El diccionario María Moliner: una vida dedicada a las palabras


María Moliner (1900-1981) realizaba anotaciones sobre palabras, las repasaba y las transcribía de manera meticulosa en unas fichas. Confeccionaba definiciones, las leía y las perfeccionaba. Así trabajaba. Y lo hizo durante 15 años seguidos —en principio iban a ser tan solo un par— hasta que terminó la primera edición de su Diccionario de Uso del Español (DUE), publicado entre 1966 y 1967 por Editorial Gredos. Un diccionario de ejecución muy laboriosa —según explica Inmaculada de la Fuente, autora de la biografía más reciente de Moliner— dado los constantes cambios en busca de la definición perfecta.

A pesar del apoyo de académicos como Dámaso Alonso –quien siguió su obra desde el principio e intervino en la publicación de su diccionario– a María Moliner se la conoce como la académica sin sillón. En 1972 estuvo a punto de convertirse en la primera mujer en ocupar un puesto en la Real Academia Española, pero tuvo que conformarse con ser la primera mujer en ser aceptada como candidata.

Su titulación como historiadora (y no como filóloga), el hecho de que su diccionario pusiera en cuestión el de la RAE y, en parte, ser mujer en un momento en el que esta condición era un obstáculo para progresar en la sociedad, pudieron ser algunas de las causas. El filólogo Emilio Alarcos fue quien finalmente ocupó el sillón ese año y poco después, en 1978, la escritora Carmen Conde se convirtió en la primera mujer en acceder a la Academia.

María Moliner

Los méritos profesionales de la diccionarista —ironías de la vida— no eran demasiados. Ella misma reconocía que su biografía era “muy escueta”, debido a que su único legado fue su diccionario. María Moliner no cuenta con una larga lista de obras que acrediten su trabajo, pero aun así, como le dijo al periodista Daniel Sueiro en 1972: “Si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: ¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!”.

Gran parte de la vida de María Moliner fue, tal y como reza el título de su biografía, la de un “exilio interior” en plena dictadura franquista. En los años de la República fue una mujer muy activa, aportó sus conocimientos a las políticas bibliotecarias nacionales y dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Después de la Guerra Civil sufrió las represalias y se vio obligada a volver al Archivo de Hacienda de Valencia, lo que suponía bajar dieciocho niveles en el escalafón del cuerpo de archiveros.

Su marido, Fernando Ramón Ferrando, un físico de izquierdas, fue apartado de su cátedra y no la recuperó hasta 1946, el mismo año en que María Moliner se incorporaba a la biblioteca de la Escuela Técnica de Ingenieros Industriales de Madrid. Durante este periodo, Moliner se dedicó a trabajar las palabras en el tiempo libre que le dejaba su puesto de funcionaria.

Su diccionario contenía definiciones, sinónimos, expresiones, frases hechas y contemplaba la inclusión de la “Ch” en la “C” y de la “Ll” en la “L”, algo que la RAE no adoptaría hasta 1994. Sin hacer ruido, también aportó su grano de arena para reducir el machismo que por tradición está presente en la lengua. Un debate sexista que este mismo año ha vuelto a primer plano de la actualidad por los anacronismos que la RAE continúa perpetuando en definiciones como femenino, donde utiliza las palabras débil y endeble, frente a la de masculino, en la que se sirve de términos como varonil o enérgico.

Inmaculada de la Fuente explica en El País (12 de marzo de 2012) que mientras la RAE utiliza la voz coloquial marisabidilla como una crítica general al sexo femenino con su definición “mujer que presume de sabia”, María Moliner puntualiza: “Mujer de poca cultura, pedante o redicha, que habla con presunción”. De este modo, es una actitud que no se atribuye a todas las mujeres, sino solamente a algunas. Algo parecido sucede con la definición que la RAE hace de hazana: “Faena casera habitual y propia de la mujer”, que Moliner definió como “Faena. Trabajo casero”, sin determinar si se trata de algo propio de un sexo u otro.

Lo cierto es que la vida de María Moliner fue la de una luchadora en silencio y si bien su obra fue reconocida, quizá no fue tan valorada como merecía. Gabriel García Márquez, poco antes de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982, señaló que María Moliner “hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. María Moliner lo escribió en las horas que le dejaba libre su empleo de bibliotecaria, y el que ella consideraba su verdadero oficio: remendar calcetines”.

Esta mezcla de dedicación familiar e intelectual que destaca García Márquez fue llevada al teatro por el director José Carlos Plaza en 2012, con texto de Manuel Calzada y titulada El diccionario. Un acto de justicia escénica que sin duda merece un personaje histórico, intelectual y reivindicativo como fue María Moliner. Interpretada por Vicky Peña, la vida de Moliner llegó a unos espectadores que tuvieron la oportunidad de sensibilizarse con una historia de superación, truncada en sus últimos días por la enfermedad. La demencia senil se presentó en la vida de María Moliner justo un año después de ser candidata a formar parte de la RAE.

Las palabras y los recuerdos se fueron desvaneciendo poco a poco. La muerte de su marido, también al poco tiempo, fue un golpe duro que la llevó a retirarse totalmente y a pasar los últimos años de su vida arropada por el cariño de su familia, especialmente de su hermana, dos de sus hijos y sus nietos.
 

Sobre el autor
Barcelona, 1987. Periodista cultural y Licenciada en Comunicación Audiovisual. Tras mi paso por el departamento de comunicación de la Librería Altaïr, indago sobre el papel del periodista en el marketing online y el social media. Mientras, hago crecer la comunidad @Pliegosuelto y @EducarconHumor.
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  1. Junto con el artículo sobre mujeres poderosas, el tuyo es de lo poco honesto e ininteligible que hay en la web, entre tanta gracieta y pretensión intelectualoide

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