Mario Campaña: “La izquierda debe desmarcarse de la propaganda y desarrollar la noción misma de cultura democrática”

Fragmento cubierta «Una sociedad de señores: dominación moral y democracia»

 
Mario Campaña (Guayaquil, Ecuador, 1959), escritor, poeta y crítico literario, nos habla de su último libro: Una sociedad de señores: dominación moral y democracia (Jus, 2017), donde analiza y explica con claridad el modus operandi de las élites aristocráticas que controlan el poder en Occidente. Campaña es autor también de otros títulos: Pájaro de nunca volver (Candaya, 2017), Linaje de malditos. De Sade a Leopoldo María Panero (Paso de Barca, 2014) y Baudelaire, juego de triunfos (Debate, 2006), entre otros. Además, dirige la revista de cultura latinoamericana Guaraguao con sede en Barcelona.

En tu libro apuntas que la crisis ha revelado la pervivencia de las élites aristocráticas, cuando el imaginario colectivo las daba por extinguidas. Controlan el poder político, económico e ideológico, y han consolidado su hegemonía por medio del neoliberalismo. ¿Qué entiendes por el concepto de sociedades de señores?

Las sociedades de señores son la mayoría de las democracias occidentales. En estas, la igualdad tiene un sentido formal y muy limitado, y generalmente es admitida solo “de boquilla” y “ante la ley”, con lo que declaramos que somos iguales, en el sentido de que nos juzgan los mismos jueces y con las mismas leyes, pero de ninguna manera aceptamos que unos y otros tenemos la misma dignidad y el mismo valor moral.

Mario Campaña

¿O en estas democracias se piensa que el presidente de un banco o de la Real Academia Española de la Lengua tiene la misma dignidad humana que un trabajador de limpieza o un desempleado? ¿O que un ciudadano español de origen magrebí o ecuatoriano puede ser presidente del gobierno de España o de Catalunya?

En nuestro comportamiento moral actúan resortes antidemocráticos, los razonamientos típicos de las sociedades señoriales, las del llamado Antiguo Régimen, que creíamos superado, pero que en esta dimensión moral aún está presente. Una sociedad de señores es pues aquella en que todo esto ocurre.

El libro analiza la “superioridad moral” que ejercen las élites a través de “principios” aristocráticos de dominación (linaje, lujo, privilegios, ostentación y competitividad). ¿Cómo encajan en el quehacer socio-político y cultural del siglo XXI?

Con habilidad, con astucia, los señores intentan siempre disimular su esquema de dominación moral, basada en la noción de “superioridad, para que el sistema de valores que los proclama como superiores sea visto como natural. En las últimas décadas del siglo XXI su estrategia ha sido la utilización de un vocabulario que imita al de la democracia y deja indemne esos valores, confunde a todos y propicia un sistema axiológico en que todos los gatos son pardos.

Baudelaire, 2006

Así es como hoy los señores se proclaman demócratas, incluyentes y tolerantes, y hasta apelan a la diversidad… Incluso un hijo expósito del Señor, aquel que apalea a un inmigrante negro o sudamericano o a un refugiado sirio, por ejemplo, se declara no racista. E incluso cierta burguesía conservadora llega a llamarse anticapitalista y hasta revolucionaria.

El vocabulario pseudodemocrático posmoderno sirve a los señores como escudo o disfraz para perennizar estructuras de dominación moral que vienen del pasado…Trump y el movimiento libertario de Estados Unidos, usando un discurso antisistema. Un político conservador como Rafael Correa, fungiendo de revolucionario. O dirigentes de la CUP de Catalunya, cobrando dividendos del sistema de inversiones del capitalismo que dicen combatir.

La cultura del Señor tiene siempre una apariencia elevada. Y muchas caras, muchas máscaras, que consiguen que, en definitiva, “los otros” sigan siendo lo que siempre han sido en ese esquema perverso: una subhumanidad, gente con dignidad y valor humano inferior.

La aristocracia grecolatina tenía el poder absoluto en la Antigüedad, después aparecen dos contrapoderes: la iglesia y la burguesía. ¿De qué manera dejan de cuestionar el status quo esclavista y feudal, y pasan a reforzar las estructuras modeladas por los aristos griegos y los nobili romanos?

El matrimonio Arnolfini, 1434

Son casos muy diferentes. Por una parte, la iglesia católica abandonó muy pronto, en el primer siglo de su existencia, su mensaje crítico original, para convertirse en el más útil socio y cómplice de los señores, de los nobles, primero, y de los burgueses, después. Ya está establecida la época y las formas en que los ricos entran masivamente a la iglesia antigua y se acentúa la transformación de la doctrina crítica de Jesús.

