Un fetiche magnético, ¿levitamos?: sobre ‘El levitador magnético y otros relatos”, de Emilio Arnaiz


 
A través del siguiente texto, nuestra colaboradora Dolors Fernández Guerrero analiza los ejes temáticos y la estrategia estética del último libro de Emilio Arnaiz López: El levitador magnético y otros relatos (Ed. Cuadrant,  2025), historias eclécticas de amor, de humor con referencias musicales, literarias y cinéfilas.

Imaginemos por un momento que cualquiera de nosotros, seres corrientes que habitamos lejos de los palacios y de los órganos de poder, nos convertimos en protagonistas de una historia hilarante, trepidante, tierna y rocambolesca −con mucho rock & roll− para perpetrar el robo del siglo, para conseguir una cantidad indecente de lingotes de platino, ocultos en un pozo, situado en el jardín de una mansión inverosímil, la de los Hunkelberg.

Imaginemos que los Hunkelberg, con ese apellido exótico, son vecinos nuestros del barrio de la Virgen de los Desamparados, en Rubí. Y que a estos vecinos, fiesteros a tope, derrochadores y adictos a las bacanales y a las celebrities, los observamos desde la barrera, mientras barruntamos cuál puede ser el origen de tamaña riqueza, porque deseamos ser invitados a sus fiestas, porque nos reconcome la envidia.

Emilio Arnaiz, 2024

Pero ricemos el rizo un poco más. Situemos en este escenario a un científico friki, una streaper retirada, que ha regresado a España tras hacer las Américas en el Bronx neoyorquino, un guaperas con ínfulas de espía y, por último, incluyamos a un cuarto personaje, sobre cuya voz recae el armazón de esta historia: el narrador, el protagonista con final feliz, que no quiere decir −en palabras propias del autor− “demasiado feliz, empalagoso, irreal”. En estos tiempos ultrasaludables, ya sabemos que la saturación de azúcar no sienta bien.

Pero todavía voy a pediros un último esfuerzo, que imaginéis un “levitador magnético”, el objeto fetiche que da título a este libro, un dispositivo que permite que un objeto flote en el aire sin contacto físico, sirviéndose únicamente de las fuerzas magnéticas para contrarrestar la gravedad. Este levitador que ahora estáis visualizando −yo también lo veo− será clave en el desarrollo de la historia.

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Y os explicaré por qué. El levitador magnético y otros relatos, el libro escrito por mi buen amigo Emilio Arnaiz, todo él, desde la portada hasta su última página, levita en el aire. Y ello es porque está compuesto de microrrelatos breves, ligeros, ágiles, sumamente originales, ingeniosos, chispeantes, casi inaprehensibles, que pulsan las cuerdas de nuestras emociones, de los recuerdos compartidos por toda una generación, donde el amor y el humor −en una aleación inusual y magnífica− se hacen hueco, nos guiñan un ojo y nos transportan a un mundo amable, donde la belleza aún es posible.

En un escenario como este, disruptivo según las convenciones; alegre y pintoresco para todos los que celebramos su publicación, se nos descubre un libro positivo y saludable, una defensa vigorosa del carpe diem que abandera los mejores recuerdos de toda una generación: la de los boomers.

Emilio Arnaiz, 2023

Yo lo calificaría incluso como un “libro vitamina”, un alegato de lo hermoso que es vivir, por momentos una alucinación estimulante, una reivindicación del humanismo y del amor bajo cualquiera de sus formulaciones, como en el relato titulado “No descarto reencarnarme en sofá cama”, cuyo enunciado, desconcertante, es solo el medio que el narrador emplea para anticiparnos su objetivo: lograr el ansiado contacto de las “inenarrables posaderas de Mari Pili. Mi amor platónico”.

En el amor y en la guerra −pero para los defensores de la paz, solo en lo primero− todo está permitido y es desde esta perspectiva cómo Eros enamorado puede alcanzar cualquier dimensión, sin conocer límites, fronteras, consistencias ni formas preestablecidas, animadas o inanimadas.

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Las historias que Emilio nos narra son de cariz diverso y nos recuerdan a Eduardo Mendoza, maestro de la ironía y también, por momentos, del desconcierto. En el tratamiento desenfocado de lo real del que Emilio hace gala, un halo de fantasía levita sobre todos los textos, y un hilván entrelaza sonrisas y carcajadas, historias, anécdotas chocantes, ensoñaciones y  estampas  cotidianas en la voz del narrador.  Con frecuencia, este narrador nos suelta un hilo para recogerlo a continuación en el microrrelato siguiente.

Es lo que sucede en “Ernesto Cleido Mastoideo”, cuya alusión final continúa en “Un ribeiro sucumbe ante un batido de chocolate”. Los títulos a menudo son explícitos, declaran su voluntad de sorprender. En este caso concreto, lo que acaba para los protagonistas en un bar con una horchata de chufa sobre la mesa continúa en el siguiente relato con un pedido de lacón con grelos. Un juego de contrastes y dualidades aparentemente irreconciliables noquea al lector.

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La música, omnipresente, pone la banda sonora y a instancias de Emilio, maestro de ceremonias, avanzamos por el texto, nos ensimismamos en sus vaivenes acunados con frecuencia por el mar Mediterráneo, mientras nos canta e insensiblemente, como un prestidigitador, se apropia de nuestras certezas.

Las alusiones a eventos reales del pasado, lugares, personas, artistas, libros, piezas musicales, definen los escenarios de este libro en el que se va devanando la “verdad” de nuestra existencia, la que preside la escritura de su autor, tal y como se cita en “Una historia de amor verdadero”, al final del volumen.

Hay, por tanto, metaliteratura y autorreferencialidad, en un marco conocido, compartido por toda una generación, coetánea del protagonista, quien no deja de ser un alter ego del autor.

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Retomando el concepto de verdad, lejos de dogmatismos, me gustaría mencionar el talante de tolerancia, empatía y bonhomía que preside este libro, pues la verdad no deja de ser algo multiforme, dependiente del cristal con que se mire. De ahí, el vaso puede estar medio lleno o medio vacío. Para Emilio siempre estará medio lleno, y eso en los tiempos grises y convulsos que corren ya es una hazaña.

Tanto Emilio Arnaiz como su Levitador magnético y otros relatos se convierten, en el seno de nuestra comunidad, en una rara avis y, por ello, más preciada.

En definitiva, con este libro Emilio, inusual juglar que halla su inspiración a partir de un papel enrollado en una lata de espárragos vacía, tirada en un pozo, tal y como nos detalla al comienzo de su narración, nos regala creatividad, fluidez, ingenio e inteligencia, tono vital y un concepto del amor que confluye en el humor.

Leerlo es disfrutarlo. Convertirnos en sus lectores, una celebración de la vida.
 

Sobre el autor
(Barcelona, 1968) Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Poeta y novelista, autora del poemario «Mi corazón mordido por tus labios» y de la novela «El club del tigre blanco», y de las novelas breves: «Huye, Alisa» y «Halogramas». Finalista del Premio Planeta de Novela 2024 con «Lluvia de cristal» y accésit en el Premio Vitruvio de Poesía 2024 con «La memoria de la piel». Actualmente es vocal de la Junta de ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña) y administra el blog Despeñaverbos (http://despeñaverbos.es/).
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