Alberto Torres Blandina: “Siento que la realidad es una ficción y como escritor debo combatirla con la verdad más cruda”

Fragmento cubierta «Jávea». Fotografía: Miriam Lozano

 
Charlamos con Alberto Torres Blandina (Valencia, 1976) acerca de su último libro, Jávea (2020), que esta vez viene de la mano de la editorial Candaya. El autor plantea una construcción versátil, dura y crítica de la literatura del yo, que no evade los problemas sociales ni los efectos nocivos del neoliberalismo ni busca complacer. También formula un debate sobre la masculinidad. Torres Blandina es autor del ‘poemario-intervención’ Los cementerios vacíos (La Moderna, 2019) y de la trilogía novelística conformada por Después de nunca (2019), Con el frío (2015) y Contra los lobos (2016), publicada por Aristas Martínez.

[Leer un fragmento de Jávea]

Acabas de publicar Jávea (Candaya, 2020), que sigue la estela de Cementerios vacíos, al recrear parte de tu biografía. En esta era del fake news, de la autoficción y del coaching emocional, ¿crees que el hiperrealismo es el único antídoto?

Tengo la sensación de que los artistas, por la naturaleza de su trabajo, están conectados de alguna forma al zeitgeist, al espíritu de cada momento. El punk y el trap surgen en momentos idénticos, donde la juventud siente que no tiene futuro y se arroja de cabeza al presente: sexo, drogas, estéticas que no permiten el futuro laboral que sus padres soñaron.

Carlos Saura, 1981

Estos momentos de crisis proponen ficciones donde los héroes son marginales (cine kinki, La Casa de Papel o Vis a Vis, ahora mismo) porque el orden, el Estado, la ley no son suficientes o generan desconfianza, así que se reivindica a aquellos que actúan por libre (con todo lo que tiene esto de individualismo capitalista también).

Otro fruto de los momentos de crisis son las novelas distópicas. Yo mismo comencé a escribir la trilogía Con el frío tras el 15M, seguro de que solo podía contar lo que sentía, y actuar políticamente, con una ficción apocalíptica a lo Black Mirror. Mientras la escribía, comenzaron a publicarse obras (y salieron películas, series…) con la misma pulsión. Había algo en el aire.

Ahora pasa lo mismo: siento que la realidad es una ficción de libro (pandemia mundial, ascenso de la ultraderecha, autoengaños, conspiranoias absurdas, filtros de Instagram…) y que como escritor debo combatir todo eso con la verdad más cruda.

Contar mi biografía no es el objetivo de la novela, ni mucho menos. Mi biografía es un punto de partida para analizar la sociedad en la que vivimos y un acto de reivindicación de lo verdadero, sin filtros. De lo verdadero, aunque duela, aunque no sea estético, como forma de salir de la ficción en la que vivimos y vernos en perspectiva.

Alberto Torres Blandina

Y entonces, de pronto, observo que a mi alrededor hay muchos escritores que han tomado el mismo camino y que se publican novelas con similares premisas. ¿Casualidad? No lo creo. Todo está en el aire. Los artistas solo dan cuenta, cada uno a su manera, del espíritu del momento. Dan forma al zeitgeist. Bueno, ¡esa es al menos mi hipótesis!

En el libro están muy presentes algunos miembros de tu familia, en especial tu madre. ¿Cómo ha reaccionado tu entorno cuando lo leyó?

Tras escribir el libro se lo pasé a mi madre. Lo leyó y tardó unos días en ponerse en contacto conmigo. Cuando lo hizo estaba bastante dolida. Todas las familias tienen sus “secretos”, por decirlo de alguna manera, historias que quedan dentro de casa y que no se airean. Quedamos para corregir juntos las partes que le habían molestado e incluí su voz matizando algunas cosas, corrigiendo al narrador.

Por suerte entendió que esa sinceridad era la apuesta: contar lo que no se suele contar, desnudarme sin pudor (casi como acto político contra tanta autoficción, hipocresía y filtros embellecedores). Lo malo eran los efectos colaterales: la obligaba a ella a desnudarse también. Esto me ha obligado a tratar los temas más personales con mucha sensibilidad y empatía, lo que creo que ha sido bueno para la novela.

Los amigos del protagonista, Alberto, aparecen con nombres característicos (Sociólogo, Redneck style, Anfitrión…). ¿Cómo nace la idea de ocultar sus identidades bajo nombres contraseña?

Ed. Candaya, 2020

La novela es como una composición musical que va y viene alrededor de símbolos y motivos. Cada parte está narrada de una manera sutilmente diferente y la escena de la comida entre amigos es un metarrelato que va contándolo todo como si los protagonistas fuesen actores que están representando su papel en una película.

Con ello intento remarcar las contradicciones entre quiénes somos y el personaje que en ocasiones representamos. Los conflictos de la clase media progresista, incapaz de ser totalmente coherente con sus ideas. Escindida entre las inercias capitalistas y sus valores morales.

La falta de nombre también ayuda a que los personajes parezcan un tipo en lugar de un ser real… Por otro lado, son escritores muy conocidos en Valencia y no quería meterlos en problemas por lo que se cuenta aquí…

En tu opinión, ¿ficcionalizar la vida es el mejor método para llegar a la verdad del mundo que te rodea?

