Reseñas desde el futuro: el nuevo homo economicus y el negro tridimensional en el cine espacial de Anatolin Korparov

 
Título del filme: Lentes rotas (Rozbyti Linzy)
Año: 2035
País: Ucrania del Este
Director: Anatolin Korparov
Reparto: Vladimir Tendriov, Anna Kapuchenka y Klaus Parchov.
Género: Drama espacial/cine experimental/película de culto

Sinopsis: Lev Davidovich Reprov acaba de doctorarse en astronáutica orbital en la Universidad Tecnológica de Kiev. Sin embargo, a pesar de su evidente falta de experiencia, la Agencia Espacial Europea lo elige entre quinientos candidatos para salir al espacio y reparar las lentes averiadas del telescopio Hubble. Con el problema añadido de que Reprov es ciego y sordo, el novato astronauta tendrá que lidiar con el helado vacío interestelar, las piezas desprendidas del Hubble que orbitan la Tierra a 300 km/h y una explosión de masa coronaria del Sol que lo quemará vivo si no se escuda de la subsiguiente tormenta electromagnética en un lugar seguro.

El cine ucraniano ha sido siempre muy dado a la experimentación. Desde los tiempos del director de origen polaco Tymushenko –el ideólogo de los planos intracorporales, que muestran las reacciones fisiológicas de los protagonistas ante cualquier situación del film, dotándolo así de cierto realismo biológico– las posibilidades narrativas atribuidas a las dos ucranias no han hecho más que aumentar.

Cometa Halley

El último gran ejemplo de este siglo XXI es aquel rompedor movimiento cinematográfico de los años 20 llamado Cine simétrico, que consistía en que todos los personajes de una película hablaran en palíndromos1 y en el que, a partir de la mitad del metraje, el film se rebobinara hasta los créditos iniciales, dando lugar a «una perfecta simetría, heredera directa de la filosofía de los pitagóricos y Platón»2. Películas como Mope epoM, Litak katiL y Khaos soahK fueron un éxito tanto de público como de crítica e influyeron profundamente en el cine europeo de la década.

Se podría decir que el largometraje que nos ocupa –Rozbyti Linzy, o sea, Lentes rotas (2035)– es, al menos en cierto modo, heredero del Cine simétrico. El hecho de que sea la primera película ciega, muda e íntegramente filmada en primera persona de la historia así lo requiere. Se trata, entonces, de una película cuyo metraje consiste en un encuadre negro de principio a fin. Noventa minutos de simetría pura. Sin sonidos, música o cualquier efecto audiovisual impostado que convertiría esta experiencia natural en un desconcertante trucaje de estilo hollywoodiense. El único artificio que se permite, si acaso, es el alquiler de gafas 3D en la entrada del cine, pues la negrura del film es tridimensional.

Daniel Defoe, 1719

Basada en el best-seller del mismo título de Tymoshik Opruev, escrito íntegramente en código binario encriptado, argumentalmente no dista mucho de lo que sería un Robinson Crusoe espacial, y el hombre que se intuye en el film se ajustaría a una versión actualizada del homo economicus propuesto por Daniel Defoe en su clásico moderno. Sin embargo, tanto el protagonista como el escenario de Lentes rotas sugieren ciertos cambios cualitativos en el individuo arquetípico y el medio social y natural en la actual fase del capitalismo.

Por ejemplo, en lo referente al medio, si en Robinson Crusoe (1719) el aislamiento del personaje ocurre en un escenario vivo –en el que se puede cultivar, cazar y pescar– en Lentes Rotas la naturaleza de la exosfera es hostil con cualquier ser biológico. Aparte del traje espacial y la escafandra, no hay nada a centenares de quilómetros de distancia que no sea letal para Reprov.

Incluso en la novela The Martian (Andy Weir, 2011), una versión relativamente reciente del mito robinsoniano, el medio del que dispone el protagonista, el suelo marciano, es apto para cultivar patatas. Sin embargo, volviendo al film que nos ocupa, no se puede labrar el Hubble o el espacio interestelar. Tampoco es que se vea al personaje intentarlo, pero resulta evidente que sería una pérdida de tiempo. En definitiva, al Robinson contemporáneo ya no le queda nada aprovechable en la naturaleza para sobrevivir.

The Martian, 2011

Interpreto también de la película de Korparov que este nuevo homo economicus sabe cómo reparar un sofisticado telescopio espacial y conoce a la perfección la mecánica orbital, pero a la vez ignora –porque le quedan muy abajo, a seiscientos quilómetros de allí– asuntos más mundanos. Que Reprov padezca sordera y sea invidente no es casualidad. Por una parte, señalaría el triunfo de la opacidad social y natural a la que el filósofo alemán Max Weber hace referencia cuando describe el conocimiento que las sociedades contemporáneas tienen de sí mismas: el individuo del presente no entiende en qué mundo vive, al contrario de lo que sucedía con el de las comunidades primitivas.

Por otra parte, encarnaría también la radicalización de la mónada leibniziana: Reprov no posee ni puertas ni ventanas que den al exterior, ni siquiera resquicios por donde pueda colarse algo de luz, hasta el punto de que le es imposible seguir las instrucciones técnicas que le deben estar comunicando desde la Agencia Espacial Europea.

Gottfried Leibniz, 1714

Sin embargo, y respecto al desenlace del filme, ¿qué le ocurre al final a nuestro protagonista? Según un estudio probabilístico del criptógrafo Aleksei Korntuchev, especialista en la novela encriptada que inspira la película, hay mil setecientos posibles desenlaces, tanto en el libro como en su adaptación cinematográfica.

Entre ellos destacan tres: 1) que nuestro héroe vuelve a casa sano y salvo, 2) que la tormenta electromagnética lo abrasa y, por último, 3) que la escotilla de la nave explota y la descompresión provoca que el astronauta acabe eternamente a la deriva3.

La multiplicidad de alternativas ocasionó cierta confusión en las salas donde Lentes rotas se proyectó: algunos espectadores, creyendo que Reprov hacía mohínes graciosos a los operarios de la ESA mientras la cápsula que lo llevaba a la Tierra atravesaba la atmósfera, prorrumpieron en carcajadas; otros, imaginando que la escotilla se deflagraba y nuestro astronauta perecía, sollozaban y hacían sonar sus pañuelos; el resto chistó e hizo callar a los demás.

Yo no supe cómo interpretar el final. Sin embargo, he leído que en breve estará a la venta la versión del director, en la cual, según cuenta la productora, habrá media hora de metraje añadido. Espero verlo pronto y que me saque de dudas.

 


1 Palíndromo: Palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda.
2 Lumoschik, Dmitry, El arte eslavo, trad. Miguel Costar, Madrid, Ed. Aldemari, p. 349
3 Korntuchev, Aleksei, Decodificando a Opruev, trad. Marino Gracia, Madrid, Ed. Aldemari, p. 45

 

Sobre el autor
Devoto de Dios y su Triple Personalidad, participó en las cruzadas como cheerleader oficial del Vaticano, dirigiendo coreografías que combinaban música dance, linchamientos reales a herejes y barbitúricos. Joven y casto, está senil.
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