Pilar Adón: “Me interesa explorar las relaciones de poder que se establecen entre los seres humanos”

Fotografía: Lisbeth Salas

 
Pilar Adón (Madrid, 1971), escritora, poeta y especialista en Derecho Medioambiental, vuelve a la novela después de doce años con Las efímeras (Galaxia Gutenberg, 2015). Un libro donde retrata el universo femenino y la complejidad de las relaciones humanas y cuyo escenario es una recreación de La Ruche, la escuela libertaria francesa, laica y autogestionada de principios del siglo XX. Es también autora de las novelas Las hijas de Sara (Alianza Editorial, 2003) y El hombre de espaldas (Ed. Ópera Prima, 1999), los libros de relatos El mes más cruel (Editorial Impedimenta, 2010) y Viajes inocentes (Páginas de Espuma, 2005), así como del poemario Mente animal (La Bella Varsovia, 2014).

Descargar extracto de Las Efímeras en pdf

¿Cuál fue el germen de Las efímeras?

La historia nació de mi anterior novela, Las hijas de Sara, que a su vez es una consecuencia de El hombre de espaldas. Está muy vinculada a todo lo que he escrito siempre: hay un tópico que dice que los escritores acabamos siempre escribiendo la misma historia, pero con distintas ambientaciones. Creo que en mi caso es así.

El otro día leí una crítica en un blog que venía a decir que Las efímeras es una versión mejorada de Las hijas… Creo que nos pasa a muchos narradores, cuando estás acabando una novela, ya piensas en la siguiente.

Mis temas son siempre personas que se aíslan, que huyen, que viven en espacios muy protegidos porque tienen miedo de algo.

La semilla de esta historia surgió de donde surgen todas mis historias, de ese afán por conjurar el miedo, los deseos de protección, la huida… y siempre hablando de personajes femeninos: vuelven a ser dos hermanas, como en Las hijas de Sara. Además, en El mes más cruel hay dos amigas y una mujer que viven aisladas. Son las historias que me atraen.

La venganza es uno de los temas principales de Las efímeras

La venganza, como casi todas las pasiones que quería plasmar en esta novela (la ira y la sensación de culpa), está muy vinculada a la religión, al judaísmo, al cristianismo, algo que nos han enseñado, que cargamos y que es difícil quitarnos de encima. Algo que nos pesa, que nos lastra, es casi físico.

Cuando tienes la sensación de que las culpas te han sido impuestas y te están destrozando la existencia, yo creo que es inevitable el sentimiento de venganza. No todo el mundo llega a ese descubrimiento, y si lo hacemos, no todos a la misma edad.

Escuela La Ruche (1904-1917)

En Las efímeras, los personajes llevan un peso encima. Anita el peso de dirigir La Ruche; Denis el peso de sus antepasados y lo que hicieron (su bisabuelo destrozó la utopía); también las hermanas Oliver cargan con la sensación de estar ahí plantadas, no salen, ya sea por miedo o por tradición. Al final, todos ellos terminan con un comportamiento de ira y de venganza.

Entre todos los personajes se establecen unas relaciones tiránicas, pese a que parecen estar en un lugar perfecto, ¿qué aspectos te interesan de esta tendencia a la tiranía que se da en las relaciones humanas?

Yo quería explorar las relaciones de poder, de dependencia, de dominación que se establecen entre los seres humanos, y que me interesan muchísimo.

En Las efímeras hablamos de un espacio muy cerrado, aunque en la comunidad haya otros habitantes que no aparecen. Todo es muy visceral porque yo quiero poner el foco ahí. No tenemos más que ir a lo que se supone que es el núcleo de la sociedad, la familia, para darnos cuenta de que estas relaciones son muy pasionales y, pese a que en apariencia puedan parecer comunes, en cuanto arañamos un poco nos damos cuenta de que casi siempre hay tiranía. Me interesa, sobre todo, explorar los vínculos entre los padres y los hijos, aunque en esta novela me he centrado en dos hermanas.

La Ruche parece un entorno utópico y, sin embargo, es salvaje, oscuro, peligroso. ¿Cómo determina a sus habitantes?

R.W. Emerson, 1836

Es un entorno que puede parecer idílico. Muchas veces creemos que la naturaleza es el jardín que hay en una ciudad. La naturaleza de la que yo quería hablar en Las efímeras es una naturaleza muy primigenia, fuera de control, e influye absolutamente en el comportamiento de los personajes porque es un personaje más. Se trata de una naturaleza original, no está ahí al servicio del ser humano.

Recuerdo haber leído a Ralph Waldo Emerson (1803-1882), el escritor y filósofo trascendentalista estadounidense, que decía que la naturaleza está ahí para que el ser humano la contemplara. Desde mi punto de vista, es un error, la naturaleza no está ahí para nada. No es un fin. No está para complacernos ni para satisfacernos.

La naturaleza de mi novela preexiste al ser humano, es ajena a él, y los individuos que pululan por ella solo intentan sobrevivir. Por otro lado, la historia nos ha demostrado que para sobrevivir destruimos. Al respecto, uno de los personajes de Las efímeras dice que el ser humano es la única especie que destruye conscientemente el entorno en el que vive.

¿Crees que de alguna forma la civilización tiende a constreñir nuestra parte animal?

Creo que sí. Y no solo en la ciudad, sino en cualquier comunidad establecida. En cuanto entra el famoso pacto social de ceder parte de nuestra libertad y de nuestros derechos para establecer normas cívicas, lo primero que se intenta dominar son los instintos primarios, que pueden ser los más dañinos: la ira, el deseo de destrucción, etc. Muchas veces, cuando pedimos ayuda y no se nos da, inmediatamente atribuimos mala fe. Eso produce ira, indefensión, la necesidad de venganza de la que antes hablábamos.

