Óscar Martínez: “Uno de los grandes ‘logros’ estadounidenses es que el sur se persiga a sí mismo”

Fotografía de Ruido Photo para «En el camino» y «Los migrantes que no importan»

 
Cada año unos 500.000 migrantes centroamericanos en su huida a EE.UU. atraviesan México, donde están expuestos a secuestros, violaciones y asesinatos con extrema crueldad a manos de narcotraficantes, coludidos con autoridades locales. El periodista de Elfaro.net Óscar Martínez (San Salvador, 1983) recorrió las principales rutas de la migración durante tres años. Fruto de esa experiencia escribió una serie de crónicas recogidas en Los migrantes que no importan (Pepitas de calabaza). En diálogo con Pliego Suelto, Martínez explica el porqué del éxodo, de la injerencia político-militar estadounidense en la región, del surgimiento de las maras, de los Estados fallidos y la corrupción. Además, nos habla del periodismo de denuncia, de los peligros del cronista y de sus nuevos proyectos.

[Leer un fragmento de Los migrantes que no importan]

¿Con qué peligros y amenazas te has encontrado durante tus reportajes en México?

Han habido muchas dificultades. Desde lugares de los que tuvimos que salir huyendo hasta intentos de secuestro, pero era lo previsible y no fueron, ni de lejos, las condiciones que nuestras fuentes enfrentaban al mismo tiempo.

Pepitas de Calabaza

¿Cuál fue la clave para que ahora sigamos aquí y contemos todo esto? El tiempo y los recursos. El Faro entendió la envergadura de la faena y nos dio tiempo (3 años) y recursos para hacer incursiones prolongadas (en ocasiones hasta de dos meses).

Tiempo para entender, tiempo para construir fuentes, tiempo para diseñar estrategias para entrar a territorio dominado por el crimen organizado, tiempo para pensar, tiempo para escribir.

Cuando el periodismo se entiende como periodismo y no como pizzería, que en media hora se debe hacer y entregar, surgen cosas maravillosas.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con el equipo de RUIDO Photo (Barcelona) en la serie de crónicas “En el camino” de Elfaro.net, que después se convirtió en el libro Los migrantes que no importan?

“Los ruidos” son amigos y maestros míos. No solo compartí con ellos tres años en México, para hacer Los migrantes que no importan y el libro de fotografías En el camino (Editorial Blume, 2010), sino que también trabajé con ellos tres años más en Centroamérica en la sección Sala Negra, de cobertura de violencia.

Son fotógrafos éticos, dedicados, pacientes. Entienden que su trabajo es intelectual, algo que tantos ya olvidaron por las circunstancias a las que son expuestos por sus medios.

Los de RUIDO Photo creen que el periodismo cambia cosas, pero saben que muy pocas veces de la forma en que quisiéramos. Sin ellos, la cobertura de México, no hubiera ocurrido y mi libro no existiría.

Editorial Blume

En los reportajes sobre migrantes centroamericanos que recoges en Los migrantes que no importan estos han cambiado el verbo “migrar” por “huir”. Para introducirnos en el tema: ¿Por qué huyen?

Un porcentaje huye de la muerte, sin cortapisa. Otro grupo grande huye de las condiciones de violencia que les rodean. Es decir, puede que nadie les haya dicho que mañana les matarán, pero criar hijos en esos lugares es una desdicha y vivir bajo esas reglas, un sinvivir.

Huyen de una de las regiones más homicidas del planeta Tierra. Para ponerlo en números, si de algo sirve: los tres países del norte centroamericano (El Salvador, Guatemala y Honduras) que aportan más del 90% de la migración indocumentada que cruza México han estado en el top 5 de los más homicidas del mundo desde inicios de este siglo. Ha habido años, por ejemplo el 2015 en El Salvador, donde las cifras de homicidios han sido estrafalarias.

Naciones Unidas establece que si un país tiene una tasa de más de 10 por cada 100.000, ese país tiene una epidemia. La tasa de homicidios de 2015 en mi país, El Salvador, fue de 103.

Guerras nunca resueltas del todo, políticos corruptos, policía corrupta, sistemas de justicia obsoletos, pandillas… La gente huye de Estados que, en sus colonias de clase obrera, son Estados fallidos.

Noam Chomsky afirma que la política intervencionista de EE.UU. es responsable de la “miseria y los horrores” que obligan a millones a huir de Centroamérica. ¿Qué opinas de esta aseveración?

