Sergi Bellver: “Europa no puede vivir de las rentas de su pasado, tan ‘glorioso’ como depredador y fratricida” (y II)

Fragmento cubierta «Del silencio», Sergi Bellver. Ediciones del Viento, 2021

 
Esta es la segunda y última entrega de la entrevista al escritor Sergi Bellver (Barcelona, 1971) a propósito de su primera novela Del silencio (Ediciones del Viento, 2021), la historia de János, un exiliado húngaro y su largo periplo por países europeos. En esta ocasión, Bellver expresa su desencanto con la desmemoria de la Europa actual, habla de las crisis de los refugiados, la importancia de los escenarios bélicos, de su condición de escritor nómada y de la disolución del autor en su novela. Además, hace un repaso de las referencias musicales, literarias y fílmicas del libro.

La novela tiene muchos apuntes que permiten una reconstrucción histórica de diversos acontecimientos que marcaron Europa. ¿Qué te interesó de ese período?  

Del silencio no es una «tesis» premeditada, sino una suerte de novela orgánica que me pilló por sorpresa y, con el tiempo, bastantes dudas y mucho trabajo, he ido alimentando y podando hasta darle forma, pero sin traicionar nunca aquel primer impulso.

Milan Kundera, 2009

La Historia, con mayúscula, es solo el lienzo sobre el que pinto la historia íntima de János y de otros personajes, tan minúsculos y ficticios como genuinos y verosímiles, con ese afán de «explorador de la existencia» humana del que hablaba Milan Kundera.

Si bien la semilla que sembró en mí la desazón inicial fue la crisis de los refugiados sirios, la reacción del gobierno húngaro, y de sus votantes, fue la tormenta que de veras me hizo empezar a escribir la novela en Budapest.

Llegué a la ciudad cuando se conmemoraba el aniversario de la Revolución Húngara de 1956 y recuerdo que, al ver las fotografías de los magiares huyendo de los soviéticos hacia Austria, por los mismos pasos fronterizos que los refugiados sirios, también entre las primeras nieves del otoño y con idénticas escenas de familias desesperadas, pensé «¿cómo es posible que esta gente reaccione así, con este rechazo, frente al mismo drama que vivieron sus padres y sus abuelos?».

A partir de ahí, de mi desencanto con la desmemoriada Europa y de cómo la barbarie nos acecha generación tras generación en cuanto hacemos la vista gorda, nació esta novela.

¿Cómo fue el proceso de documentación de todo el armazón?

Lo que importa en Del silencio es la historia de sus personajes, pero debía armar su trasfondo de la forma más fidedigna posible, así que el trabajo previo fue gigantesco, con una obsesión casi enfermiza por los detalles. No significa que fuera a volcarlo punto por punto en la novela, pero sí lo necesitaba para sentir que pisaba tierra firme mientras avanzaba en su escritura.

For Whom the Bell Tolls, 1940

Al final no he utilizado ni una cuarta parte de toda esa documentación, por tres motivos. El primero, escoger solo lo relevante y lo más simbólico en función de la historia y evitarle al lector cualquier tocho enciclopédico. El segundo, hacerle caso a Hemingway y ser capaz de sugerir todo un conjunto a partir de un detalle en apariencia menor. Y el tercero, quizá el más determinante, el hecho de que en 2018, cuando ya llevaba dos años y medio con la versión inicial de la novela en tercera persona, en pasado y con un narrador omnisciente, decidí reescribirla desde cero en primera persona y en tiempo presente.

Con ello sacrifiqué volumen, datos y tramas en beneficio de la profundidad emocional y de la posible empatía del lector hacia un narrador mucho más humilde y cercano. Un cambio, por cierto, que me llevó a empezar una versión más de la novela en catalán, mi otra lengua materna. Digamos que fue el propio János, un tipo que crece en húngaro pero se hace adulto en francés, quien saltó del manuscrito para obligarme a explorar también mi condición bilingüe.