Por otra parte, los grandes comerciantes, industriales e inversores, primero se sometieron a la aristocracia, después pactaron con ella, para adoptar su sistema de valores y, por tanto, su autoridad moral, y finalmente se rebelaron contra ella, ya entre los siglos XVIII y XX. Hoy la burguesía gobierna sola y hace uso del sistema de valores aristocrático únicamente para legitimar las jerarquías, su institucionalidad y su violencia estructural.

Aparte de eso, el gran capital prescinde ya de todo valor moral. De ahí la gran degeneración que vivimos hoy.

¿Consideras que estos “valores señoriales” también se trasladan a las redes de corrupción política, mafias internacionales e incluso pandillas transnacionales, como las maras? ¿El caso Pujol es un ejemplo paradigmático?

Dudo de que la burguesía haya creído alguna vez en los principios religiosos (cristianos) y morales (aristocráticos) que adoptó en sus orígenes. Adam Smith creyó que la burguesía estaba condenada a la moralidad, pues su negocio le exigía esa moralidad. Pobre hombre. Puede que llegara a creerlo de veras.

J. Reixac y J.M. Novoa, 2003

Hoy está claro que, en la práctica, la burguesía ha abandonado todo principio moral, aunque siga utilizando los valores de antes en sus discursos, como una gran sobre-estructura que cubre a todos. Sus verdaderos paradigmas son la rentabilidad y el lucro, nada más. En eso basan realmente su señorío.

De ahí la participación de políticos y líderes articulados de maneras veladas a la burguesía en tramas corruptas, organizaciones mafiosas y pandillas transnacionales. El caso de Jordi Pujol se entiende en este marco. Recordemos que él es un sobreviviente del caso “Banca Catalana”

Antes de la crisis, la Transición española era considera un pacto social modélico en el ámbito internacional. ¿De qué manera crees que los señores (partidarios y aliados del franquismo) se beneficiaron de este proceso?

Tengo la impresión de que a causa del nefasto pasado inmediato, la Transición sí emprendió un proceso democratizador de la cultura, especialmente en la esfera privada, en el mundo de la vida, en las relaciones interpersonales… Con todo, esa transformación fue insuficiente, pues dejó intacta la noción de diferencia moral de los ciudadanos, y consecuentemente de superioridad y dominación moral entre ellos. Claro que todo era un reflejo de las distancias materiales, sociales, educativas y patrimoniales en la sociedad española…

La crisis ha desgarrado algunas máscaras e hizo ver que en verdad los pobres no habían sido tenidos muy en cuenta en ese pacto, y que su dignidad nunca fue considerada igual a la de los señores. No hay que olvidar la indignación de los comerciantes ante las protestas del 15M.

Cristina Fernández de Kirchner

¿Qué características tienen las élites criollas de Hispanoamérica y “los nuevos poderes” del siglo XXI (Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Ortega en Nicaragua, el apro-fujimorismo en Perú) frente a las oligarquías occidentales?

En América Latina la dominación tiene también un componente étnico. Las élites suelen tener ascendencia europea o medio-oriental. Allí, aproximadamente el 10 por ciento de la población es blanca y suele integrar el grupo de los poderosos. El acceso más o menos reciente de los mestizos, e incluso de los indígenas, a las posiciones de gobierno es un fenómeno que se limita a lo político, y sus causas habría que considerarlas separadamente.

Cultural y económicamente, las élites tradicionales padecen de una incapacidad estructural para elaborar y articular proyectos inclusivos. Son una especie de subproducto histórico de las oligarquías europeas y estadounidenses, a las que imitan y admiran, mientras construyen con más violencia que nadie su propio poder local. A esas élites tradicionales, los “nuevos poderes”, los del “socialismo del siglo XXI”, portadores también de la cultura señorial, no han impuesto límites significativos. La así llamada izquierda latinoamericana (la izquierda política) generalmente es ciega ante esta dimensión de la dominación social.

¿Cómo encaja el narco(tráfico) en los “valores señoriales” de América Latina, teniendo en cuenta su poder económico y el uso de la violencia extrema, sus rituales y sus presuntas alianzas con los gobiernos, que da origen al término narco-estado?

Fabio Castillo, 1987

Es sabido que en la mafia del narcotráfico imperan, exacerbados, valores típicos de la ideología señorial, como el honor, la fama, el linaje, el clientelismo, la acumulación de riqueza y la jerarquización en base a ‘méritos’. Es lógico que así sea: siendo una parte sensible del entramado del poder, y al fin y al cabo naciendo de éste, ¿cómo habría de ser inmune a una ideología, la señorial, que ha sostenido ese poder en el mundo occidental desde tiempos muy antiguos?

Parece que la mafia y los narcos ejecutan los negocios dudosos de grandes potentados y sus grupos. La mafia y el narco serían, así, digamos, la cara oculta de ciertos sectores de las clases dirigentes, con los que al fin y al cabo comparten criterios de valor social y humano. Hay información bastante fiable sobre la circulación de ingentes cantidades de dinero probablemente procedente del narco en las bolsas de Wall Street.

