Begoña Méndez: “En el diario íntimo cabe la confesión y la autobiografía, el aforismo y la poesía, el balbuceo y la reflexión profunda”

«Heridas abiertas», Begoña Méndez, Editorial WunderKammer, 2020

 
Entrevistamos a Begoña Méndez (Palma, 1976) a propósito de Heridas abiertas (Ed. WunderKammer, 2020), un ensayo sui géneris sobre los diarios íntimos de diez mujeres relacionadas con las letras de distintos periodos y tradiciones como son Teresa de Jesús, Soledad Acosta, Zenobia Camprubí, Teresa Wilms Montt, Lily Íñiguez, Marga Gil Roësset, Idea Vilariño, Susan Sontag, Alejandra Pizarnik y Mariana Eva Perez. El libro pone énfasis en la rebelión artística, en los destierros interiores de las autoras, su malestar y marginalidad. Méndez ha publicado anteriormente Una flor sin pupila y la mujer de nieve (Sloper, 2019).

Tu ensayo Heridas abiertas se centra en diez autoras que escribieron diarios íntimos. ¿Cómo configuraste el corpus de estudio?

El corpus responde a mi propia trayectoria como lectora de diarios, algo que no deja de ser puro azar. Supongo que el origen está en un trabajo de final de máster en el que investigué los vínculos entre la poesía primera de Idea Vilariño y su Diario de juventud.

Alejandra Pizarnik, 1936-72

Con la misma idea de establecer conexiones entre obra poética y escritura íntima, me acerqué al diario de Alejandra Pizarnik. Fueron, sobre todo ellas dos, quienes me engancharon a la literatura de la intimidad. Me impresionó el modo en que sus escrituras me apelaban, cómo al decir sus vidas, de algún modo también me decían a mí. Me conmocionaron sus poéticas sangrantes y crudas, sus desnudeces.

Entonces, me puse a rebuscar por Internet y la casualidad hizo que me acercara a autoras que no conocía, como Soledad Acosta y Lily Íñiguez, que sintiera curiosidad por leer los diarios de Marga Gil, de quien conocía su trágica historia, o que me apeteciera descubrir de qué modo registraba su intimidad una pensadora tan potente como Susan Sontag.

A pesar de la diversidad, las autoras objeto del ensayo comparten la voluntad de transformar el desgarro identitario y el dolor de las heridas íntimas en discursos literarios y escrituras poéticas capaces de salirse de sí y apelar a los lectores.

Desde la introducción adviertes que has elegido a autoras que se sitúan en la periferia, aunque algunas son muy consagradas (Pizarnik, Vilariño o Sontag). ¿Por qué consideras que la mirada de estas escritoras es periférica?

Las autoras asumen una posición literaria periférica a partir del momento en que deciden cultivar un género caracterizado por su condición marginal dentro del canon. Y creo que forma parte de la periferia por las dificultades y las vacilaciones que se producen al tratar de encontrar consenso en su descripción genérica. En el diario íntimo cabe la confesión y la autobiografía, el aforismo y la poesía, el balbuceo y la reflexión profunda, entre muchos otros discursos.

Susan Sontag, 1933-2004

A su naturaleza híbrida y de intersección de fronteras literarias hay que añadir, en el caso de los diarios de mujeres, una sistemática feminización de lo íntimo o, lo que es lo mismo, un menosprecio por la expresión literaria de la intimidad, como si fuera prerrogativa de las mujeres, cosa que en absoluto es así.

De hecho, el diario íntimo se popularizó con autores varones como Amiel y solo en su proceso de feminización perdió prestigio. No en vano, los hombres que escriben diarios hablan de “diarios de escritor”, en un claro esfuerzo por desvincularse de lo íntimo. Pero luego lees los cuadernos de hombre y las preocupaciones son exactamente las mismas: el cuerpo, los afectos, las agresiones del mundo, la identidad frágil, pero también la posición que como individuo se ocupa en el espacio público.

Llama la atención que algunas de las escritoras seleccionadas desarrollan la escritura de su diario durante la adolescencia y otras, sin embargo, la prolongan hasta una edad más avanzada…

La moda de los diarios de señoritas como herramienta de control de las adolescentes por parte de alguna figura de autoridad que podía ser la madre, el padre e incluso el esposo, se inicia en el siglo XIX y es evidente que esta costumbre burguesa está en la raíz de los diarios de Soledad Acosta, de Lily Íñiguez, de Zenobia Camprubí y de Idea Vilariño.

Sin embargo, no todas dejaron la escritura íntima. Idea Vilariño no dejó de escribir en su diario hasta que murió, con más de ochenta años. De igual modo ocurrió con Alejandra Pizarnik, que murió en la treintena. Y luego está el caso de Mariana Eva Perez, que empezó a escribir su diario en formato blog alrededor del 2009, con más de treinta años.

Soledad Acosta, 1833-1913

En fin, quiero decir con estos ejemplos que en absoluto la expresión de la intimidad es un capricho adolescente. Muy al contrario, y como digo en el ensayo, se trata de una escritura de alto riesgo, por cuanto que supone abismarse en los monstruos interiores y rasgar las certezas que nos sostienen.

