La cadena del frío: el representante de Diego Sánchez Aguilar introduce su último poemario

Fragmento illustración cubierta «Kid A», Radiohead, 2000. Autor: Stanley Donwood

 
La revista Pliego Suelto envió un mail a Diego Sánchez Aguilar pidiéndole participar en su sección “Los escritores y sus textos” a raíz de la reciente publicación de su libro La cadena del frío (La Estética del Fracaso, 2020). Es necesario aclarar, antes de nada, que el autor de dicho libro no es quien responde de forma directa a esa petición, es decir, no es quien escribe estas palabras. Diego Sánchez Aguilar, como algunos saben, se sometió a un proceso voluntario de criogénesis, no sin antes contratarme como agente literario y albacea de su obra.

Intentaré, por lo tanto, dentro de mis limitaciones como representante, satisfacer la curiosidad de los lectores sobre el proceso de creación de La cadena del frío, así como de la escritura en general de mi representado.

Reconozco que no me atreví a arrogarme en exclusiva la difícil tarea de definir este extraño libro, por lo que opté por lanzar en Twitter e Instagram una encuesta para que los lectores intentaran definirlo. Estos son los resultados:

La cadena del frío es:

  1. un canto épico-lírico sobre el individualismo imperante bajo el capitalismo financiero. (12%)
  2. un tratado idiota en torno a la radical separación hombre/mundo en la era tecnológica. (16%)
  3. una fotografía borrosa del abismo que se abre al decir el pronombre “yo”. (22%)
  4. un incompleto estudio sobre los efectos del frío en la conciencia individual, tanto en la vertiente ontológica como en la social. (24%)
  5. una ópera-rock sobre el disco Kid A de Radiohead, protagonizada por un personaje que habita un espacio/tiempo distópico llamado “Año 2000” o “Año de la Pirámide”. (26%).

Diego Sánchez Aguilar, 2020

Respecto a esta última opción, la de la “ópera rock”, que fue la más votada, he realizado una investigación en los archivos de mi representado. Por una parte, el análisis de los metadatos de Spotify de Sánchez Aguilar mostraba, durante la época de redacción tanto de La cadena del frío como de la novela Factbook. El libro de los hechos (Candaya, 2018), una enfermiza obsesión por ese disco de Radiohead, y así lo confirma uno de sus amigos más íntimos a quien pregunté sobre esta cuestión:

“Escuchó mucho ese disco, en el 2000, en el 2001. Pero, sobre todo, volvió a escucharlo de forma compulsiva y más allá de lo razonable a partir de 2008. Para él, parecía ser la banda sonora de la brutal ofensiva financiera y neoliberal que siguió a la crisis de las subprime y que continuó después conquistando territorio tras territorio sin rastro de oposición. El tono apocalíptico de aquel disco de 2000, publicado en plena cima de felicidad económica y de inconsciencia colectiva (recordemos a Fukuyama y su teoría de “El fin de la historia”, tan celebrada en aquellos momentos), adquirió entonces, en su interpretación, un carácter profético.

La “era del hielo” que auguraban aquellas canciones se materializaba cada día ante sus ojos y así pudieron surgir esas imágenes en las que nadie hacía nada por detener el avance del hielo, porque ya estaba dentro de todo nosotros, desde hacía mucho tiempo: habíamos sido agua, sociedad líquida en la metáfora de Bauman y, ahora, ante el ataque, cuando se planteaba una guerra, el frío de la indiferencia nos congelaba. Estábamos atrapados por la cadena del frío, parecía querer decir, y de ahí esa obsesión por el hielo, la indiferencia, la culpa y la criogénesis que aparecen en La cadena del frío pero también en Factbook”.