De otro lado, en el imaginario colectivo se percibe que la revolución tecnológica es “un gran avance democratizador”. Pero, Ignacio Ramonet afirma en El imperio de la vigilancia (2016) que cinco megaempresas dominan toda la red: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. ¿Cuál es tu reflexión?

Llamar “avance democrático” a la revolución tecnológica es como atribuir naturaleza democrática a las calles, avenidas y autopistas. La democracia no es un asunto numérico, sino de derechos y de igualación moral y material. La tecnología desarrollada por Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft, etc. es mero instrumento de grandes negocios. Ahora bien, la tecnología permite que esos negocios sean tan excepcionalmente masivos (y no hay que confundir lo masivo con lo democrático) que podría fastidiar a los señores.

Mario Campaña, 2017

Por eso, un señor como Umberto Eco se quejaba de que las redes sociales daban la palabra a los  imbéciles. Es una queja contra los empresarios que lo “vulgarizan” todo, que atentan contra la exclusividad y la distinción de los señores. Todo ello, por supuesto, es contrario a la democracia.

Planteas 6 condiciones para alumbrar una nueva cultura democrática frente a la idea de “superioridad moral” de las élites. ¿Cuáles son y qué tendría que pasar para que sea desmontada la sociedad de señores?

Creo que hemos de exigir más democracia. Es decir, completar la democracia de las instituciones que tenemos ahora con la cultura democrática que no tenemos. El caballo de batalla ha de ser, pues, según me parece, la misma democracia. En ese esfuerzo por ampliar la democracia, hemos de procurar una asimilación vasta y profunda de una noción de humanidad que equipare la dignidad y el valor moral de todas las criaturas humanas, sea cual sea su condición u origen. Y es estratégico también el fomento de una cultura de lo pequeño y un vínculo con lo popular.

Lamentablemente, la izquierda carece ahora mismo de este enfoque, que pone, como uno de sus centros, a las relaciones culturales. Creo que la izquierda debe desmarcarse del estado de propaganda en que vivimos y reconocer como una de las prioridades la edificación de nuevos argumentos: elaborar y desarrollar la noción misma de cultura democrática.

Además de Una sociedad de señores también está en las librerías otra obra tuya, el poemario Pájaro de nunca volver (Candaya, 2017), que expresa las meditaciones sobre el viaje y la existencia colectiva e individual en estos tiempos. ¿Cómo ha sido la recepción de tu nueva obra poética?

Candaya, 2017

La recepción de la poesía difiere mucho de la recepción de la narrativa y del ensayo, que puede ser inmediata, pues esos géneros apelan a facultades intelectuales y sensoriales, al entendimiento y la imaginación, a cierto tipo de  placer. La poesía, en cambio, actúa sobre el ser entero del lector. Por eso, es el más potente discurso social, si bien es el menos visible. Aunque la editorial que edita Pájaro de nunca volver tiene un bien ganado prestigio, ni yo ni mi libro estamos insertos en los grandes circuitos de la poesía española.

De todos modos, puedo decir que las primeras reacciones han sido muy estimulantes para mí, especialmente en presentaciones como las de Zaragoza y Valencia, y en las interpretaciones de lectores muy cualificados como Antonio Méndez Rubio, de Valencia, y Ernesto García López, de Madrid. Este publicó un artículo titulado “Sin respuesta aquí en los limites” que fija la lente en la noción de límite (en relación al viaje, sí, de la especie y de los pueblos), que es central en Pájaro de nunca volver.

Finalmente, ¿los proyectos venideros de Mario Campaña apuntan más al ensayo o a la poesía?

Yo no soy un historiador ni un sociólogo, sino un escritor que entiende que, como cualquier ciudadano, tiene deberes con su comunidad, con la resolución de los problemas comunes. Fue esa noción de deber la que me llevó a escribir Una sociedad de señores. Dominación moral y democracia.

Ahora me siento apremiado por volver a una palabra más propia, a la poesía y la narración (he escrito también la novela Bajo la línea de flotación, Sevilla, Point de Lunettes, 2015; Bogotá, Ladrones del tiempo, 2017). Creo que el pensamiento crítico, como todo pensamiento, necesita también de la pureza de la poesía, y que esta se fortalece con las formas regeneradoras del pensamiento crítico.
 

Sobre el autor
Textólogo. Lic. en Filología Hispánica (Universitat de Barcelona) y en Periodismo (U. de San Martín, Lima). Trabajó en Expreso y Frecuencia Latina TV (Perú) y colaboró con El Universal y W Radio (Colombia). Reside en Barcelona y ha sido articulista de Mundo Hispano y Tribuna Latina. Sus temas: política internacional, inmigración, literatura, rock y culturas juveniles. Desde 2009 es editor-coordinador de PS. Actualmente realiza el Máster de Experto en ELE.
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