Fueron tres años más de trabajo demencial, con los dos textos a la vez, pero hubiera seguido adelante con ese reto personal de todas formas, incluso aunque no hubiera encontrado editor en catalán, cosa que, por fortuna, me llegó a su debido tiempo.

A lo largo de todo el libro vamos viajando por varios escenarios europeos, como París, Budapest, Viena o Praga, descritos con tanta precisión que el lector se transforma en acompañante del narrador. ¿Cómo llegas a esa estructura?

En un tiempo en el que demasiados libros se quieren parecer a Netflix, se despegan absolutamente del entorno para centrarse en el ego del escritor o delegan la labor descriptiva en las probables búsquedas del lector en Google, defiendo otros modos de novelar, no tan «convencionales» como parece.

Sergi Bellver, escritor

Reivindico lo que solo puede respirar desde la forma literaria, en la imaginación del otro y sin pantallas. La disolución del autor en la historia para que personajes, climas y escenarios cobren vida propia. La recuperación del paisaje como mucho más que mero adorno o contexto, hasta convertirlo en un espacio simbólico que resuene con el tono de la novela.

En este caso, además, me propuse recorrer cada escenario clave de la novela, pues solo a través de los sentidos podía conseguir cierto grado de viveza, imposible de lograr solo por las redes, los libros o las hemerotecas, herramientas de las que sí me serví en su día para escribir mi relato «Islandia», tan celebrado, pero ambientado en un país al que aún no he ido.

Por añadidura, esa precisión que comentas en Del silencio tenía que ceñirse a otras épocas. La Praga de 1968, por ejemplo, era también una ciudad muy hermosa, pero más sucia y menos colorista que la Praga de hoy en día. Por eso, además de ver, tocar, oler y palpar el paisaje, necesitaba hablar con la gente, sobre todo con los mayores, escuchar su acento a mi alrededor y hacerme un mapa mental de cada lugar a través del tiempo.

Mucho más que por la técnica, pienso, una novela se sostiene por la voz narrativa y por la solidez del mundo que propone. Y no hay documentación ni talento que valgan si no consigues esas dos cosas.

¿Crees que tu nomadismo personal nutrió esta construcción narrativa y vital del protagonista?

Ediciones del Viento, 2021

Mi nomadismo es circunstancial, solo un medio para ganar tiempo y perseguir el único fin que me interesa, que es escribir mis libros en completa libertad creativa.

Seguro que el filtro de esa mirada itinerante, mi propia sensación de desarraigo y las experiencias personales influyen de algún modo en mi escritura, pero habría publicado casi el mismo libro si mi modo de vida fuera sedentario y tuviera una casa, con los viajes de ida y vuelta que hubieran hecho falta por media Europa.

Todas estas ciudades destacan por la importancia de sus ríos y puentes, que se erigen como una metáfora del propio protagonista, que va pasando por escenarios bélicos y posbélicos, conectando con la cultura que puede aportarle cada país transitado. ¿Por qué son tan importantes estos dos elementos en la vida de János?

En su día barajé otros títulos para la novela, y en varios aparecían justo esas palabras, «ríos» y «puentes», también en plural. Así que con eso te respondo: el simbolismo de unos y otros no es casual en Del silencio.

Me gusta y suelo jugar con tres capas de lectura en mis ficciones: la más inmediata y evidente en la acción, otra más sutil, en la que reside la intencionalidad del relato, y una más profunda, muy simbólica, que opera como un eco en el subconsciente. Por eso los ríos de la memoria, los puentes entre el pasado y el presente, lo que he comentado antes del paisaje como pauta tonal, o los animales, un «sello de la casa» en mi narrativa desde Agua dura.