Solo una de las autoras, precisamente, Mariana Eva Perez, es contemporánea. ¿Crees que hoy en día existen todavía ciertos prejuicios en relación con el diario íntimo escrito por una mujer?

Como he apuntado antes, en el libro explico de qué modo el diario íntimo se convirtió en un género literario feminizado y, por tanto, menospreciado como “literatura auténtica”, pero también muestro de qué modo las escritoras, a lo largo de la historia, han sabido convertir los confinamientos, en lo íntimo y privado, en herramientas de subversión y de conquista del espacio público.

Este es el caso de Mariana Eva Perez. Ella toma su dolor de hija de asesinados durante el régimen de Videla, así como la necesidad de recuperar su identidad destrozada, y los convierte en espacios conflictivos de reflexión política. Es admirable el modo en que vincula su desgarro íntimo con la memoria histórica. Diario de una princesa montonera (2012) muestra de qué modo la intimidad es una grieta, un espacio abierto que comunica interior y exterior, una escritura en la que se imbrican de un modo indisoluble identidad y experiencia de mundo, vida y literatura.

Me interesaba que en el ensayo estuviera Mariana Eva Perez porque creo que sí, que muchas veces se sigue pensando en el diario íntimo como en una escritura de nenas y sin vocación literaria.

Mariana Eva Perez, 2012

El título del libro es bastante poético y gráfico a la vez. Pone de manifiesto la relación que trazas entre la escritura y el cuerpo. ¿Escribir(se) es herirse? ¿Cómo se escribe el cuerpo?

Escribirse no es solo herirse, pero también es herirse. Creo que implica, sobre todo, no dejar que las llagas cicatricen.

En los diarios íntimos se produce una escritura paradójica. Las autoras buscan la reconstrucción de sí, pero para ello deben hurgar en su interior. Así, la búsqueda de la sanación exige, a su vez, una penetración constante en el dolor. Pizarnik lo explica mejor, ella escribe en sus diarios: “Hay cicatrices que se rebelan para volver a su condición primera: heridas. Y su frenesí no se conforma tampoco con retroceder un ciclo: quieren el acto nuevamente”.

En las poéticas de la intimidad, cuerpo y literatura establecen vínculos en un doble sentido: las heridas se dicen con palabras, pero ese mismo lenguaje tiene el poder de rasgar la carne o de reabrir antiguas marcas. Esto es así porque en la intimidad, las autoras escriben para tratar de comprender de qué modo habitan el mundo, pero también para entender cómo la experiencia vital se les encarna.

En este sentido, el Libro de la Vida constituye un ejemplo feliz de escritura del cuerpo. En él, santa Teresa de Jesús explica su experiencia íntima con dios a través de su carne, una carne exaltada por el fuego y el placer de su encuentro con dios.

Para escribir el cuerpo hay que asumirse como existencia vulnerable y atreverse a ser honesta e impúdica. Es decir, hay que tener la voluntad de transformar la experiencia de la carne en un discurso literario, aun a riesgo de autolesionarse.

Teresa de Jesús, 1515-1582

Las autoras del libro empiezan sus diarios por motivos diferentes, a veces alentadas por otros, a veces como un ejercicio literario, pero siempre conscientes de la mirada del otro por llegar. ¿Cómo se narra la intimidad desde esta premisa del otro?

Desde el momento en que alguien decide convertir el lenguaje escrito en una herramienta de indagación acerca de sí mismo está asumiendo la concurrencia de un posible lector. Incluso en los más secretos, lo que tenemos es un cuaderno en el que un autor deja su vida, o por lo menos parte de ella.

En el registro de una vida, y aunque postergado, está siempre la presencia de algún otro que completará, sin agotarlo, el ciclo de lo literario. Este es el caso de los diarios de Pizarnik, Sontag o Vilariño. Pero no siempre el lector es una entidad abstracta y futura. En Heridas abiertas, muchas autoras escriben para destinatarios conocidos: santa Teresa, para sus confesores; Soledad Acosta, para su marido; Zenobia Camprubí, para su madre; Marga Gil lo hace para Juan Ramón Jiménez.

Escribir desde la premisa del otro otorga un sentido final a los diarios íntimos, pues la identidad es un conjunto de prácticas y de procesos que ponemos en marcha para ser reconocidos por los otros.

La construcción de estas identidades pasa por varias fases en las que se encuentran, se alejan de sí mismas… ¿Es una suerte de lucha conocerse?

No diría una lucha, pero sí un juego de encuentros y desencuentros, una alternancia de tensiones y distensiones, de caricias y de desgarrones, y de ahí la piel que se abre en forma de herida.

Marga Gil Roësset, 1908-1932

La identidad es una cosa muy precaria, un proceso que no termina nunca, una performance de lenguaje y de cuerpo que, como decía hace un instante, ejecutamos para ser valorados y reconocidos por los otros.

Volviendo a la posición del lector de un diario íntimo, ¿qué opinas de que a menudo se le considere también un voyeur?

