momento, descubrimos que es una de las causas de sus heridas, o de que su llaga inicial se hiciera más profunda. Esta le abandonó cuando Nick le propuso tener el hijo que accidentalmente llevaba en sus entrañas. Nada más verla, Nick huye.

A lo largo de la película la herida volverá a sangrar:

 
La sangre brota ya de una forma escandalosa, ya no puede más, la herida interior se desborda. Sin embargo, su reacción es ponerse otra venda sobre la anterior, encerrarse aún más en sí mismo, ocultar, ocultarse, lo que le desgarra por dentro, tratar de contener algo ya incontenible.

Cuando por fin decide quitarse la venda y enfrentar la realidad:

 
Descubre el destrozo, el destrozo interior. El derrumbe personal va unido a la caída social, representado por el lugar en el que se encuentra, que no desvelo para no hacer spoiler (más del necesario).

En la siguiente secuencia, en el hospital:

 
Cuando, por fin, decide enfrentarse a sus fantasmas interiores ya es demasiado tarde.

Una vez tocado fondo, comienza una nueva vida. Su trauma le ha sido extirpado de una manera dramática, pero parece que ha sido cercenado definitivamente.

En la mano amputada llevaba un tatuaje homenaje a la novia. Un final perfecto, para una metáfora genial. Nick se separa definitivamente de la mujer de su vida, así como de su recuerdo, que le hería inmisericordemente, admitiendo que la ha perdido de forma definitiva, al igual que la mano.

De hecho, a la pregunta de Martín, su sobrino, sobre qué le había pasado a la mano, Nick le responde que la había perdido. Sin embargo, como buen símbolo, no solo habla de esta, sino de la novia y del hermano que perdió en su infancia, y de cuya muerte no ha dejado de culparse. Pero añade: “me las apañaré”.
 


Agradecemos a Celia Casanova Mesas su colaboración en este artículo

 

Sobre el autor
Profesor de Sociología y Comunicación audiovisual en la Universidad de Alcalá (Alcalá de Henares), así como director de la Cátedra UNESCO de Estudios Afroiberoamericanos. Es autor de varias películas documentales como Inner Borderlines. Visions of America through the Eyes of Alejandro Morales (2014), Generación Kronen (2015) (basado en un libro homónimo escrito por el propio Luis Mancha) y, actualmente, está preparando un documental sobre la vida de los sociólogos Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría. Sus documentales se pueden ver en la plataforma Filmin.
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