Gabriel García Márquez, 1967

Por ejemplo, además de que las «apariciones» de Věra en su vida tienen lugar en puentes de Budapest y Praga, el barco varado que János encuentra en el Danubio al regresar a Óbuda, como aquel galeón español en la selva de Macondo, es una metáfora de la deriva de toda Hungría desde su primer exilio. Y, hacia el final de la novela, el traslado del gran mercado de Les Halles desde las cercanías del Sena hasta las afueras de París no es más que otra alegoría de la voracidad del capitalismo.

Hablando de los aportes culturales, el libro es de una gran riqueza, con muchísimas referencias musicales, literarias y fílmicas.

En mi novela, por supuesto, se refleja la riqueza cultural del continente, en particular la centroeuropea y la francesa, un poco por mi voluntad de zafarme del omnipresente influjo anglosajón y volver la vista hacia esa herencia, pero sobre todo porque János encuentra pequeñas islas a salvo del ruido del mundo en el arte, el cine, la literatura o la música.

Como ya sucedió en mi libro de viajes, la música vuelve a ser un pilar fundamental y no entiendo Del silencio sin su «banda sonora», pero las películas, las obras de arte o los libros que aparecen en la novela no lo hacen por un mero guiño hacia el lector más o menos culto, sino que tienen un papel en la historia y ayudan a mostrar la evolución personal de János.

Con todo, están ahí sin pedantería, con las palabras justas y en armonía con la cultura popular que rodea al personaje, que pasa de Bach a Elvis o de Liszt a los Beatles sin perder el hilo. También sucede con algunos escritores que deambulan por la novela, y a los que bajo del pedestal, sin pompa metaliteraria pero con toda mi admiración, para mostrarlos como lo que son. Como lo que somos todos los que escribimos, al final: seres humanos cuya única singularidad es mirar y decir el mundo a nuestra manera.

Sergi Bellver, 2013

A pesar de todos los conflictos, con promesas de libertad y mejora para la población, ¿el verdadero legado de la vieja Europa reside en su cultura?

Sin justicia social, compromiso ético y derechos fundamentales para todos, no hay verdadera civilización, ni siquiera en la orgullosa Europa. Si esta sociedad mercantilista y pacata se basa solo en su bienestar económico, un espejismo que no alcanza a los millones de personas que también subsisten entre la precariedad y la miseria en la Unión Europea, se parece más a un búnker que a una cultura de veras humanista y avanzada.

Europa no puede vivir de las rentas de su pasado, tan «glorioso» como depredador y fratricida, así que no basta con nuestro legado cultural, por mucho que haya sido el semillero de tantas cosas positivas en Occidente.

Desde siempre mestiza y en perpetua reconstrucción, Europa no debe acobardarse de nuevo ante la intolerancia y la tiranía, ni en su seno ni en sus fronteras, pues van contra sus supuestos ideales y, nos lo dicen la Historia y el presente, amenazan con volver a arrasarlo todo y despertarnos de nuestro plácido sueño de paz y prosperidad.

Parece que el viaje está siendo el impulsor de tus últimos libros, además de parte integrante de tu vida diaria. ¿Tus próximos proyectos seguirán esa estela?

De un modo u otro, la noción y la experiencia del viaje son fundamentales en mi literatura.

Sergi Bellver, 2017

Además de dar pie a Variaciones sobre Budapest o de estar presentes en varios cuentos de Agua dura, Gavia no fue otra cosa que la evocación poética de veinticinco años de viajes. Mis dos próximos libros, sin duda, van a seguir por ese camino.

Aparte de la versión catalana de mi novela, preparo un ensayo en el que echo mano de mi vida nómada para hilvanar una serie de ideas y reflexiones sobre la vocación y la escritura.

Y también mi segundo cuaderno viajero, en el que me muevo por Marruecos y cuento mi peculiar «exilio pandémico» en la medina de Marrakech.

Alguna vez tenía que reincidir en un género, pues ya se me acababan las opciones, pero supongo que, en mi caso, tiene mucho sentido que vaya a ser con la literatura de viajes.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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