Óscar Martínez, 2013

Opino que es un ingrediente sin el que es imposible explicar el fracaso de estas naciones. Creo que el fenómeno más concreto al respecto tiene que ver con la creación de las pandillas, que ahora mismo son los grupos criminales que más homicidios cometen en la región entera y que directamente generan más migración.

Lo resumiré de una manera apresurada en el caso de El Salvador: hubo una guerra, una guerra sangrienta de 12 años. Esa guerra fue apoyada desde el principio por Estados Unidos, alentado por su miedo al comunismo y al triunfo en Nicaragua del sandinismo. Esa guerra empezó con un Ejército asesino. Asesinaron a Monseñor Romero (ahora santo católico) el primer año de guerra declarada (1980), y fueron militares. Asesinaron, el segundo año de esa guerra, a cerca de 1,000 personas en la masacre del Mozote, la más numerosa de la que América Latina (que no es un pedazo manso de mundo) tenga memoria.

O sea, Estados Unidos financió desde el inicio a un Ejército asesino. Mucha gente huyó. Buscaron, como es obvio, refugiarse en Estados Unidos porque había dólares y porque había alguna red de apoyo de migrantes previos. Se fueron, principalmente, a California. Allá no encontraron ni un apoyo de ese país que financió la guerra en El Salvador. Encontraron, los más jóvenes, un ecosistema salvaje de pandillas callejeras, y se adaptaron para sobrevivir. Ahí nace la Mara Salvatrucha 13.

Cuando a finales de los 80, Estados Unidos detecta que esa pandilla es un problema, deporta a cerca de 4.000 miembros a países que buscaban terminar una guerra. Fue una inyección letal. No había instituciones ni tiempo para los niños retornados y los huérfanos de la guerra.

Un año con la Mara Salvatrucha 13

Esos 4.000, solo en El Salvador, son 62.000 ahora mismo. Somos un país de 7 millones de habitantes. De ese tamaño es que la injerencia estadounidense ha sido un cáncer si hablamos de procesos de violencia en la región. Por hacer un resumen apresurado.

¿Cuál es el nivel de responsabilidad de las autoridades mexicanas y los cárteles de la droga en atracos, secuestros, violaciones masivas y asesinatos, cuyas víctimas son migrantes centroamericanos de tránsito por México y que buscaban llegar a EE.UU.?

El gran problema, desgraciadamente, es que esa distinción que hacés no es tan obvia: crimen organizado y autoridad, en los pueblos por los que transitan los migrantes, suelen ser lo mismo.

Hay una historia que, a manera de cuento terrible, resume muy bien esa situación que es sistemática y expandida en todo el territorio mexicano. Hubo una vez un secuestro masivo en un municipio llamado Coatzacoalcos, en el Estado de Veracruz. Lo típico, un cuarto maloliente lleno de migrantes en tránsito que habían sido capturados por Los Zetas, y por los cuales esa banda criminal pedía rescates exprés de entre 500 y 5.000 dólares. Uno logró escapar. Era solidario, no huyó, sino que fue a la policía municipal y denunció que atrás quedaban más. La policía, rápidamente lo subió a un coche, le pidió que dijera dónde estaba la casa y lo entregó de vuelta a Los Zetas.

El libro abre un debate: ¿cómo pueden morir violentamente miles de migrantes en México? ¿Por qué tanto nivel de impunidad y silencio de la sociedad mexicana ante estos crímenes de lesa humanidad?

Creo que es una expresión más del cinismo del mundo en el que vivimos.

Óscar Martínez, periodista

Los migrantes son víctimas perfectas: no votan, no son activo político de nadie, no denuncian (porque entienden que las autoridades son el enemigo, con lo cual no son el desgaste político de nadie), hacen un viaje discreto, por parajes alejados de las grandes capitales del poder: ejidos, pueblos, rancherías.

La gente, la masa de gente, suele indignarse de mayor o menor manera por lo que trasciende: la imagen de portada en un periódico, el secuestro del hijo de un famoso, el asesinato de una figura pública. Esa misma masa está muy acostumbrada a que le muestren, no a descubrir. Los migrantes viajan en las sombras, tras bambalinas, y a la masa le gusta el show.

México denuncia el trato inhumano de la Administración Trump con sus indocumentados, pero sus autoridades actúan como Trump con los centroamericanos: deportaciones masivas, redadas y violación de los derechos humanos. ¿Qué reflexión te sugiere esta paradoja?

Uno de los grandes logros estadounidenses es que el sur se persiga a sí mismo.