Cada una de mis novelas es una búsqueda y un aprendizaje de cómo escribir esa novela. Odio las fórmulas y las repeticiones. Si no escribo en la cuerda floja, no hay nervio y no me interesa escribir sin nervio. Cada libro tiene sus estrategias para analizar el mundo que me rodea, que es en el fondo lo que me mueve a escribir, la perplejidad, lograr entender algo.

En Con el frío utilizo la distopía para hablar de nuestra sociedad. En Cosas que nunca ocurrirían en Tokio jugaba con los límites realidad-ficción. En Contra los lobos utilizo la atmósfera del género de terror para hacer una novela social sobre la sensación de no encajar y la imposibilidad de no pertenecer, etc.

A. Torres Blandina, 2019

En Los cementerios vacíos parto de textos médicos reales que sirven de marco y disparador a los textos que van conformando la historia… Cada novela está escrita en un momento diferente. En este de ahora, tan extraño, pensé que la sinceridad era el único camino, y salió Jávea.

La novela funciona como un retrato generacional de todos aquellos hijos de las clases trabajadoras para quienes “la frontera real nunca es la física, sino la económica”…

El narrador está lleno de contradicciones, escindido entre el orgullo de venir de una familia humilde (y haberse ganado lo que tienen) y la rabia de haberlo tenido más difícil que otros.

La verdad nunca es un lugar, una frase, una medida exacta. La verdad se parece más a la probabilidad y está llena de contradicciones y elementos que no encajan. Digamos, poniéndonos pedantes, que eso que se llama verdad tiene poco que ver con la mecánica newtoniana y mucho más con la cuántica, donde al intentar ordenar unos fenómenos se desordenan otros.

Frente a los constantes ataques al capitalismo, una voz en el libro parece decirnos: “¡Despierta! La vida no es tan épica”.

El capitalismo nos convierte en esclavos que sueñan como amos. Lo que acaba convirtiéndose, a la larga, en depresión, ansiedad, estrés, terapias y pastillas para dormir.

Ed. Aristas Martínez, 2019

Por un lado, porque la felicidad prometida al conseguir nuestros deseos no es tanta como esperábamos. Y por otro, porque la escisión entre nuestras metas, generadas socialmente, y lo que en realidad podemos conseguir por nuestros medios suele ser grande.

Seguimos a multimillonarios en redes y compramos cosas que nos hagan parecernos a ellos, pero levantándonos a las siete de la mañana para ir a currar. Para seguir luchando por nuestros sueños, que dicen las tazas. Quizás deberíamos revisar nuestros sueños.

En la novela escribes: “El otro jamás existió. El otro es un invento interesado”. ¿El capitalismo consiste en dividirnos y convertirnos en ególatras?

El otro es un invento político para enfrentarnos, para entretenernos en nuestros odios, mientras los de arriba se aprovechan de nosotros. Solo tenemos que observar España, la guerra de banderitas en los balcones entre Cataluña y, digamos, Madrid.

Durante años, ese odio incentivado desde las élites dio muchos votos a PP y CIU. Los partidos conservadores basan su política a menudo en destacar las diferencias para unir a su grupo, en gestionar odios hacia los otros: los inmigrantes, los gays, los pobres que huelen mal, las feministas, los comunistas provenezolanos…

Y mientras la gente se insulta en redes y pone banderas en el balcón, los de arriba hacen lo que les viene en gana: incluso saquear el país con nuestra connivencia, porque para que roben otros, que roben los de mi equipo.

Siruela, 2011

En el libro también escribes: “Nunca he soportado al macho: esa masculinidad de manual que nos asemeja al mono”. ¿Cómo entiendes la masculinidad?

Nunca me sentí cómodo con mi rol de hombre. Desde niño, como cuento en la novela, me di cuenta de que no encajaba en las inercias y las formas de relacionarse de los “chicos”. Observaba a mis compañeros y me parecían ridículos.

He escrito varias obras que tienen la masculinidad como eje central, Mapa desplegable del laberinto y Los cementerios vacíos. En ambas hablo del hombre en situaciones que no son habituales en la narrativa: el proceso mental del marido de una mujer violada y el sufrimiento por la infertilidad. Con estas novelas no quiero poner en igualdad el dolor de ellos y ellas, solo mostrar la otra parte de estas tragedias. El hombre, aunque menos, también sufre y tiene su propio drama al respecto. Creo que visibilizarlo ayuda a romper tabús y a ampliar el concepto “macho”.

Jávea, desde su concepción, tenía dos temas centrales: el dinero y la insatisfacción, que llevaban inevitablemente al análisis de cómo nos conforma la sociedad capitalista en la que vivimos.

Cuando todo el mundo comenzó a hablarme de la idea de masculinidad que contiene la novela descubrí que, sin querer, había un tercer tema que recorría todo el texto. Un tema que se había colado sin querer, tal vez porque desde siempre le he dado muchas vueltas y ya es parte de mí.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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  1. ¡Mil gracias! Gran artículo, mis felicitaciones.

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