Sobre la fragilidad y el valor de lo escrito: una reseña de «Bibliotecas imaginarias», de Mario Satz

Actual Biblioteca de Alejandría, Egipto

 
Nuestro colaborador Rodrigo López Romero nos acerca al ensayo Bibliotecas imaginarias (Acantilado, 2021), del filólogo, escritor y traductor, Mario Satz (Buenos Aires, 1944), quien rastrea y resucita la atmósfera de los libros, las voces e ideas del pasado, convertidos en auténticos tesoros del saber y del placer humano. Satz es también autor de El alfabeto alado (2019) y Pequeños paraísos (2017) y Qué es la kabala (2011).

[Leer un fragmento de Bibliotecas imaginarias]

***

En Bibliotecas imaginarias (Acantilado, 2021), Mario Satz describe míticos recintos marcados por la lectura, espacios reconstruidos a partir de restos arqueológicos o testimonios escritos. En sus páginas se alternan la fascinación por los libros y el temor por su destrucción.

El primer texto, titulado «El canal de las estrellas», narra el descubrimiento de la biblioteca de Asurbanipal en Nínive, recordando el origen común de las tablillas y el pan, ambos nacidos en el horno.

De aquella escritura conservada en arcilla dice: «Entonces como hoy se anotaba lo esencial: los colores de las cosas, sus propiedades benéficas o maléficas, su peso, su origen, su volumen y hasta su olor».

Concisos y evocadores, los textos de Satz rescatan lugares desaparecidos, son arqueologías-cuentos donde penetramos en la lectura ajena.

Dondequiera que estén, los libros reunidos conforman un paisaje singular. Bibliotecas imaginarias lleva al lector de India a Roma, de Córdoba a Kioto, de un monasterio irlandés a la biblioteca escondida en las cuevas de Qumrán, hasta la Casa de la Vida de Bubastis en Egipto, donde:

Los rollos más antiguos dormían en los estantes más altos, por dignidad para con su contenido y para estar más cerca del cielo.

Igual de peculiares resultan la biblioteca ambulante de Quevedo y la biblioteca del silencio de Maria da Souza Oliveira con sus paredes forradas de corcho.

***

Quien lee revive a los ausentes, ni la escritura ni la lectura son actos solitarios, en los volúmenes hay ecos de encuentros, destierros y fidelidades. «¿Por qué un hombre que piensa es más peligroso que un hombre que actúa?», se interroga el autor.

Las narraciones presentan una cofradía de lectores, personajes unidos por la afinidad con palabras que no son propias y el consiguiente deber de resguardarlas: Pitágoras huyendo de noche con un texto en su regazo, Sei Shōnagon respondiendo cuál es su libro favorito, Ovidio en su exilio en Tomis, San Jerónimo traduciendo. Seres que al margen del tiempo atesoraron páginas ajenas.

***

Las bibliotecas configuran enfoques hacia el saber, pero todo conjunto es diverso y pone en riesgo la unidad del discurso.

Tesoro, colección o botín, la fragilidad de lo escrito es patente en las páginas dedicadas a un incendio en la biblioteca de Alejandría y a la destrucción de Madinat al-Zahra; en el uso de manuscritos antiguos por un zapatero y en la quema de códices por Diego de Landa, así como en el hongo violeta que impregnó los fondos vaticanos.

El robo aparece tanto en el saqueo del Palacio de Verano por los europeos, como en una singular parada amorosa del Conde Libri, matemático, historiador y ladrón.

***

Sin importar los detalles, toda escena de lectura se repite, tan próxima a la oración como al secreto. Se dice del papiro «que crujía al abrirse y cerrarse como las alas secas de una libélula enorme».

Al igual que sus lectores, los libros aman la sombra, el silencio y el ocultamiento, su misterio parece entregarse en estas condiciones mejor que a la vista pública.

Una biblioteca pone a resguardo a la vez que en riesgo, un volumen sobrevive mejor que diez mil. Bibliotecas imaginarias ahonda en la evocación de lo extinto. Lo escrito es la memoria de otros, de ahí que su destrucción inquiete.

***

Mario Satz gusta de recopilar imaginarios. Es autor de Pequeños paraísos y El alfabeto alado, volúmenes dedicados a los jardines y a las mariposas respectivamente.

Entre los muchos textos dedicados a la lectura, este es uno memorable que indaga por qué algunos acumulan libros y dónde se cifra su valor. En sus páginas se traza una anatomía de la biblioteca, ahondando en la relación entre los libros y sus dueños, con la lectura entendida como necesidad vital.

Al terminarlo nos sentimos tentados a repetir, como los maestros a los niños en la biblioteca del gueto de Varsovia: «Leed, leed, y la muerte se alejará de nosotros».
 

Sobre el autor
(México, 1992) Ha colaborado con las revistas «La palabra y el hombre», «Luvina», «Primera página», «El coloquio de los perros», «Enclave», «Plurentes» y «Deslinde».
Submit your comment

Please enter your name

Your name is required

Please enter a valid email address

An email address is required

Please enter your message

PliegoSuelto | 2022 | Creative Commons


Licencia de Creative Commons

Una web de Hyperville

Desarrollada con WordPress