No estoy tan segura de que la vocación voyeur mueva a los lectores de diarios íntimos. Sí pienso que poder asistir a fragmentos de vida de otros tiene algo de espectáculo y eso, claro, nos convierte en observadores. Sin embargo, y lo digo no solo por mi propia experiencia, sino también por conversaciones que he mantenido con otras aficionadas a los cuadernos íntimos, me parece que la pulsión primera tiene que ver con la necesidad de buscarse en la experiencia de los otros, de establecer una comunicación íntima con la vida de los otros.

Los lectores de diarios nos sentimos dichos en los monstruos de los otros, nos reflejamos en ellos y nos sentimos menos solos. Miramos, pero no somos mirones. En Heridas abiertas hay un momento en que digo que leer un diario “implica la ocupación de una zona espiritual ajena” y que por eso “es esencial hacerlo amorosamente”.

El voyeur es cotilla, el lector de diarios se siente vulnerable y busca encontrar un interlocutor para compartir y comprender mejor esa fragilidad.

En el epílogo escribes: “La feminidad es ser siempre en alguien, de alguien, para alguien” y “esta es mi vocación […] construir el nosotras.”¿Existe una feminidad per se? ¿La intimidad es un espacio todavía por conquistar entre todas?

Begoña Méndez, escritora

La feminidad tal y como nos la han contado es un molde muy estrecho en el que nuestra cultura patriarcal ha intentado hacernos caber, y de ahí mi afirmación. La feminidad de la cultura patriarcal no es sino un grillete más en los tobillos de las mujeres, una fórmula sencilla y eficaz de sometimiento. Por eso en cuanto se ceden un poco sus moldes para convertirla en una herramienta de emancipación o de intervención política, pasa a ser escandalosa.

No creo que exista una feminidad per se, sino solo en el seno de una ideología machista que construye sistemas binarios de poder y opresión. Por eso cuando en el epílogo hablo de constituir el nosotras lo hago desde la vocación de celebrar las divergencias. Es decir todo lo que no hay de mí en las otras mujeres. Todo lo que me descoloca, lo que me saca de la pesadez del yo.

Me gusta la idea del nos-otras, de lo otro extraño que nos habita y que impide la fosilización de las identidades anonadadas en sí mismas.

Volviendo a Mariana Eva Perez, ella propone una escritura hacia afuera y pone el acento en el desplazamiento del diario íntimo a la esfera del blog, y las redes sociales, como lugar en el cual significarse. ¿Cómo se complementa el diario íntimo con el éxtimo? ¿Necesitamos más que nunca a la colectividad, a la masa, para configurar nuestra identidad?

Me parece que lo íntimo y lo éxtimo son una misma realidad observada desde dos lugares distintos. La intimidad se observa desde el afuera: se trata de la interioridad de los otros a la que tenemos a veces acceso privilegiado. La extimidad, por el contrario, se ve desde el adentro: se trata de la necesidad del mundo exterior para poder constituir el yo.

Begoña Méndez, 2019

Si asumimos que la identidad es un espacio relacional y de diálogo, lo colectivo emerge, precisamente, de ese nos-otros del que hablaba hace un momento. Las redes han servido para amplificar y hacernos más explícitos estos vínculos entre identidad y sociedad. Tal vez para añadir inmediatez.

Lo cierto es que en estos días de confinamiento estoy haciéndome más selfies que nunca y creo que tiene que ver con la necesidad de ser vista por los otros, de asegurar mi presencia en el mundo. Una autofoto puede ser banal, pero también puede esconder una falta, un miedo. Pues bien, a mí me da pavor desaparecer del mundo. Todavía no ha llegado mi hora.

Unos meses antes de Heridas abiertas publicaste Una flor sin pupila y la mujer de nieve. ¿Cómo nació su escritura? ¿Es tu propio diario íntimo?

Una flor sin pupilas fue en primer lugar un amontonamiento de collages que hice compulsivamente y sin apenas conciencia en una época muy convulsa de mi vida. Usaba revistas viejas y combinaba imágenes y texto, que componía casi como si fueran poemas dadá. Mi marido y mi editor fueron quienes me empujaron a revisar aquel material mucho tiempo después.

De algún modo, como dices, me di cuenta de que esas composiciones, de alguien que no tiene ninguna formación artística, estaban contando la historia de mi identidad perturbada por unos hechos que ya pasaron y que son irrelevantes aquí. Completé los collages con un texto que es algo así como un monólogo alucinado o una retahíla de imágenes poéticas a las que de ningún modo me atrevo a llamar poesía.

La cuestión es que de algún modo sí se trata de mi diario íntimo. Un amigo dijo que le parecía una piel de serpiente y tengo que reconocer que es la descripción más exacta de cómo siento yo ese precioso libro.
 

Sobre el autor
(Salon de Provence, 1986). Aunque nacida en Francia, España es, sin lugar a dudas, su país de adopción. De hecho, se especializó en literatura española y, concretamente, cursa un doctorado sobre dramaturgia contemporánea. Es co-directora de la Revista de Investigación Teatral Anagnórisis. Y, a pesar de la crisis, también co-dirige la Editorial Anagnórisis, sello digital especializado en teatro y estudios humanísticos.
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