No es que defienda ese instinto animal, pero no podemos olvidarnos de esa parte de nosotros que también existe. De eso también hablo en mi novela a través de la historia del bisabuelo de Denis y los fundadores de La Ruche.

La vida instrucciones…, 1978

En tu opinión, ¿es posible que el ser humano viva sin normas?

Yo estudié Derecho y siempre me ha llamado mucho la atención ver las normas escritas, cómo están redactados los códigos, la historia que tienen, cómo suenan. Y me gustan mucho las enumeraciones, soy muy de Perec. Por eso decidí establecer unos principios reguladores de la comunidad de La Ruche muy abstractos.

En toda sociedad se dan unos mandamientos, y me parece muy curioso pensar por qué esos y no otros; cómo las costumbres asientan unos principios y no otros; por qué los elegimos dependiendo de las culturas… Algo común en una cultura, en otra nos puede parecer una aberración, y cuando desde esta cultura se alza la voz para denunciar esa aberración se responde: «Es que es nuestra cultura».

Y es curioso, porque no dejamos de ser seres humanos que comparten unos instintos primarios. Pero nuestras culturas nos hacen chocar, a la vez que sirven para regularnos a nosotros mismos. Yo creo que el principio básico es el respeto a la vida humana, y a partir de ahí se va regulando todo.

La novela está llena de silencios. ¿De dónde viene Tom? ¿Qué ha pasado con los padres de las hermanas Oliver? ¿Dónde se queda lo que no has contado?

Está la famosa teoría del iceberg: solo cuentas lo de arriba, pero conoces todo el hielo que queda debajo. Eso creo que les pasa a todos los escritores, o debería.

Ernest Hemingway, creador de la Teoría del Iceberg

Tengo montones de apuntes a lo largo de los años que he ido escribiendo la novela, que tiene una estructura bastante compleja en cuanto a procesos temporales y también espaciales: la situación de La Ruche, las casas de los habitantes. Hay personajes que no salen pero existen, porque se habla de ellos, y yo tenía que saberlo todo: qué función cumplían y qué les pasó. Tom, por ejemplo, es el elemento externo que viene a distorsionar la paz de la comunidad.

Cuando yo ponía el foco en un personaje me interesaba contar unas partes y no otras. Decidí no incluir muchas cosas que había escrito, porque no quería recargar la historia de información, perder el foco y no quería saturar al lector de información. De los padres de las Oliver necesitamos saber que eran profesores… y que desaparecieron. No quería hablar más de ellos. De la vida pasada de Tom igual, tan solo doy algunas pinceladas.

Esos silencios son importantes para mí como escritora, pero también para los lectores. A mí como lectora no me gusta que me lo den todo. Así me puedo imaginar qué pasó. Mientras que el pacto ficcional se mantenga de principio al final es suficiente.

Se trata fundamentalmente de una novela de personajes. ¿Cómo fue la construcción de cada uno?

Ha sido un periodo muy largo de elaboración de Las efímeras, pero desde un primer momento estaban esos personajes: las dos hermanas, Anita, un elemento externo que fue Tom y luego el personaje seductor, Denis. Este personaje también serviría como foco al que acudir para otro de los personajes. Es como esa sensación que a veces tenemos de que siempre hay alguien a quien podremos acudir como una tabla de salvación. Está ahí y sabemos que podemos ir, otra cosa es que vayamos, y otra cosa es que cuando vayamos sea lo que habíamos imaginado, que es lo que le sucede a Violeta. Pero está ahí, y eso ayuda. Con saber que está ahí basta y eso es lo que yo quería con Denis. Más que un personaje era como una idea: la pequeña cabaña apartada me parecía muy interesante.

Sébastien Faure (1858-1942). Fundador de La Ruche

También hay figuras que estuvieron, pero luego no aparecen en Las efímeras u otros que ayudan a la trama como los fundadores de La Ruche. Los cinco personajes estuvieron desde el principio y evolucionaron con la novela, pero las características básicas las mantuvieron.

La tuya es una narrativa muy personal: estética, poética, cargada de insinuaciones… ¿Requiere a un lector más experimentado y atento?

Lo que voy a decir va a sonar pretencioso… pero creo que le pasa a casi todo el mundo: escribimos para el lector que somos nosotros mismos. Lo que a nosotros nos gustaría leer. La pregunta de «¿piensas en el lector cuando estás escribiendo?», pues si se trata de un lector como masa, yo no lo hago. Por otro lado, el lector que podría acudir a una presentación a una librería no es en el que pienso, porque creo que sería una responsabilidad enorme que me paralizaría.

Sin embargo, sí que pienso en mí. No sé si puede sonar ególatra. Pienso en la lectora que soy yo: me gusta fijarme, ir a la palabra exacta, sus significados, las imágenes implícitas, lo que me cuentan, lo que me esconde…

La respuesta podría ser sí, pienso en un lector que esté dispuesto a participar en la novela.
 

Sobre el autor
(Madrid, 1992) Graduada en Periodismo y Máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid. Su proyecto final consistió en un acercamiento a la teoría de los géneros literarios a través de la obra narrativa de Ray Bradbury. Ganadora del XV Certamen de Relato Corto de la Universidad de Navarra y del Concurso de Microteatro de Foro de Creadores. Con una novela entre manos. Autora del blog cultural www.litarco.blogspot.com y colaboradora de la revista Qué Leer
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