Mucha gente dice que es normal, que es realpolitik, que quien al sur del río Bravo se oponga a Estados Unidos en términos de seguridad o migración, sufrirá terribles consecuencias. Yo entiendo el riesgo, pero no compro del todo esa premisa.

México es un gran ejemplo. Hace lo que hace por detener a la migración centroamericana y agradar a Trump, pero Trump sigue agrandando el muro que los divide y tratando como mierda a sus migrantes en Estados Unidos. Uno ofrece, el otro escupe. Y esa relación ha sido así desde hace años, con México, con Centroamérica.

Der Spiegel 2017

Yo creo que el sur tiene más posibilidades de aliarse en estos temas comunes y construir una posición de más fuerza. Pero Estados Unidos, como en otras tantas cosas, nos ha convencido de que hacer eso es imposible.

La primera edición del libro salió en 2010 (Icaria, Barcelona) y después vino la de Sur+, de México (ese mismo año) hasta llegar a la versión ampliada de Pepitas (2018), incluyendo la edición en inglés: The Beast: Riding the Rails and Dodging Narcos on the Migrant Trail (Verso Books, 2013). ¿Cuál ha sido la recepción internacional?

Sí, la primera edición fue con Icaria, y fue una edición que pasó desapercibida. Si era difícil convencer a los mexicanos de que esta era una crisis humanitaria importante, ya no te digo a los españoles, con ese mar de por medio. Con Sur Plus se intentó que México asumiera ese libro, pero su distribución era muy limitada, y casi que había que viajar con libros en la maleta.

Cuando en 2013 salió en inglés, gracias a mis ahora traductores John Washington y Daniela Ugaz, quienes lo vieron y creyeron que tenía que llegar a las editoriales estadounidenses, todo cambió. Vinieron las reseñas de medios como el New York Times y el libro tuvo otra vida.

Este 2020, cuando el libro cumple 10 años de haber salido por primera vez, sacaré una edición conmemorativa con el sello Debate, de Random House.

En Elfaro.net se hace un periodismo independiente de investigación y denuncia y conectado con la ciudadanía. Incluso ahora tiene una alianza con El País a través de la serie Frontera Sur. ¿Podrías hablarnos de esta plataforma y qué funciones desempeñas en ella?

Elfaro.net y Sur+, 2010

El Faro es un medio fundado en 1998 por colegas que siguen aquí y a quienes admiro profundamente. Sin exagerar, sin grandilocuencia, es lo que es, y El Faro es periodismo puro. O sea, si nos equivocamos no fue por intereses de otro tipo, sino porque nos equivocamos. Si acertamos es con el método periodístico. Si peleamos es con argumentos periodísticos. Y toda decisión, acertada o no, es para hacer más periodismo.

Empezó como un grupo de periodistas muy jóvenes, adolescentes casi, como reporteros. La mayoría continúan aquí más de 20 años después, y siguen tan entusiasmados como cuando se reunían en una pequeña oficina. Una de las primeras, un cuarto muy pequeño al lado de una centralita de taxis.

Yo me incorporé de lleno en 2007, como encargado del proyecto de migración. Luego, en 2010, me hice cargo del proyecto Sala Negra, Y ahora soy el jefe de investigaciones especiales.

¿Qué significa para ti ser parte del equipo (El FaroUnivisión) que ganó el Premio Internacional Rey de España 2019, en la categoría de Periodismo Digital, por la serie audiovisual “De migrantes a refugiados: el nuevo drama centroamericano”?

Una alegría.

Finalmente, ¿en qué otros proyectos periodísticos y de comunicación audiovisual te encuentras trabajando?

Mi cargo en el periódico implica una dedicación completa, e intensa.

Sin embargo, a fuego lento, muy lento, cocino mi siguiente libro: un ensayo largo sobre la violencia que llevo viendo desde hace 13 años. Una reflexión sobre la relación de ese abismo con el periodismo y la sociedad que no la sufre directamente. Todo a través de un caso terrible, el asesinato de tres de mis fuentes que ocurrió en 2018.

Gracias.
 

Sobre el autor
Textólogo. Lic. en Filología Hispánica (Universitat de Barcelona) y en Periodismo (U. de San Martín, Lima). Trabajó en Expreso y Frecuencia Latina TV (Perú) y colaboró con El Universal y W Radio (Colombia). Reside en Barcelona y ha sido articulista de Mundo Hispano y Tribuna Latina. Sus temas: política internacional, inmigración, literatura, rock y culturas juveniles. Desde 2009 es editor-coordinador de PS. Actualmente realiza el Máster de Experto en ELE.
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