Editorial Candaya, 2018

Las conexiones con la novela Factbook. El libro de los hechos, son tan evidentes que hay quien considera La cadena del frío como una especie de versión lírica de aquella obra narrativa. Parece que la redacción de ambas obras coincidió en el tiempo, pero el hecho de que la novela se publicara antes que La cadena del frío ha llevado a pensar que la aparición en los poemas de aspectos como criogenización y la distopía, o de temas como la culpa y la vergüenza, responden a una especie de “reciclaje” de materiales novelescos.

No obstante, el análisis de metadatos de sus archivos muestra claramente que, en realidad, muchos de los textos de La cadena del frío son anteriores a la novela. En realidad, algunas de las ideas presentes en Factbook nacieron en un poema, y luego tuvieron en la novela un desarrollo distinto que el género lírico no permitía.

En cualquier caso, el rastreo de fechas con el objetivo de otorgar la idea de “originalidad” como valor añadido, bien a la novela, bien al poemario, aportaría poco a la comprensión de la escritura Sánchez Aguilar. Otro de sus amigos más cercanos opina:

“Él escribía por obsesiones, por temas e ideas o por imágenes, y por eso hay tanta comunicación entre su poesía y su narrativa. A veces una imagen le obsesionaba, consideraba que en ella se resumía o condensaba una cantidad importante de significados y, al mismo tiempo, un misterio.

Por eso, daba vueltas en torno a ella, tratando de comprender todo lo que esa imagen podía significar pero intentando mantener ese enigma que era el que, paradójicamente, la hacía significativa: esas vueltas, esas tentativas alrededor de la imagen, conformaban el libro, como ocurre en La cadena del frío con la lluvia, la nieve y el hielo, y la imagen de lo líquido adquiriendo otras formas, otros nombres, otras esencias”.

Diego Sánchez Aguilar, escritor

Lo que está claro, y lo he podido comprobar como representante de su obra, es que Sánchez Aguilar nunca ha escrito poesía lírica confesional o biográfica. No es solo que su obra narrativa siempre descartara la tendencia imperante de la autoficción, sino que también su obra lírica recurrió siempre a la creación de personajes y mundos ficticios.

Según su amigo, esto tiene que ver con esa concepción “obsesiva” de la escritura, entendida más como búsqueda y tanteo que como exposición y desarrollo literario de una idea previa:

“Todos sus libros de poesía han recurrido siempre a un personaje protagonista al que hacía habitar un mundo creado exclusivamente para dicho libro, con una serie de elementos cuyo significado se iba definiendo a lo largo del mismo, como si cada poema fuera una tentativa para entender o ahondar en esa idea o imagen original que lo empujó a la escritura.

Yo veo una influencia de la deconstrucción, en su método. Recuerdo que tuvimos muchas charlas sobre Derrida y sobre Heidegger, y creo que, para él, asumir que el “yo” de un poema debía entenderse como su voz y su biografía, o que la “nieve” o la “lluvia” nombrados en un poema son términos ya establecidos, de significado universal definido, cerrado, y compartido por todos, siempre le pareció muy difícil de aceptar.

Por eso, en sus libros, siempre hay un personaje que cuestiona su propia identidad y que está perdido en un mundo que se va definiendo y ampliando en cada poema: es un proceso de deconstrucción, por el cual la identidad y el mundo se destruyen; y también de construcción, pero a partir de los escombros, dejando ver siempre esa ruina y ese abismo que subyace”.

Espero que estos apuntes y estos testimonios sirvan de ayuda para quienes estén interesados en La cadena del frío, o en cualquier otra publicación de mi representado.
 

Sobre el autor
(Cartagena, 1974) es Doctor en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura. En 2018 publicó su primera novela «Factbook. El libro de los hechos» (Candaya). En 2016 obtuvo el Premio Setenil de relatos con «Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino». Como poeta ha publicado «La cadena del frío» (2020) , «Las célebres órdenes de la noche» (2016) y «Diario de las bestias blancas» (Premio de Poesía Dionisia García, 2008). También es autor de la edición crítica de la obra de Roberto Juarroz «Poesía vertical» de Cátedra.
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